Juan Marín, el hombre normal que ansía todo

Juan Marín (c), entre Albert Rivera (i) e Inés Arrimadas. /Efe
Juan Marín (c), entre Albert Rivera (i) e Inés Arrimadas. / Efe

Con 21 escaños y siendo tercera fuerza política, el líder de Ciudadanos no ha dudado en postularse como candidato a la presidencia de la Junta

CECILIA CUERDOSevilla

«¿Si una de Triana ha llegado a San Telmo, por qué no uno de Sanlúcar?». Con sencillez, estas palabras del líder de Ciudadanos en Andalucía, Juan Marín, resume a la perfección cómo durante una semana ha sido capaz de mantener su candidatura a la presidencia de la Junta de Andalucía tras quedar tercera fuerza en las pasadas elecciones andaluzas. Deportista innato, de esa época como entrenador de vóley femenino aprendió que las cosas, al menos, hay que intentarlas. «Si quieres algo, hazlo», es el consejo que recibió de su padre y que trata de inculcar a sus hijos. Pero siempre con calma.

Su ciclo político empezó en 2007. Antes de esa fecha, y siguiendo la recomendación de su padre, había tenido pequeños coqueteos, como cerrar la lista de Alianza Popular en su Sanlúcar natal o incluso estar en el Partido Andalucista. Pero no fue hasta hace once años que decidió tomar el toro por los cuernos e involucrarse de forma activa. Era presidente de la Asociación local de Comerciantes y la ciudad afrontaba una dura huelga de basuras, con restos por todas partes colapsando las calles y los negocios echando cuentas de las pérdidas. El detonante fue una simple pregunta de su mujer. «¿Y tú no piensas hacer nada?». Montó la agrupación Ciudadanos Independientes de Sanlúcar (CIS), que de cero logró tres ediles en el consistorio. Una cifra prudente pero que dieron para mucho tras pactar con el PSOE, poniendo fin a una larga mayoría del Partido Popular.

Esa jugada le permitió convertirse en teniente de alcalde de su pueblo durante nada menos que dos mandatos. Hasta que Ciudadanos, que empezaba su expansión fuera de Cataluña, se les acercó por aquello de la coincidencia nominal. En 2015 dio el paso definitivo para romper el bipartidismo imperante en la política regional, donde Izquierda Unida jugaba un papel subsidiario. Como ocurrió en Sanlúcar de Barrameda, de nuevo la épica: cuarta fuerza política de Andalucía con 9 diputados que permitieron al PSOE garantizar la investidura y Susana Díaz centrarse en sus aspiraciones nacionales con la tranquilidad que da un socio cómodo.

Esa entrega acabó poniendo a Marín en la picota de una formación donde muchos no dudaron en criticar una cierta «complacencia» con Díaz. De hecho, muchos afiliados se movieron para preparar una candidatura alternativa cuando llegara el momento. Incluso el líder nacional, Albert Rivera, no se atrevió a pronunciarse de forma explícita a favor de Marín, lo que animó las sospechas de que se preparaba el recambio. Sin embargo, los rumores de un inminente adelanto electoral cercenaron estas opciones, y la dirección nacional prefirió no abrir el partido en canal en puertas de unos comicios. Así que, tras unas primarias exprés de apenas una semana, Marín se impuso sin problemas a los otros 12 candidatos.

Marín /i) y Rivera tras conocer los resultados de las últimas elecciones en Andalucía.
Marín /i) y Rivera tras conocer los resultados de las últimas elecciones en Andalucía. / EFE

Sus rivales le echan en cara esa política «ecléctica» que abarca un amplio arco ideológico. Pero siguiendo su carácter templado, antes que ponerse a discutir sobre ese posible carácter «chaquetero», prefiere aplicarse a detallar la política útil que ha logrado, como la rebaja del IRPF; la práctica eliminación del Impuesto de Sucesiones o, especialmente, la dimisión de Manuel Chaves y José Antonio Griñán tras su implicación en el caso ERE como paso previo para desbloquear la investidura de Díaz. Le basta su cercanía, y su don innato como comerciante –no en vano heredó la relojería familiar al morir su padre- que se acrecientan en las distancias cortas, donde Marín verdaderamente se encuentra cómodo.

Al líder andaluz le gusta hablar, incluso contar chistes, algo que su equipo le pidió que controlara durante la campaña por si se podía malinterpretar y que trata de controlar con clases de oratoria. Afable y de buen carácter, cuesta mucho trabajo verlo enfadado, y aún en esos momentos prefiere refugiarse en el silencio. Se ríe de casi todo, incluso de aquellos que bromeaban con su nutrida cabellera, negando que fuera postiza. «Marca Juan Marín», decía entre risas para aludir a su herencia genética. Casado con una trabajadora municipal de Sanlúcar, tiene dos hijos, el más pequeño de los cuales acudió el pasado 2 de diciembre a votar por vez primera. Su localidad natal es su devoción, y procura regresar todas las noches a dormir a su casa, mostrada incluso en los vídeos electorales para subrayar ese carácter de normalidad del que hace gala.

Deportista empedernido, sale a andar cuando puede, especialmente desde que esta última legislatura tuviera un pequeño sobresalto con el corazón. Mejor si es por las playas de Sanlúcar, y si no, ya se las ingeniará para hurtar unos minutos a la agenda en el gimnasio del hotel. Lo intentó como jugador de voleibol, donde acabó triunfando como entrenador, y se confiesa hombre de equipo. Aun así, agradece que sea el líder andaluz mejor valorado, tal vez para compensar la falta de carisma que le atribuyen algunos. «Algo habré hecho bien», concluye.