Dani Rovira: «Sigo empeñado en ser un tío de barrio»

El malagueño Dani Rovira presentó ayer 'Taxi a Gibraltar', la película inaugural del Festival de Málaga. / Ñito Salas

Ha tenido «el valor» de parar un mes para coger con fuerzas la promoción de 'Taxi a Gibraltar'. Aún le cuesta la sobreexposición, pero estar en el festival de su tierra es «un sueño»

REGINA SOTORRÍO y PEDRO J. QUERO

Dani Rovira se ha tomado algo más de un mes de vacaciones para prepararse para días como este. La terraza del AC Málaga Palacio es un constante trasiego de cintas amarillas colgadas al cuello que acreditan que se trabaja por o para el Festival de Málaga. Y allí está él, a eso de las tres de la tarde, bajo un sol impropio de marzo atendiendo a entrevistas cronometradas al segundo. Sin pausa. «Si por lo menos pudiera comer algo...», comenta entre risas. Ha vivido esta situación en decenas de promociones de películas, pero nunca en el certamen malagueño. Lo visita por primera vez con 'Taxi a Gibraltar', de Alejo Flah, la película fuera de concurso que abre esta edición.

El encuentro con el festival se ha hecho de rogar. Y ahora que llega, confiesa en rueda de prensa que tanto cariño le da pudor...

–Sí, hay un puntito de que abruma tantísimas atenciones y tantísimo cariño, que se haya todo cuadrado para que se inaugure y se clausure con una película mía. Y el pudor puede ser de que todavía hay partes que me cuestan aceptar de todo esto, del mundo del cine, de la fama, de las alfombras rojas y demás. A lo mejor en una ciudad que no es la mía... pero aquí sí que da pudor que tu vecino que te ha visto pasear al perro con babuchas de repente esta noche te vea con esmoquin por la alfombra roja... ¡Ay, por favor! Pero muy agradecido. Esto es un sueño que ni estaba en la libreta de mis mejores sueños.

Con tantos años que lleva siendo el actor más popular de España, ¿aún no se ha curado de la fama?

–No es que no me haya curado, es que al final la cabra tira al monte. La fama no deja de ser una consecuencia de un trabajo y de una serie de acontecimientos. Pero yo sigo empeñándome en seguir siendo un tío de barrio, en no cambiar mis hábitos de vida, en seguir siendo esa persona discreta y, entre comillas, anónima que siempre he sido. Y cuesta mucho, no es fácil. Hay mecanismos que saltan y supongo que esas ganas de pasar un poquito desapercibido siempre las voy a tener, forman parte de mi ADN.

Ahora que está en Málaga, por ejemplo, ¿podrá tomarse unos espetos en un chiringuito?

–No porque soy una persona vegana (ríe). Los he comido, ¿eh?, me he comido muchos espetos. Pero desde hace ya un par de añitos, por cierta conciencia animal y ecológica, tomé la decisión de ir apartando un poquito el consumo de productos animales. Pero bueno, me comeré una pipirrana o una porra antequerana y un mollete.

¿Entiende la sensación de vivir como en una olla a presión, como le sucede a su personaje?

–Hay momentos. Por ejemplo, ahora vengo de vacaciones. He tenido el valor y los arrestos de bloquearme un mes y pico e irme de vacaciones porque sabía que la vuelta iba a ser dura. Pero sí, ha habido momentos de olla a presión, claro. En momentos muy puntuales en los que de repente por agenda se han solapado dos rodajes con el estreno de otra y una actuación en Badajoz. Y sí, hay mucha presión sobre todo porque hay mucha exposición. Es paradójico, el artista se tiene que nutrir de sus errores y fracasos para seguir aprendiendo pero cuando tu grado de exposición, la presión y las miradas son tantas... ¡hostia! cuesta mucho más admitir o aceptar que te puedes equivocar, que puedas hacer una película fallida o que en un teatro ese día no estás tan gracioso.

¿Pero le cuesta aceptar ese error a los demás o a uno mismo?

–A mí me cuesta. Cuando yo cometía un pequeño error o no estaba tan inspirado hace diez años en una sala de comedia pequeñita, el error al final es en un contexto en el que hay cien personas, 80, pero ahora... Imagínate, una gala de los Goya. Que no pasa nada y es muy fácil decir que no pasa nada, pero cuando eres tú el que está a este lado de la palestra y eres fruto de todas las miradas, te da mucho miedo equivocarte porque trasciende muchísmo más que una equivocación de otra persona.

«Da pudor que tu vecino que te ha visto pasear al perro con babuchas te vea con esmoquin por la alfombra roja»

Por eso ha toreado en rueda de prensa la pregunta de si es más de taxi o de VTC. Mejor no mojarse...

–Independientemente de que la peli tampoco va de eso, porque el personaje podría haber sido taxista o dueño de un pequeño estanco, uno aprende a decir 'qué necesidad hay de meterse en ciertos berengenales'. Parece como que la fama te obliga a que tienes que opinar absolutamente de todo y que tu opinión tenga que ser pública. Hay veces que no tengo una opinión formada sobre todo. Esta gente que tiene una opinión vehemente y maniqueísta sobre todo me maravilla. ¿Cómo puedes saber de todo y estar tan seguro? A veces esa opinión te la tienes que reservar para ti, para una conversación privada con tus amigos.

Hablaba de los Goya.Si fueran en Málaga, ¿los presentaría?

–¡Uy qué bonito en Málaga! Pero no lo sé. Por ahora haber presentado tres Goya en esta etapa ya sería suficiente. No descarto volverlos a presentar, pero me parecería más enriquecedor que fuera dentro de varios años, cuando yo ya peinara canas y fuera una persona de 60 años. ¿Por qué no?

«Esta gente que tiene una opinión vehemente y maniqueísta sobre todo me maravilla»

Le costaba contener su faceta cómica en el papel de León. ¿Ha sido en cierta forma un aprendizaje para usted?

–Sí, ha sido un aprendizaje. Es que hay dos actores que sus personajes no paran de decir paridas en el taxi y tú te tienes que callar. Es más la contención mía como Dani Rovira, que me encanta jugar a la broma. Pero los actores hacemos un trabajo de empatía constantemente cada vez que representamos a un personaje y no lo juzgas, y eso mola porque le intentas entender. Y la vida de León es muy jodida. Es un taxista que no llega a final de mes, que el sistema le está ahogando, que tiene una mujer a la que le suben el alquiler de la peluquería, van a tener un niño... Hay gente muy jodida y puedes llegar a entender que hagan locuras.Es una comedia pero tiene un trasfondo social.

Representa una realidad.Es la voz de muchas personas...

–Sí. Pasa como cuando dicen que la Iglesia va un poquito retrasada con respecto a la sociedad, pues igual. El ciudadano va un poquito más lento a como va el sistema, la tecnología, la inteligencia artificial... Es una carrera para poder seguir flotando porque el sistema cada vez es más complejo. Eso le pasa a León que es taxista, pero le pasa a un porcentaje muy alto de la sociedad.