Un exilio por un sueño

El saltador, con la camiseta de la selección española en los Campeonatos de Europa 2012. /EFE
El saltador, con la camiseta de la selección española en los Campeonatos de Europa 2012. / EFE

Lysvanys Pérez, que dejó Cuba para vivir del atletismo en España, fundó en Málaga un modesto clubEl saltador fue internacional con ambos países y ahora está asentado en Antequera y al frente de Los Dólmenes

MARINA RIVAS MÁLAGA

Dejarlo todo atrás no era una opción cualquiera, era su única opción. Hace doce años (2006), que el atleta asentado en Antequera, Lysvanys Pérez, tomó la decisión más importante de su vida, abandonar Cuba, con todo lo que aquello entrañaba, y partir hacia España buscando desarrollar una vida profesional ligada al atletismo. «Tenía problemas económicos y también deportivos. Allí me imponían un entrenador, me decían que, o entrenaba con él, o tenía que dejar el deporte», relata el deportista. El no vislumbrar la más mínima posibilidad de labrar un futuro deportivo allí, le hizo decantarse por su salida. «Por desgracia, nací en un país en el que las cosas eran así, me tuve que buscar la vida en otro sitio y venirme solo. Dejé a todo el mundo allí: familia, amigos... Ellos ya lo supieron una vez estaba yo en España», rememora.

La soledad partió siendo su más fiel aliada. «Antes, si te ibas de Cuba, no podías regresar nunca más. No existía ni la opción de irte de vacaciones, si te ibas, te ibas. Hace cuestión de 3-4 años ya cambiaron esa ley y, ahora, a partir de los 8 años fuera ya se puede regresar», comenta el saltador. Sin embargo, incluso llega a reconocer que, entre tanta dificultad, él vivió concesiones a los que otros ciudadanos cubanos no podían acceder por el hecho de llevar el nombre de su selección. «Desde los 17 empecé a venir a España y a Europa, incluso hacíamos concentraciones aquí. Eso podía hacerlo por ser atleta, porque representábamos a Cuba. Para ir a los Mundiales, Olimpiadas... En ese sentido éramos unos privilegiados», asegura, con tono de alivio. Con su país, llegó incluso a participar en los Juegos Olímpicos de Atenas 2004, donde quedó el 11º del mundo saltando 2,25 en altura.

Pérez no sólo destaca en esta prueba, donde su mejor marca llegó a ser de 2,29 metros, sino que, además, su potencia física y sus casi dos metros de altura le llevaron a destacar en otras modalidades como el triple salto, en el que representaría más tarde a España, una vez obtenida la nacionalidad. Precisamente, un proceso en el que volvió a pasarlo mal. «Nunca me sentí apoyado por la Federación y yo sentía que no podía hacer nada. Estuve dos años como residente, un club me hizo un contrato de trabajo y luego tuve que esperar cinco años más, hasta finales de 2011», comienza a describir. «En todo ese tiempo no pude competir con la selección, sólo de forma individual. En la que fue la mejor etapa deportiva de mi vida, de los 24 a los 30 años, no pude competir a nivel internacional, esa época la perdí», se lamenta todavía.

Además de entrenar a niños, compite en el Nerja y está terminando la carrera de INEF

Largos años recorriendo España, desde Castellón, Guadalajara, Puertollano y Murcia, acabando en Antequera, entrenándose como atleta hasta en cuatro clubes diferentes, para que sus esfuerzos se vieran frustrados. Al menos, hasta 2012, cuando vistió la camiseta española, eso sí, en última instancia. «Tenía la marca mínima hecha desde el año anterior, pero no me querían llevar, llevarían a otros en mi lugar, aunque al final me incluyeron de última hora. Fue todo un poco convulso», recuerda el saltador.

La cita fue nada menos que el Europeo de Helsinki de 2012, donde finalmente concluyó el 16º con un mejor salto de 16,24 metros (siendo su marca personal de 16,82, obtenida en Málaga). No encontró en este tiempo hacerse un hueco en el panorama internacional, aunque sí pudo saciarse con varios títulos de campeón de España en triple salto.

Los Dólmenes

Aquella primera y única vez con la selección española ya era un ciudadano malagueño, tal y como aparece en su licencia de atleta. Y es que, desde 2011, su actual pareja, antequerana, le llevó a acabar residiendo en la localidad malagueña, donde decidió añadir un nuevo objetivo profesional a su vida: crear su propio club. «Lo llamé Los Dólmenes para que los chicos se sintieran identificados con la zona y también como forma de apoyar la candidatura a Patrimonio de la Humanidad», señala. Asentado en la la provincia desde entonces y no contento con entrenar y seguir compitiendo, actualmente con el club Nerja, Pérez se encuentra acabando sus estudios universitarios de INEF. «Espero acabar el año que viene, sólo me quedan tres asignaturas. Voy todos los días a Granada y me quita mucho tiempo», se queja. Un tiempo que le gustaría dedicar más a sus alumnos, ya que, de momento, prefiere enseñar sólo a un pequeño grupo, que ya empieza a dar sus frutos. «Federados con mi club sólo hay seis, pero entrenando conmigo unos 20. De cadete hacia arriba, todos han cogido una o más medallas a nivel andaluz y en los nacionales, por ejemplo, hay una chica que ha sido bronce bajo techo y plata al aire libre en combinadas, otro medallista en pértiga...», asegura.

«De momento no puedo meter más niños porque quiero dedicarles tiempo y ahora mismo no lo tengo«. Una vida difícil como atleta pero quizá, de aquí a unos años, un futuro brillante como entrenador, de corazón cubano y, por decisión, español.

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