Joselito y Belmonte, duelo bajo el sol de Málaga

Joselito y Belmonte en el coche en que llegaron a La Malagueta para el mano a mano./
Joselito y Belmonte en el coche en que llegaron a La Malagueta para el mano a mano.

Los dos 'monstruos' del toreo protagonizaron su primer mano a mano como matadores en la capital con una corrida de Murube el 28 de febrero de 1915

Antonio M. Romero
ANTONIO M. ROMERO

En la historia de la tauromaquia, las figuras de Joselito y Juan Belmonte son pilares fundamentales. Los dos diestros sevillanos protagonizaron la que los historiadores han denominado la Edad de Oro del toreo en la segunda década del siglo XX. El primer mano a mano de ambos como matadores se celebró en La Malagueta la tarde del 28 de febrero de 1915 ante toros de Murube, donde cada uno cortó una oreja. Un festejo que, según las crónicas de la época, fue de más a menos y donde decepcionó el juego del ganado.

Con Martín Gómez como presidente y una buena entrada en unos tendidos expectantes por asistir al acontecimiento, hicieron el paseíllo el menor de los Gallo, ataviado con un terno perla y oro, y el Pasmo de Triana, luciendo un traje de luces nazareno y oro. En los corrales, enchiquerados, por orden de lidia: 'Doradito', 'Chirigota', 'Espirado', 'León', 'Garabito' y 'Chaparrito'.

Joselito el Gallo cortó la oreja en el primero de su lote. «Pronuncia el discurso de apertura de curso por verónicas y algunos párrafos son elocuentes de verdad», según narra en su crónica en 'El Popular' el crítico Don José. Tras recibir cuatro varas en el caballo y banderillear los subalternos Almendro y Blanquet, el diestro sevillano realizó una buena faena. «De esas que ha hecho célebre a la dinastía. Detallar es inútil porque ya saben mis lectores lo que el menor de los Gallo hace cuando se le viene a la muleta un mostachón de Utrera. Pases naturales, de rodilla y de lo mejor del repertorio. El Murube ante el que derrocha su arte se vuelve tonto y el diestro le toca los pitones y hace que nos chupemos el anular de gusto. Corona la faena con una media en su sitio y... recibo un telefonema de Sevilla, redacción del 'Fígaro': 'Desde aquí se ha sentido la ovación'», escribió Aflicciones en 'La Unión Mercantil'.

Al segundo de su lote, tercero del festejo, lo recibió con cuatro verónicas en la que los cronistas divergen: para Don José fueron «excelentes, que no hay que decir cómo son aplaudidas», mientras que para Aflicciones «veroniquea geométricamente, abriendo demasiado el compás y el público no se entusiasma». Joselito banderilleó a este toro, al que realizó «una faena de profesor, en la que destacan cuatro pases naturales, corriendo bien la mano y manejando al murube a su antojo. Hay también un buen pase con arrodillamiento, que satisface, naturalmente», recogió el crítico de 'El Popular' en las páginas del periódico. El menor de los Gallos no estuvo acertado con los aceros y escuchó una ovación.

En el quinto, «un choto», según las crónicas y que blandeó, Joselito no pudo destacar ni con el capote, donde apenas dejó una verónica, ni con la muleta donde abrevió. Entró a matar dejando un pinchazo hondo «echándose fuera sin ningún rubor. Descabella a la segunda». Silencio para el matador y pitos para el burel.

Juan Belmonte brilló a lo largo de toda la tarde, especialmente en el primero de su lote, a tenor de las crónicas. «El torero de Triana lo saluda con tres verónicas que nos dejan tarumbas y un farol que deja chica la iluminación de calle Larios. Tres verónicas más y el delirio de palmas. ¡Vaya un niño apretándose con la precalina!», contó Aflicciones. 'Chirigota' desmontó a los dos piqueros, Cárdenas y Catalino, y en quites destacó Joselito. Tras unos inicios en los que el toro salió suelto, el diestro trianero lo fijó en la muleta. «Renuncio a describir lo que hace el fenómeno metido entre los pitones porque no hay pluma que sepa hacerlo. El diestro hace cosas estupendas, las que le han elevado al primer puesto de la tauromaquia, y entre olés y aplausos ensordecedores atiza una corta un poquito ida y descabella. Otro parte de Sevilla. Este viene de Triana: la ovación ha hecho sonar las campanas. Oreja», escribió Aflicciones.

Al cuarto, Belmonte lo recibió con verónicas y un farol. 'León' recibió tres varas, matando a dos caballos, y banderillearon Posturas y Pilín. En la faena de muleta: «Belmonte comienza a tantear al torete, que anda descompuesto y guasonazo, y cuando ya se va haciendo con él, sobreviene una colada, y la intervención de Gómez Ortega menor (Joselito) lo arregla todo. Sigue el trianero consintiendo y desengañando al pájaro, para largar media honda, con travesía, más tela y un pinchazo arribita. Y una entera entrando el matador a matar y a dejar la estocá de la tarde», escribió Don José.

Condenado a banderillas de fuego

El último del festejo fue un toro huidizo en los capotes y que en los caballos sólo recibió «un refilonazo», por lo que fue condenado a banderillas de fuego. «El murubeño llegó a la hora final más manso si cabe, que puede que no quepa, y con ganas de molestar a cualquiera. Belmonte le pasa con precaución y aceptando ayudas del peonaje y acaba con 'Chaparrito', el bicho, el mal bicho, de las ocurrencias feroces, de una corta, un tanto delantera, y un mucho perpendicular, por mor del arqueo del remo propulsor», contó Don José. El diestro sevillano fue silenciado.

Así resumió la tarde Aflicciones en 'La Unión Mercantil': «La corrida no ha respondido al entusiasmo que había entre los aficionados, pues el ganado no estuvo a la altura del crédito que goza la ganadería de la viuda de Murube. Los bichos han sido pequeños por lo general, el quinto, una cabra, y el sexto, un buey. Por siete pesetas, el público tiene derecho a que se le den toros, no becerros, aunque la empresa no tenga culpa porque nos consta que los ha pagado como si fuera ganado de punta, un ganadero que estime en algo su fama no debe comprometerla con toros como los dos últimos. Joselito y Belmonte en los dos primeros toros estuvieron a la altura de su reputación, principalmente el segundo, que hizo una faena colosal en su primer toro. Los dos no deleitaron con su labor artística, estupenda, incomparable y si los demás toros hubiesen permitido desarrollar a los dos fenómenos su inteligencia, la corrida de ayer hubiera sido memorable en los fastos del toreo. En los dos últimos toros nada pudieron hacer y nos dejaron por esta causa un mal sabor de boca. Fue una verdadera lástima porque la corrida empezó en una forma que creímos no iba a tener igual en toda la temporada. Veremos si hoy los Miura nos dejan mejor impresión porque la corrida de ayer no ha pasado de los límites de una novillada con pretensiones».

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