Fernando García de Cortázar: «Con más años de adoctrinamiento, lo de Cataluña no habría tenido remedio»

El historiador Fernando García de Cortázar presenta hoy 'Viaje al corazón de España'./Javier Ocana. TESA
El historiador Fernando García de Cortázar presenta hoy 'Viaje al corazón de España'. / Javier Ocana. TESA

El catedrático de la Universidad de Deusto presenta hoy en el Aula de Cultura de SUR su último libro, 'Viaje al corazón de España'

Francisco Griñán
FRANCISCO GRIÑÁNMálaga

Lleva el viaje en la sangre. Y no se cansa. Por ello, el historiador, jesuíta y catedrático de la Universidad de Deusto, Fernando García de Cortázar (Bilbao, 1942), ha convertido toda esa memoria nómada en un libro que recoge sus descubrimientos y andanzas: 'Viaje al corazón de España'. Una obra que sabe conjugar la definición 'literatura de viajes': una prosa cuidada y una mirada personal a un país que observa desde una conciencia nacional que hace compatible con la pluralidad. Una capacidad integradora que combate el «desánimo colectivo» que ha provocado el independentismo catalán. Con la experiencia previa del terrorismo en su tierra natal, el País Vasco, este intelectual, que durante años tuvo que llevar escolta, vuelve a asistir a la fractura social de un pueblo. Una ruptura que enfrenta a este libro integrador, que habla de España sin complejos y que hoy presenta en el Aula de Cultura de SUR.

Aula Cultura SUR

Conferencia
'Viaje al corazón de España', del historiador Fernando García de Cortázar. El acto será presentado por Rafael Vidal, director del Foro por la Paz en el Mediterráneo.
Organiza
Aula de SUR, con el patrocinio de Obra Social La Caixa
Fecha y lugar
Hoy, a las 19,30 horas, en el Museo Carmen Thyssen Málaga (Compañía, 10).

¿Ha encontrado el corazón de España?

–El corazón de la España en la que yo creo es un país hermoso, amable y con una larga tradición histórica, literaria y cultural como pocos del mundo. Es lo que he tratado de recoger visitando provincia por provincia, autonomía por autonomía.

¿Lo podemos tomar como una guía de viaje geográfica y sentimental?

–Es algo más, pero sirve como modelo para viajar con un incentivo cultural y patriótico de ver como España es hermosa. Invito a los padres de familia a que antes de visitar Hamburgo o Siena vayan con sus hijos a conocer Málaga, Salamanca o La Coruña. Muchas veces nos lamentamos de que existe falta de conciencia nacional y por eso hay que formarse desde niño en una idea liberal y sentimental de España.

¿Somos un país de desconocidos?

–En estos treinta años se ha aumentado la conciencia regional en contra de la nacional. Y este libro trata de afirmar esa conciencia patriótica sin olvidar la singularidad y diversidad de España.

Este volumen de viajes rescata además su geomemoria.

–Es mi libro más personal, ambicioso y en el que he tratado de hacer una obra más literaria. Es parte de mi biografía, pero siempre con esa idea de la España más bella y que más me ha gustado. Por eso hay muchas referencias andaluzas. Mi padre nació en Chile y fue un indiano vizcaíno que quiso que sus hijos estudiaran y eligió Sevilla. Nos metió internos en un colegio de jesuitas y siempre hemos querido mucho a Andalucía.

¿Su patria es la infancia, como dijo Rilke?

–En mi caso, esa patria y esa infancia se prolonga durante muchos años. Libros como éste tienen un objetivo en este momento de desanimo colectivo por la impugnación de la unidad de España que se produce desde Cataluña. Es un libro que anima y la prueba es el éxito que está teniendo.

Tiempo perdido

La Cataluña del libro es diferente a la que vemos hoy día.

–Es la Cataluña que me hicieron amar mis padres. El independentismo me suscita un sentimiento de desapego, al igual que las actitudes irracionales y violentas que estamos viendo. Y pienso en el resto de la población que lo está pasando mal. Este libro fue presentado en Barcelona casi como un acto patriótico. Hay una reflexión que me llama la atención y es como la prensa adopta la terminología. La batalla del lenguaje la ganan los independentistas, como por ejemplo con los Comités de Defensa de la República (CDR). Si tuviera corazón republicano, me sentiría ofendido porque son comites separatistas con sentido montaraz y rural. Nada que ver con la Barcelona cosmopolita. Me da pena que la idea republicana, tan admirable, sea monopolizada por los que nada tienen que ver con ella.

Lleva usted razón, pero es que desde la política española tampoco ha habido un discurso para esa población catalana que no se sentía independentista.

–Ese ha sido el problema. Ha desaparecido el Estado en Cataluña y es dramático. Desde un punto de vista ideológico, mi anterior libro, 'España, entre la rabia y la idea', trataba de recuperar ese tiempo perdido.

Cuando le escucho me recuerda a su paísano Unamuno y su «me duele España».

–Tengo un gran sentimiento español. Cuando voy a Málaga y me preguntan por la Semana Santa, yo les digo que también es la mía. No por ser malagueños tenéis más derecho a ella.

¿Y cómo ha visto la situación al cumplirse un año del 1-O?

–Me preocupa la violencia y la falta de respuesta de las autoridades autonómicas a la manifestación violenta de algunos catalanes. Están en la misma trinchera los que mandan y los que agitan a las masas y están cortando el tráfico de los trenes. Yo creía que los catalanes estaban evitando lo que pasó en el País Vasco con la fractura de la sociedad. Pensé que el sentido común iba primar en el caso catalán, pero el nacionalismo es tan erosionante, tóxico y destructor que vuelve a producir ese efecto.

Usted es historiador, pero lo voy a pedir que me hable del futuro. ¿Ve solución?

–Lo que no se puede dejar en manos del nacionalismo y el independentismo son los medios de comunicación, como ocurre con la televisión catalana que es un criadero de independentistas agresivos enfrentados a buena parte de la población. Las barbaridades que se han hecho estos años en el tema docente habría que subsanarlo. No se puede seguir mintiendo a la población catalana con su historia. Si hubiéramos esperado más tiempo y con más años de adoctrinamiento afectando a más generaciones, ya no habría tenido remedio. Es ahora cuando hay que intervenir.

 

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