Una Academia para el siglo XXI

La ciudad de Málaga está inmersa en un profundo y exitoso cambio cultural que no puede hacerse de espaldas a la ciencia

FEDERICO SORIGUER
FEDERICO SORIGUERMédico y Miembro de número de la Academia Malagueña de Ciencias

La Academia Malagueña de Ciencias (AMC) fue fundada como Sociedad de Ciencias en el año 1872. Ha cumplido pues 145 años durante los cuales ha formado parte de la vida cultural, social y científica de la ciudad, contribuyendo a este proyecto de todos que es Málaga. La Academia nace en un momento en el que no había en Málaga Organismos Públicos de Investigación (OPIs) y cuando aún faltaban más de ochenta años para que tuviera una Universidad. En estos años, la AMC ha realizado innumerables informes, debates, publicaciones, conferencias, mesas redondas, sobre muy diferentes temas, muchos de ellos controvertidos y complejos, pero de gran importancia para la ciudad. Pero el mundo ha cambiado y Málaga con él, ¡y de qué manera¡ Es por esto que en el seno de la AMC hay en este momento un profundo y sincero debate sobre cuál debe ser su papel en la sociedad del siglo XXI.

Las primeras academias de ciencias fueron creadas en Europa en el siglo XVII y XVIII en momentos del auge de los descubrimientos científicos. Estas instituciones reunían a los investigadores más eminentes, desarrollando sesiones en las que los diferentes trabajos eran presentados oralmente, debatidos y luego publicados. Algunas academias también cumplían funciones de organización y de financiación de las investigaciones. A lo largo del siglo XX la investigación científica se convierte en una 'cuestión de Estado' apareciendo los grandes Organismo Públicos (y privados) de Investigación (OPIs) que en cierto modo liberaron a las academias de aquellas funciones. Es por esto que las academias se han estado reinventado a lo largo del pasado siglo, teniendo entre sus objetivos ser depositarias y administradoras de un gran legado histórico.

Es lo que ocurre en aquellos países en los que la ciencia es una parte fundamental de su acervo cultural. Es el caso de la 'Royal Society' de Londres hoy uno de los grandes centros culturales de la City, la Real Academia de las Ciencias de Suecia, que actúa como tribunal de algunos de los premios Nobel, la Leopoldina o Academia Alemana de las Ciencias Naturales, la más antigua academia de ciencias del mundo y cuya biblioteca contiene cerca de 300.000 volúmenes, o, en fin, la Academia de Ciencias de Francia, que forma parte del Instituto de Francia. Hay muchas otras, pero todas ellas suelen estar ubicadas en edificios históricos, que con su suntuosidad simbolizan el orgullo de esas ciudades y de esos países por su contribución al conocimiento universal. La Academia Malagueña de Ciencias tiene un gran patrimonio cultural en su pasado, en sus archivos y en su biblioteca. Es una obligación de los académicos actuales conservarlo, darlos a conocer y vivificarlo. Ese legado forma parte del patrimonio cultural de la ciudad. Es, como se dice hoy en la jerga un BIC (bien de interés cultural). Pero estamos en el siglo XXI y la AMC debe de redefinir sus funciones. Y en eso está. La Academia Malagueña de Ciencias tiene como uno de sus más importantes objetivos contribuir a la dinamización cultural de la ciudad.

Nuestro país y nuestra ciudad necesitan de personas y de instituciones independientes que sean capaces de colocar a la ciencia como parte de la gran cultura y, también, al mismo tiempo contribuir a que la ciencia se encarne en la cultura ciudadana. Sin cultura científica una sociedad no es culta. Y sin ciencia no se puede generar cultura científica. Es un círculo virtuoso que ya lo explicaba muy bien Don Santiago Ramón y Cajal cuando decía que la ciencia solo puede enseñarla el que investiga o ha investigado. ¡Y quien mejor para hacerlo que estos académicos que han sido designados en un riguroso proceso de selección por su contribución al conocimiento científico!.

La ciudad de Málaga está inmersa en un profundo y exitoso cambio cultural que no puede hacerse de espaldas a la ciencia. Una sociedad moderna necesita de la ciencia. Málaga tiene ya una estructura de organismos públicos de investigación potentes (UMA, IOE, IBIMA, CSIC, IATA, PTM, archivos y museos) la mayoría de ellos, salvo los museos, desconocidos para los malagueños. Tiene también una gran actividad divulgativa con instituciones y organizaciones como el Centro Principia, 'Encuentros con la ciencia', 'La noche de los investigadores', la propia AMC, 'Encuentros del Pimpi', 'Ciencias sin límites' o sociedades como la de Astronomía, por citar algunas de las más conocidas.

La Academia Malagueña de Ciencias (AMC) posee, además, una característica muy valiosa recogida en sus estatutos ya desde su fundación: su independencia. Este es su bien más preciado y lo que le da, junto al prestigio de sus académicos, autoridad a sus informes e iniciativas, que es algo de gran importancia para cualquier institución ya sea pública o privada. Estas y otras muchas son las cuestiones que conciernen en este momento a la AMC. Un viaje apasionante al que están convocados todos los académicos, los de números, los de merito, los correspondientes, los de honor. Y con ellos todos aquellos amigos de la AMC que sabemos que son muchos, pues conocedores de su historia la viven y la sienten como parte de la historia de la ciudad. Al fin y al cabo si la AMC no existiera habría que inventarla. Y eso es lo que la Academia quiere hacer. Reinventarse en el siglo XXI, sobre los cimientos de su viejo y prestigioso legado. Esta es la responsabilidad de los académicos actuales. La situación de la ciencia en España debe mejorar. El olvido de la ciencia en los últimos diez años (¡diez años ya¡) en los presupuestos generales del Estado está hipotecando el futuro de nuestro país. Afortunadamente siempre hubo personas e instituciones que mantuvieron encendida la llama sagrada de la ciencia esperando que algún día la situación de la ciencia en España se normalizara. La Academia Malagueña de Ciencias (AMC) quiere contribuir a mantener encendida esa llama.

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