Un dragón sobre cuatro ruedas

Cientos de coches atascan una de las autopistas de la ciudad china de Tianjin. /
Cientos de coches atascan una de las autopistas de la ciudad china de Tianjin.

El sector del automóvil disfruta de su momento más dulce en China, aunque las marcas locales pierden peso en el mercado

ZIGOR ALDAMAshanghái

En Shanghái uno nunca está lejos de un concesionario de automóviles de lujo. Ni de un atasco épico. Sus carreteras elevadas, construidas a modo de circunvalación interna y diseñadas para permitir un tráfico fluido en esta megalópolis de 24 millones de habitantes, son buen reflejo del agridulce momento que vive el sector de la automoción en China: la mayoría de las decenas de miles de vehículos que transitan por aquí son grandes sedanes último modelo, muestra del creciente poder adquisitivo de la población, pero se mueven a una de las velocidades más bajas del mundo -14 kilómetros por hora de media- y provocan que la capital económica del gigante asiático viva sumida en una sempiterna capa de polución. Es el yin y el yang que caracteriza al desarrollo chino en todas sus facetas, incapaz de encontrar el equilibrio.

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No obstante, las cifras récord del negocio evidencian que los fabricantes viven un momento dorado. De hecho, por primera vez en la historia, el año pasado se rebasó la barrera de los 20 millones de vehículos vendidos. Concretamente fueron 21,98 millones, en los que se incluyen los 17,93 millones de automóviles, las furgonetas, y los camiones ligeros. Y las cifras del primer semestre de este año apuntan a que 2014 elevará el listón un poco más: en los seis primeros meses se vendieron 9,63 millones de coches -11,68 millones de vehículos-, un 11,2% más que el mismo período de 2013. Así, la Asociación de Fabricantes de Automóviles de China, vaticina que las ventas globales crecerán en el conjunto del año entre un 8% y un 10%, y avanza que el año que viene se rebasarán los 25 millones de unidades.

Quienes mayor provecho están sacando de esta bonanza son las marcas más aristocráticas. Algunas, como la legendaria Rolls Royce, aseguran que en la primera mitad del año han colocado un 40% más de unidades, y que China es, con diferencia, el mercado que más crece. La italiana Lamborghini no creció tanto, pero consiguió vender 89 de sus supercoches a clientes chinos, mientras que la más modesta Porsche tuvo que conformarse con un incremento nada desdeñable del 8%, que se tradujo en 19.800 unidades.

Son, sin duda, cifras que confirman el ascenso de China como uno de los mayores mercados mundiales del sector del lujo. Y los analistas concuerdan que esto es sólo el principio. «Actualmente, sólo 17 millones de familias pueden adquirir automóviles de lujo en China, pero esa cifra se multiplicará casi por tres en 2025, cuando serán 49 millones», afirmó Peter Schwarzenbauer, miembro de la junta directiva de BMW, al diario China Daily. Para entonces, China será también el segundo país con más milmillonarios del planeta: tendrá unos 350 -un 80% más que ahora- que están ansiosos por gastar.

No obstante, esta coyuntura no beneficia a todos. Las marcas chinas, que han mejorado en calidad y han conseguido fabricar modelos sólidos mucho más baratos que los de sus competidoras extranjeras, están perdiendo cuota de mercado. Según datos oficiales, en el primer semestre de 2014 las compañías locales vendieron 3,63 millones de automóviles, lo cual representa sólo un 37,68% del total. Ese porcentaje supone, además, un retroceso de casi tres puntos y medio sobre los datos del año pasado, y ratifica el imparable descenso que sufren de forma consecutiva durante los últimos diez meses. Curiosamente, parece que el batacazo se debe al lanzamiento de nuevos modelos baratos por parte de las marcas foráneas, que ya cubren todo el espectro del mercado y no sólo la gama alta. Con un 21,36% de cuota de mercado, las empresas germanas son las que llevan la batuta, seguidas de las japonesas, que se quedan con el 15,29%.

Coches eléctricos

Conscientes de que ese descenso tiene un importante impacto negativo en el despegue de las empresas locales, los dirigentes chinos han encontrado una fórmula para impulsar sus ventas: subvencionar la compra de vehículos eléctricos y exigir una cuota de automóviles limpios -un 30% de las nuevas adquisiciones en 2016- en las flotas de coches oficiales. Teniendo en cuenta que empresas chinas como BYD son pioneras en el desarrollo de baterías para automoción, es evidente que el Gobierno busca fomentar que se conviertan en líderes globales de la nueva generación de vehículos. «Somos conscientes de que los incentivos económicos no durarán para siempre, que pueden alargarse sólo dos o tres años más. Pero esperamos que sirvan para conseguir el volumen de fabricación suficiente como para que caigan los precios de los coches eléctricos y resulten ya competitivos frente a los motores de combustión», comenta Isbrand Ho, director de BYD para el mercado europeo.

 

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