¿Marbellí o marbellero?

Nikki Beach./
Nikki Beach.

El debate sobre el gentilicio sigue abierto en Marbella. El diccionario de la RAE solo reconoce el primero y no hace distinciones

HÉCTOR BARBOTTAMarbella

Una ciudad y, al menos, dos gentilicios. No son habituales los casos donde exista un debate abierto acerca de cómo debe llamarse a quienes han nacido o viven en un determinado lugar, e incluso que distingan con diferentes gentilicios a los naturales y a los implantados. Quizás deba adjudicarse a Marbella como una más de sus múltiples singularidades el hecho de que convivan dos gentilicios: marbellí y marbellero.

Los más antiguos del lugar aseguran que ya en los años cincuenta, y aún antes, era natural llamar marbelleros a quienes vivían en el entonces pueblo de 10.000 habitantes con pasado agrícola e industrial y que comenzaba, incipientemente, a abrirse al turismo. Y que no fue hasta la llegada en avalancha de nuevos residentes atraídos por la actividad que generaba el turismo y a la adopción de Marbella como propia por parte de múltiples colonias extranjeras cuando el término marbellí comenzó a implantarse con fuerza, desplazando al que los vecinos autóctonos consideraban como propio.

El debate sobre el gentilicio que le corresponde a la ciudad aún levanta pasiones y hay quien cree que no se trata de un asunto inocente. Por lo menos por parte de quienes se empeñan en mantener unas señas de identidad que se han ido desdibujando con el paso del tiempo y el crecimiento demográfico.

Distinciones y creencias

Aún existe la creencia extendida de que, a partir del relato anterior, lo correcto es llamar marbellíes a quienes viven en la ciudad pero no han nacido en ella y marbelleros a quienes llegaron a la vida dentro del término municipal. Pero hay quienes van más allá y atribuyen el derecho a considerarse marbelleros solamente a quienes descienden de lo que podrían llamarse los 10.000 originales que poblaban la ciudad antes de que las hordas turísticas la invadieran.

Sin embargo, para los más documentados estas no son más que bobadas. El desaparecido historiador Fernando Alcalá, nombrado Hijo Predilecto de la ciudad a título póstumo y autor de varias de las obras de referencia en la historia de la ciudad, atribuía esta diferenciación entre marbellero y marbellí a un artículo publicado en el diario ABC en el año 1958 por el periodista chileno Víctor de la Serna, quien al parecer habría hecho referencia a sus propias vivencias como turista en aquella época y a los testimonios recogidos entonces.

Sin embargo, el término marbellí es más antiguo de lo que se cree. En su obra Crónica de Marbella, Alcalá recuerda que el historiador malagueño Francisco Guillén Robles (1846-1926) ya denominaba marbellíes a los pobladores de la época musulmana, gentilicio que ha desplazado de los diccionarios a los tradicionales marbelleros (voz popular) y marbellense (voz culta), con los que los naturales de Marbella se han nombrado durante los últimos siglos.

Para el historiador Francisco Moreno, el debate entre marbellí y marbellero está superado, y más aún la distinción entre los autóctonos y los foráneos. En su opinión, el gentilicio correcto, aunque en desuso, es marbellense. De hecho, es así como Moreno ha denominado a su blog, donde propone debates sobre temas relativos a la historia de la ciudad.

Francisco Moyano, articulista y también apasionado de la historia de Marbella, recuerda que es marbellí el término que figura en los diccionarios clásicos de gentilicios, y que ya en la época musulmana era de esa manera como se denominaba a la uva que crecía en esta tierra. Sin embargo, recuerda que ya desde pequeño, en los años sesenta, escuchaba a su abuela referirse de esta manera a los vecinos de Marbella: Nosotros, los marbelleros.

Inasequible a las creencias populares, el diccionario de la Real Academia de la Lengua sólo reconoce un término, marbellí, que no hace distinción entre natural de Marbella o perteneciente o relativo a esa ciudad. Y en los últimos años es ése el término que se utiliza de forma ampliamente mayoritaria. Pero ello no parece suficiente para que muchos vecinos se avengan a abandonar el término con el que, según recuerdan, se vienen llamando a sí mismos desde que tienen uso de razón. Hay marbelleros que se resisten a dejar de serlo.