El río de los grafitis

Los grafitis se suceden uno tras otro en el tramo del cauce junto a los hoteles del Perchel norte. /Migue Fernández
Los grafitis se suceden uno tras otro en el tramo del cauce junto a los hoteles del Perchel norte. / Migue Fernández

Cientos de pintadas copan la superficie de los muros que delimitan el encauzamiento delGuadalmedina a su paso por la ciudad

Jesús Hinojosa
JESÚS HINOJOSAMálaga

Apenas si queda un tramo de muro sin estar ocupado por algún grafiti en el encauzamiento del tramo urbano del Guadalmedina, que en los últimos años se ha convertido en el principal lienzo de la ciudad para los aficionados a esta práctica de plasmar singulares y no siempre comprensibles palabras y dibujos. Animados posiblemente por los concursos de grafitis convocados en los últimos años por la Fundación Ciedes, los grafiteros tienen en el cauce del río su particular galería al aire libre, marcando con ello la imagen de un Guadalmedina que aún aguarda el definitivo proyecto para mejorar su integración en el casco urbano, cuestión pendiente de la aprobación inicial de un plan especial por parte del Ayuntamiento.

Desde los muros que enmarcan las lenguas de agua que suben por el tramo entre el Centro de Arte Contemporáneo y el puente de Tetuán, hasta los que delimitan los matojos e incluso árboles que han vuelto a crecer en el lecho del río junto a Martiricos, casi no queda un metro cuadrado que no se haya visto tintado por los botes de pintura de los grafiteros, que únicamente respetan aquellas zonas en las que Ciedes ha escrito las normas básicas de uso del cauce: no usarlo si hay riesgo de lluvia, mantenerlo siempre limpio, no bajar los primeros miércoles de mes (día de desembalse de la presa del Limonero), y no instalar infraestructuras permanentes.

Arriba, detalle de las pintadas. Abajo, cristales rotos en el paseo con pérgolas y aspecto de las lenguas de agua que suben desde el CAC hasta el puente de Tetuán. : / Migue Fernández

Desde hace un tiempo, el Ayuntamiento se ocupa de que las fuentes vacías del tramo entre los puentes de la Esperanza y de la Aurora no acumulen basuras. No obstante, sus tuberías oxidadas y las numerosas roturas de cristales en la estructura del paseo con pérgolas que cubre el vial soterrado hacia la calle Cuarteles –actualmente en desuso por la obra del metro– ofrecen una pésima postal de Málaga.

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