El enfermero que colgó la bata para comprar supermercados

Sergio Cuberos, en uno de sus supermercados. /Ñito Salas
Sergio Cuberos, en uno de sus supermercados. / Ñito Salas

Sergio Cuberos creó hace 40 años Maskom, hoy la única marca local de supermercados. Empezó entre la seguridad como enfermero y el miedo al primer negocio, pero eligió riesgo y ambición sin prisas para ser bastante más que un superviviente

José Vicente Astorga
JOSÉ VICENTE ASTORGA

Es un desertor del club de empresarios malagueños a los que la competencia hizo desaparecer. En el sector de la gran distribución el éxito le ha dado la mano al creador de Maskom, la única marca familiar de supermercados activa en Málaga después de 40 años. Nunca pensó en tirar la toalla; si acaso en recoger la que otros arrojaron cuando la competencia liquidaba a pequeños y medianos. Aunque el destino le ha tratado bien, se reprocha no haberle arañado años al pasado: «Lo importante en la vida es decidirte y si yo hubiera tenido claro que esto de los supermercados era lo mío, no habría estado diez años en otra cosa. Me habría preparado. Hubiera hecho Económicas, Derecho, no lo sé y hubiera ganado diez años en crecimiento», cuenta que le ha comentado a uno de los dos graduados universitarios que ha tenido en su empresa bajo el programa Primera Oportunidad. Ser empresario tardío no le impidió cocinar la ambición a fuego lento. Ahora son 52 tiendas que facturan casi 91 millones de euros y con planes de nuevas aperturas, con Sevilla y Granada a la vista. Salir a comprar tiendas y no dejar que le compren –la empresa ha tenido cuatro ofertas en firme– ha sido el eslogan de consumo interno de una casa donde el 80 por ciento de la plantilla son mujeres y en la que su segunda mujer es la directora financiera. El mayor de seis hermanos confiesa la «espinita» de no haberle dado a su madre «el gusto de ser médico», una carrera que dejó en segundo curso antes de hacerse enfermero y trabajar cinco años en una alternativa de bata blanca que se le cruzó en el camino con más contenido alimenticio que vocación. En su arranque por Medicina jugó mucho la imitación entre iguales en los años agitados del bachiller. «Tres amigos habíamos decidido empezar medicina, pero hoy sólo uno ejerce es médico y el otro es representante de farmacia», recuerda su ingreso en la recién creada facultad. «Era bueno, pero no un monstruo», es la nota que se pone antes del acceso a la diplomatura en Enfermería en la que probó suerte cuando ya regentaba su primer negocio. «Mantenía la idea de seguir con algo sanitario y el examen de ingreso me pareció muy fácil», explica un cambio académico cómodo que se convirtió en un duro doblete laboral entre el quirófano –su especialidad sanitaria– y el mostrador. Era demasiado incluso para alguien como él matriculado desde niño en la escuela del trabajo en casa.

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Con ocho años, a mediados de los 60, recuerda que estudiar y ayudar en la casamata familiar del Camino de Antequera, «con mucho espacio para criar gallinas», fueron el paisaje cotidiano hasta más allá de la adolescencia. «Los fines de semana y los veranos consistían para mí y mis hermanos en preparar pedidos o cuidar los pollos, en casa antes o después de estudiar, que eso no se discutía», describe una agenda infantil nada infrecuente entonces. «El hermano que me sigue es abogado justo porque no quería saber nada de alimentación», ilustra una rebeldía refractaria al negocio familiar que él, sin embargo, supo digerir para «hacer lo que más me gusta».

Atarazanas

El abuelo fue un comerciante de Huétor Tájar que probó suerte en la Málaga del 42, y su padre tuvo hasta cinco puestos en el mercado de Atarazanas, donde Sergio lo aprendió todo de la anatomía del pollo y mucho de la psicología de la clientela. «Con 18 años me podía haber quedado con un puesto, un medio de vida seguro pero yo aspiraba a más, y no me seducía nada quedarme allí, además de que algo que no puedas trabajar tú en un mercado donde no hay caja registradora, puede ser incontrolable», justifica el horizonte que le impulsó a estudiar.

Marca malagueña

91
millones de euros facturaron las 52 tiendas de la cadena Maskom en 2017. Suman 46.900 metros de superficie de ventas que ofrecen más de 8.000 referencias de productos. El almacén central ocupa diez mil metros.
616 trabajadores
Tras recientes aperturas -dos de ellas, centros Maskompra- la plantilla total se sitúa en 616 trabajadores, un 80 por ciento mujeres.
Un pionero de las centrales de compras
Maskom está integrada en Euromadi, la central de compras que ya representa el 25 por ciento de la distribución española. Cuberos fue impulsor en Málaga de la primera organización de este tipo.

En los cinco años que ejerció de enfermero a veces le reconocían, entre alarmadas e incrédulas, clientas habituales que eventualmente pasaban por el paritorio. En aquellos contratos sanitarios buscó una plaza segura que no llegaría, «un paracaídas –explica– por si el negocio no me permitía salir adelante». De un puesto alquilado en su súper pronto dio el salto al primer negocio propio y la parte –el carnicero– acabó compró el todo. «Al riesgo no le he tenido miedo, sólo respeto», se remonta a aquella lejana firma de 86 letras de 85.000 pesetas del año 78 con las que se lanzó al agua como empresario.

«Los fines de semana y los veranos consistían para mí y mis hermanos en preparar pedidos o cuidar los pollos en casa»

Los siguientes años los pasó arañando horas al sueño entre el negocio y los turnos y guardias de hospital encadenando contratos pero con la vista siempre puesta en abrir más tiendas. No fue hasta 1988 cuando se lanzó a comprar el segundo súper y a preparase para una gestión más profesional. Se forma en Administración y dirección de Empresas y como analista financiero. «En 2018 haremos 30 años como Maskom. Es verdad que empecé diez años antes, pero hasta entonces no comenzó de verdad el crecimiento de la empresa, a supermercado por año en los primeros tiempos», describe el arranque de una expansión que no ha parado y que, entre los grandes saltos, anotó la compra de cinco centros Cayetano y Euromarket, en 2013, que elevó de golpe la facturación en 15 millones.

El perímetro de tranquilidad respecto a la banca ha sido norma en una expansión tranquila, que sumó dos recientes aperturas de Maskompra, un concepto que acerca al público las ventajas de la compra mayorista. «Le tengo mucho respeto a los bancos porque he conocido casos cercanos de empresas que quisieron crecer a base de crédito», asegura este firme defensor de la autonomía financiera y también del tamaño para tener voz propia ante los proveedores. Si a finales de los año 70 ya estaba en la primera central de compras del sector en la provincia –Detallistas de Alimentación de Málaga– hoy Euromadi, de la que es consejero, aglutina una parte del sector y acaba de centralizar toda la logística de congelados en Madrid. «Esa unión es importante. Si no, las empresas familiares como la nuestra estaríamos muertas en el sector», asegura.

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