Campillos, mucho más que un internado

Vista desde el patio del antiguo edificio del colegio San José de Campillos. /SUR
Vista desde el patio del antiguo edificio del colegio San José de Campillos. / SUR

El colegio San José lleva más de medio siglo siendo un referente en la educación dentro y fuera de la localidad

Fernando Torres
FERNANDO TORRES

«Si suspendes te mando a Campillos». Muchos malagueños de distintas generaciones habrán escuchado esa frase en época de exámenes (o recuperaciones). El colegio San José de Campillos, conocido a lo largo de las décadas como el Internado de Campillos o, simplemente, Campillos, ha sido sinónimo de castigo para unos, amenaza veraniega para otros, pero la realidad es que para quienes han estado allí supone un cambio de vida.

Así lo defiende la actual directora del centro, Lucía Romero, que cada día ve a jóvenes que no ven cubiertas sus necesidades en el sistema educativo moderno y necesitan la ayuda de los expertos. A principio de curso, los adolescentes llegan algo asustados, con sensación de castigo, «de cárcel», pero conforme pasan los días sienten que pueden mejorar, y que esa mejoría «se traslada a sus hogares, donde los problemas en los estudios suelen generar situaciones de tensión».

Así, estudiantes que en los centros convencionales son tachados de «pasotas, charlatanes, vagos o flojos» aprenden a concentrarse y a seguir una rutina de esfuerzo y dedicación a cada materia. «Este año hemos tenido un cien por cien de aprobados en selectividad», apunta orgullosa Romero. «Llegan con muchas carencias, pero se puede ir construyendo;cuando ven que se les abre la puerta de la universidad les cambia la forma de ver las cosas».

El método está basado en dividir el día en horas de clase, de estudio y de ocio, y en utilizar los fines de semana como un refuerzo positivo. «Los padres reciben un informe semanal y en función de si van bien o mal se pueden ir a casa o se deben quedar estudiando». Todo ello se combina con largas horas de conversación:«Nuestra principal herramienta es la palabra». Si durante el desayuno comprueban que un alumno se ha dejado la cama sin hacer, se habla, se razona, sin prisa pero sin pausa, hasta que se observan cambios. Actualmente hay unos 120 niños en régimen interno durante el curso, y otros 110 en verano.

Un lugar histórico

A principios de los cincuenta, los hermanos Macías García comenzaron a enseñar a jóvenes de familias adineradas en su propia casa. Cuando el proyecto avanzó, recuerda el secretario del centro y docente desde los setenta Antonio Bermudo, se creó una sociedad llamada Promasa (profesores Macías García SA), hasta que un grupo de docentes adquirió la empresa y gestiona el internado a día de hoy. En la época de máximo esplendor del San José, con más de 2.000 alumnos al año, «más de la mitad del pueblo» trabajaba entre sus paredes. El centro puso a Campillos en el mapa, y allí acudieron padres como Rocío Jurado, el cantautor Francisco, o Arévalo, además de alumnos como Bertín Osborne o Matías Prats.

 

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