Fomentar la afición por la tecnología

Jorge Ramírez y María Millán, del IES Jardines de Puerta Oscura, con sus robots danzarines. / SUR

Unos doscientos escolares llevan sus creaciones a la muestra de robótica de Principia y el PTA

Francisco Gutiérrez
FRANCISCO GUTIÉRREZ

Desde pequeños robots que bailan a juegos de pinball realizados por los estudiantes. La imaginación de los jóvenes no tiene límites, y crear afición a la tecnología es cuestión de que practiquen, trabajen y se diviertan. «Es muy motivador para ellos trabajar y ver los resultados de ese esfuerzo», señala José Carlos Clavijo, director del centro Principia, que junto con el PTA organiza esta muestra de los trabajos de estudiantes.

Casi doscientos escolares de distintos centros de la capital han llevado al Centro de Ciencia y Tecnología del PTA sus creaciones, para compartir con otros compañeros su afición y los resultados de su trabajo en las aulas. «Es también una forma de que los chicos y chicas salgan de las aulas y muestren sus trabajos, es interesante que compartan estas experiencias con otros jóvenes con sus mismas inquietudes», comenta Clavijo.

Se trata en su mayor parte de alumnos de Secundaria, que han presentado los trabajos que realizan en las clases de Tecnología o de Robótica. Otros, como los del IES Torre del Prado, dedican las horas del recreo a encerrarse en el laboratorio. «No somos muy de darle a la pelota; preferimos darle al 'coco'», dice en broma Alejandro Ruiz, alumno de cuarto de este centro. Con un Arduino nano han realizado el tradicional juego pong, el de la pelota que rebota. También trabajan con pequeños robots que siguen las líneas. Pero ellos han introducido una novedad, y han programado al robot para que se mueva en función de color de las líneas: gira a la derecha al llegar a la línea verde, sigue recto con la azul o gira a la izquierda con una línea de color rojo.

Arriba, los estudiantes del colegio Flor de Azahar, de Cártama Estación. Paula Palma y Elisabeth Ruiz, del María Victoria Atencia. Alejandro Ruiz, Luis Adolfo Ortigosa y Víctor Alfonso Pineda, del Torre del Prado. / SUR

Otto es el nombre del robot danzarín que han programado en el IES Jardines de Puerta Oscura. Jorge Ramírez y María Millán son alumnos de cuarto de la ESO. Han empleado placas de Arduino para programar los robots, cuya carcasa está fabricada por ellos mismos con una impresora digital. El robot danza, reproduce música y evita obstáculos. Jorge reconoce que cada día le gusta más la tecnología y no descarta estudiarla en el futuro. María asegura que se inclina por las ciencias.

Programar desde Primaria

Este año la muestra se ha abierto a alumnos de Primaria. «Es donde tenemos que incidir, entre los más pequeños, para que conozcan los que se puede hacer con la tecnología y le pierdan el miedo», asegura José Carlos Clavijo. El colegio Flor de Azahar de Cártama tiene apenas un año y medio y el equipo directivo está implicado en las nuevas tecnologías. Toda la plantilla está realizando los cursos de preparación de Google. Y los alumnos muestran con satisfacción y orgullo sus progresos en la programación. Utilizan tabletas y Lightbot, un videojuego educativo de introducción a la programación, muy intuitivo. El director, Aurelio Caballero, asegura que el centro ya imparte Robótica como actividad extraescolar, pero que desde el próximo curso la incorporarán como asignatura en Cultura Digital.

Carlos Rodríguez, Antonio Aguayo, Estefanía Morones, la profesora María Jesús Salcedo y Cristina Liñán, del IES Guadaljaire.
Carlos Rodríguez, Antonio Aguayo, Estefanía Morones, la profesora María Jesús Salcedo y Cristina Liñán, del IES Guadaljaire. / SUR

Alumnas del IES María Victoria Atencia han montado un clinostato, que es un dispositivo que utiliza la rotación para eliminar o reducir los efectos del impulso gravitacional en el crecimiento y desarrollo de la planta y también para estudiar los efectos de la microgravedad. Han llevado uno de rotación lenta y otro de rotación rápida. En unas placas con agar han puesto semillas y han comprobado el crecimiento de la planta en esta situación de gravedad reducida. Sin gravedad las plantas crecen de manera anárquica. Con gravedad reducida ya tienen un crecimiento normal. Un experimento que tiene mucha utilidad en los viajes espaciales, pues determina la posibilidad del crecimiento de las plantas en ambientes de escasa gravedad.

El IES Gibraljaire ha recurrido a un juego popular, el pinball o flipper, y los alumnos han preparado distintas versiones. María Jesús Salcedo, la profesora, señala que los jóvenes lo han trabajado todo, desde el diseño de las máquinas de juego a la fabricación de los distintos elementos y mecanismos.