Lola Pons: «Hay que tomarse muy en serio que se siga escribiendo ciencia en español»

Lola Pons: «Hay que tomarse muy en serio que se siga escribiendo ciencia en español»

La filóloga y profesora de Historia de la Lengua de la Universidad de Sevilla, que participa mañana en el Aula de SUR, aboga por el protagonismo de nuestra lengua en la difusión de la investigación y por hacerla más atractiva en la escuela

Francisco Griñán
FRANCISCO GRIÑÁNMálaga

Lo suyo son las palabras. No solo las de rabiosa actualidad, sino las que vienen de antiguo. A Lola Pons (Barcelona, 1976) le apasiona el pasado y el presente de nuestro idioma y desde las aulas de la Universidad de Sevilla se empeña en hacer de la Historia de la Lengua una materia atractiva. No solo a los alumnos. Su libro 'Una lengua muy muy larga. Más de cien historias curiosas sobre el español' se ha convertido en un éxito editorial por su capacidad divulgativa que, lejos de elitismos, trata el español como lo que es: una herramienta en boca de todos. La experta pasará mañana por el Aula de Cultura de SUR (Museo Carmen Thyssen, 19,30 horas) para establecer con el público un 'Diálogo sobre el español'.

Aula de Cultura SUR

Conferencia
'Diálogo sobre el español, una lengua muy larga', a cargo de Lola Pons, filóloga y profesora de Historia de la Lengua de la Universidad de Sevilla.
Organiza
Aula Cultura de SUR, con la colaboración de la Obra Social La Caixa
Fecha y lugar
Mañana, miércoles 16, a las 19,30 horas, en el Auditorio Museo Carmen Thyssen (calle Compañía, 10).

¿En vez de los resúmenes anuales de noticias o canciones, usted esperará con ansiedad la lista de las palabras del año de la Fundeu?

–Ja, ja, sin duda. Es muy interesante comprobar las palabras candidatas porque están relacionadas con la actualidad informativa, caso de escrache, aporofobia o populismo en años anteriores. Y la última ha sido interesante, microplástico, porque nos invita a reflexionar sobre nuestra conciencia ecológica. Y para una ciudad marítima como Málaga es una palabra todavía más necesaria. La lengua es un espejo de las obsesiones de la sociedad de cada momento.

Otras de las aspirantes a palabra del año era micromachismo. ¿El lenguaje es sexista con tanto masculino utilizado como neutro?

–El lenguaje no es machista ni ecologista ni político. Somos los hablantes los que transmitimos machismo o racismo en lugar de mensajes de equilibrio o igualdad. Yo me siento representada dentro del masculino genérico, pero entiendo que haya gente que apueste por el desdoble para llamar la atención socialmente.

¿El lenguaje inclusivo es una cuestión de moda?

–Para muchas personas es una debate ya agotado y le produce hartazgo, pero para los filólogos es casi la única oportunidad que tenemos para que se hable de gramática en los medios. La solución a este debate están en los propios hablantes que han apostado por hacer femeninas palabras como presidenta o jueza, mientras otros no.

Esos cambios de género son casi naturales…

–Cuando la lengua brinda la posibilidad morfológica de que aparezca un femenino y tiene refrendo social, hay que apostar por ello. Y lo mismo que decimos arquitecta o abogado, también podemos decir azafato o matrón. No es solo una cuestión del femenino, sino también del masculino.

¿Cómo de larga es nuestra lengua?

–Lo que llamamos castellano empezó a existir entre los siglos IX y XI. ¿Hasta cuándo? Pues esperemos que al menos lo mismo que llevamos. Su vitalidad se observa en su uso cotidiano, en entornos formales e informales. Es un reto que el español siga siendo una lengua válida para la expresión de la ciencia. Nos tenemos que tomar muy en serio que se siga escribiendo ciencia en español y que no solo sea en inglés desde la universidad y los centros de investigación. Si perdemos dominios funcionales, perdemos salud y la lengua enferma.

¿Los anglicismos nos invaden?

–Nadie nos invade, somos nosotros por lo que apostamos por decir 'spoiler' y 'fake' antes de sus alternativas españolas. En los últimos dos siglos, el español se ha caracterizado por una anglomanía, pero es menor a la de otros idiomas, como el italiano. Algunos extranjerismos se quedarán y otros se irán, como pasó con 'yupy' que se utilizó en los años 80.

Cuando se atraganta la lengua

¿Es verdad esa sensación extendida de que hablamos peor que antes?

–Pues ni mejor ni peor. El sistema era eficaz antiguamente y lo sigue siendo ahora. Hemos variado los patrones de cortesía y el léxico. Es verdad que como sociedad hemos accedido de manera masiva a la alfabetización, pero antes había gente que hablaba mal y otra, bien. Igual que ahora.

¿Y como escribimos en los periódicos y la prensa digital?

–La sociedad pone el foco en los medios observando si usa palabras extranjeras, pero se pasa por alto que la precipitación de la escritura digital hace que a menudo y de manera desafortunada encontramos faltas de ortografía y eso no debería permitirse porque los medios tienen una responsabilidad social.

Me pasa por preguntar. ¡Cualquiera comete mañana una falta al transcribir esta entrevista!

–Ja, ja. Las empresas de comunicación deberían volver a incorporar correctores para un mejor control ortográfico. No solo por el desprestigio de una falta, sino que la ortografía es el consenso de una sociedad.

La lengua es una de las asignaturas clave en los colegios, aunque a muchos alumnos se les atraganta.

–No me extraña. En los programas docentes tenemos todavía mucho peso de contenido gramatical que es necesario en Secundaria, pero no en Primaria. A un niño hay que enseñarle a leer con gusto, a escribir y a expresarse, pero determinados contenidos teóricos deben irse a Secundaria para no cansar al alumno. Valoro mucho la labor de los profesores porque hacen lo que pueden con las dificultades que le plantean desde las administraciones educativas.

Por cierto, la Historia de la Lengua no se estudia mucho en los planes.

–Sí y es alarmante. En arte prácticamente se estudia historia del arte. Por contra, los alumnos leen literatura antigua, pero no saben con detalle cuando nació el castellano y sus variedades, lo que les ayudaría a entender mejor la gramática.

Hay mucha alarma sobre el efecto negativo en los jóvenes de la escritura de los mensajes de 'whatsapp' y redes sociales. ¿Está justificado?

–Ese miedo lo tenía también la sociedad cuando se inventó el telegrama. Lo preocupante sería que los alumnos solo accedieran al español escrito a través de la mensajería instantánea y no lean libros. Las abreviaturas siempre han existido, el problema es que no siempre controlamos que quede restringida al ámbito informal.