Trinchera Alcántara

Manuel Alcántara protagonizará una amplia agenda de actividades organizadas por el Centro Andaluz de las Letras. /Salvador Salas
Manuel Alcántara protagonizará una amplia agenda de actividades organizadas por el Centro Andaluz de las Letras. / Salvador Salas
María Eugenia Merelo
MARÍA EUGENIA MERELO

Manuel Alcántara ha entrado a los 90 años en un nuevo club. Él, que junto a la cajetilla de tabaco acaricia en su bolsillo un abultado fajo de carnés de oro de las más prestigiosas sociedades y ateneos, sumó ayer la distinción andaluza de Autor del Año. Una nómina que abrió en 1998 el Centro Andaluz de la Letras (CAL) para mantener y acrecentar el patrimonio literario de figuras como Aleixandre, Bécquer, Cernuda, Alberti, María Zambrano, Altolaguirre, Luis de Góngora, Juan Ramón Jiménez, Antonio Machado y José Antonio Muñoz Rojas, Luis Rosales, Giner de los Ríos, José Moreno Villa, Caballero Bonald, María Victoria Atencia, Julia Uceda o Pablo García Baena.

Juan José Téllez, director del CAL, recordaba ayer que Alcántara «sigue escribiendo su columna diaria en diario SUR» y que «el último fax que existe en la redacción del periódico es para que mande su artículo diario, porque no ha entrado en el territorio comanche del ciberespacio». Cierto. Alcántara no ha entrado nunca en ese territorio comanche ni en muchos otros en su larga y fructífera travesía con 30.000 artículos bien horneados. Ni falta que le ha hecho. Él siempre ha sido un articulista con su propia trinchera. Una línea vital que empezó a cavar en el café Varela a finales de los 40, cuando descubrió que el mundo bohemio de la poesía y del periodismo prometían mucho más que el formalismo y la rigidez del Derecho.

Desde ese foso, se ha convertido en el mayor maestro del género en el periodismo español, siempre nutrido por la curiosidad y la lectura para alimentar con sus columnas, día a día, la complicidad de sus lectores. «Me gustaría poner en mi DNI: de profesión, estudiante. El que no aprende cada día, no aprende nunca. Y quiero aprovechar el tiempo que me queda para seguir aprendiendo», declaraba a SUR en 2014, el día que cumplía 25 años como articulista del periódico. «Todo un récord».

El polaco Ryszard Kapuscinski defendía que el trabajo de los periodistas «no consiste en pisar las cucarachas, sino en prender la luz, para que la gente vea cómo las cucarachas corren a ocultarse.» Desde su foso periodístico, Alcántara ha encendido innumerables candelas en las que el humanismo, la ironía, la inteligencia, la prosa y su envidiable condición de poeta han sido mucho más efectivos y cautivadores que la suela de cualquier zapato.

La poesía y el periodismo han ocupado la trinchera Alcántara, una zanja que han esculpido a lo largo de 90 años la lectura, la amistad, las palabras, la memoria, el mar y una rara Olivetti de color rojo. Desde ahí, ha contado la historia de España en un combate librado con el fuego sabio y ético de la vida.

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