Griezmann-Modric, la otra batalla

Antoine Griezmann y Luka Modric. /Gabriel Bouys (Afp)
Antoine Griezmann y Luka Modric. / Gabriel Bouys (Afp)

Referentes de sus selecciones, el resultado de la final podría depararles el MVP del Mundial y tomar ventaja para The Best y el Balón de Oro

Rodrigo Errasti Mendiguren
RODRIGO ERRASTI MENDIGURENEnviado especial a Moscú

El Mundial de Rusia puede suponer un punto de inflexión en cuanto a premios individuales después de una década de dominio de Leo Messi y Cristiano Ronaldo. Los primeros 60 partidos del torneo apartaron a las dos estrellas más reconocidas del firmamento futbolístico y también a Neymar, más citado por sus simulaciones que por su buen juego. Al menos el brasileño disputó un quinto encuentro, algo que no pudieron decir el argentino y el portugués que se despidieron en octavos de final.

El título que se juegan Croacia y Francia tendrá un premio extra, el del mejor jugador del torneo y para el que todos señalan a Luka Modric y Antoine Griezmann como principales favoritos. Eso sería el primer paso para poder optar a los dos premios más reconocidos a nivel internacional: The Best que entrega la FIFA y el Balón de Oro, premio que se han repartido Messi y Cristiano a cinco por cabeza desde que en 2007 lo ganase Kaká, entonces vencedor de la Champions con el Milán.

Este primer MVP, por tanto, puede suponer la primera alteración en el orden establecido en el fútbol mundial, si bien sólo Paolo Rossi, en 1982, fue Balón de Oro tras ser elegido mejor jugador del Mundial. El espectacular rendimiento de Kylian Mbappé ante Argentina le disparó en las casas de apuestas pero el desempeño del centrocampista madridista y del punta del Atlético, que además lograron dos títulos europeos con sus clubes, les convierte en las opciones más probables.

Brillante a los 32 años

Modric ha sido MVP en tres de los partidos del torneo, el último en cuartos ante Rusia, y ante Dinamarca firmó un partidazo y dispuso de un penalti a falta de cuatro minutos para el final de la prórroga. Aceptó la «responsabilidad como capitán» pero no lo marcó. Sí lo hizo en la tanda. «Por todo ello me emocioné mucho al final del partido», rememora antes de reconocer que para él «sería increíble levantar el trofeo como capitán» el domingo. Por eso, cuando le preguntan por el Balón de Oro, premio que ya piden para él compañeros suyos como Ivan Rakitic o Mandzukic insistentemente, remarca: «Lo repito, estoy enfocado solo en el éxito de mi selección. Es muy agradable estar entre los posibles candidatos pero no me preocupan los premios individuales».

No es que no le interese el tema. «Quiero que ganemos la Copa. El resto está fuera de mi control. Para mí lo más importante es el éxito de Croacia», incide quizá recordando un dato esperanzador para él: ha vencido las últimas diez finales a partido único que ha disputado con el Real Madrid (cuatro Champions, tres Supercopas europeas, dos Mundiales de Clubes y una Copa del Rey). Incluso en una de ellas (Mundial de Clubes de 2017) fue nombrado MVP del partido. No cede una desde la Copa del Rey de 2013 ante el Atlético en el Bernabéu, en su primer año en España tras llegar desde el Tottenham como mediapunta.

Ahora se ha reconvertido en mediocentro y está posiblemente, pese a sus 32 años, en el mejor momento de su carrera. «No me gusta recordar al pasado, todo te influye, pero no quiero hablar del pasado, sino mirar el futuro. Tuve un camino difícil, pero nunca hay que rendirse, hay que creer en ti mismo, y ser autosuficiente. En el camino hay subidas y bajadas, pero hay que luchar para hacer realidad tus sueños. Eso es lo que me motivó en mi carrera», explicó en la sala de prensa de Luzhniki antes de desvelar que siendo pequeño le tachaban de bajito. «Nunca dudé de mí mismo. No tienes que ser alto para jugar al fútbol. He respetado las expectativas de otros y sus palabras cuando no me aventuraban un gran futuro como futbolista. Esas críticas me sirvieron de gran motivación. No me molestan las críticas, solo me motivaron».

Extremo reconvertido

Su principal rival por el galardón es Griezmann, que tras un 2016 en el que fue tercero en el Balón de Oro pese a un año plagado de decepciones (final de la Champions perdida en Milán, con penalti fallado incluido, y Euro cedida ante Portugal en París) está viviendo un gran momento en 2018, tras un inicio de 2017 que hacía pensar que no podría superar los 25 goles por año que lleva en los últimos cuatro años en el Atlético (25-32-26-29).

Desde enero acabó completando una temporada fantástica con un Atlético en el que seguirá tras su 'decisión' de ampliar contrato con el club. Antes marcó dos goles en la final de la Europa League ante el Marsella y ha llegado en forma a Rusia, donde ha anotado tres goles (uno a Uruguay que no celebró por respeto), ha repartidos dos asistencias y ha sido MVP gracias a su labor por el equipo. «Curra como el que más», dice Rami, que le sufrió aquella noche en la final de Lyon.

Su desgaste (54,9 kilómetros, siendo más de la mitad sin balón) le ha hecho ser sustituido en todos los partidos... menos en la semifinal. En muchos de ellos sólo Kanté corrió más que él ya que, acostumbrado a trabajar por el equipo en su club, no tiene problemas en bajar delante de los defensas para sacar la bola jugada y ayudar en el centro del campo a su selección, con la que ha logrado 23 goles en 60 partidos. «Me siento bien, espero hacer lo mismo en la final. Somos mejores todos juntos, ayudándonos en los esfuerzos para jugar como un colectivo. Como perdimos la Eurocopa siendo yo el máximo goleador, pensé que si marco menos goles podremos ganar el Mundial», ironiza. En Rusia tiene la opción de consagrarse, pero evita que le comparen con Zidane. «No me gusta demasiado Grizou, es más bien Grizi», dice recordando que no ha cambiado sus rutinas: «Juego al Fortnite todo el día, disfruto del fútbol, bebo mate».

La final de Luzhniki tendrá doble premio pero Griezmann, como Modric, evita pensar en ello. «Es una oportunidad de ganar el Mundial, no el Balón de Oro. No me importa ganar o no el Balón de Oro. Voy a darlo todo por ser campeón del mundo. Lo que tenga que venir luego, bienvenido sea».

 

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