Matacabras, una joya por descubrir

Vista del valle de Antequera desde el interior del abrigo de Matacabras. /
Vista del valle de Antequera desde el interior del abrigo de Matacabras.

Las pinturas rupestres del abrigo a los pies de la Peña de los Enamorados han sido el hallazgo más reciente

ANA PÉREZ-BRYAN

La catalogación del sitio de los Dólmenes de Antequera como Patrimonio Mundial de la Unesco no sólo representa un antes y un después para toda la comarca y su área de influencia desde los puntos de vista cultural y económico, sino que además supondrá un impulso definitivo a los trabajos de investigación que tratan de (re)construir el discurso exacto de las poblaciones que habitaron el valle donde se alza, imponente, la Peña de los Enamorados. Justo ahí, con una vista privilegiada de la enorme roca y de toda la vega, se encontró hacia el año 2008 uno de los cabos del hilo que hilvana la actividad humana durante el Neolítico y el Calcolítico en la zona. De la vida y de la muerte. Porque si los cercanos dólmenes son el impresionante legado de aquellas comunidades prehistóricas a sus muertos, en el abrigo de Matacabras, a los pies de la Peña de los Enamorados, está ese otro tesoro recientemente descubierto que documenta la vida en la zona.

El feliz hallazgo es fruto de un esfuerzo compartido: por un lado las investigaciones del profesor del Departamento de Prehistoria y Arqueología de la Universidad de Sevilla, Leonardo García Sanjuan, y de otro el impulso definitivo que imprimió al proyecto el director del conjunto arqueológico de los Dólmenes, Bartolomé Ruiz. El mérito lo reparte a partes iguales la catedrática de Prehistoria de la Universidad de Alcalá de Henares y miembro del Comité Científico de la Comisión Nacional de Arte Rupestre, Primitiva Bueno, quien destaca por encima del resto de abrigos con arte esquemático que hay en la zona el de la grieta de Matacabras: «Gracias sus pinturas se entiende mejor la actividad antigua, y además tiene todo el sentido que al lado de los dólmenes funerarios se encontratan elementos habitacionales como éste».

En rojo, blanco y negro

La especialista constata que la riqueza del valle supuso un importante imán para las poblaciones prehistóricas, que dejaron su huella a través de las pinturas rupestres. En el caso concreto de Matacabras, los investigadores han documentado un conjunto de pinturas esquemáticas en rojo, blanco o negro «con figuras humanas o animales» que se vinculan con el Neolítico y el Calcolítico, «hacia el año 7.000 o 6.000 antes de la era», avanza Bueno. En este grupo destaca también otra pintura con un motivo serpentiforme (con curvas) cuya presencia habitual en cronologías muy antiguas podría ser la constatación de que el abrigo de Matacabras es contemporáneo a otros de la zona. La respuesta a estas hipótesis podrían llegar gracias a un proyecto de investigación que ha puesto en marcha el CSICde la mano del especialista del Instituto de Recursos Naturales y Agrobiología de Sevilla, Miguel Ángel Rogerio, y que permitirá una reconstrucción en 3D de todos los hallazgos para compartirlos con el público, que desde entonces sumará un motivo más para visitar. Y para celebrar.

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