Jiménez Fraud: embajador de la modernidad perdida

Familia. Alberto Jiménez Fraud con su madre Henriette, hacia 1915-1917. / ARCHIVO RESIDENCIA DE ESTUDIANTES
Familia. Alberto Jiménez Fraud con su madre Henriette, hacia 1915-1917. / ARCHIVO RESIDENCIA DE ESTUDIANTES

El imponente 'Epistolario' del intelectual malagueño presentado esta semana pone de relieve su papel fundamental en la revolución pedagógica que supuso la Residencia de Estudiantes que alumbró y dirigió durante un cuarto de siglo

ANTONIO JAVIER LÓPEZ

«Ahí, en Málaga, me he encontrado con un grupo de jóvenes que aunque acaso cohibidos –no sé por qué– parecían mostrar ansias de renovación y de vida intensa y profunda. ¿Por qué no se unen con cualquier pretexto? ¿Por qué no cierran filas, bajo cualquier bandera en blanco, contra la ola de memez y de grosería? ¿Por qué no se funden para romper la costra de mentira?».

Miguel de Unamuno escribe al director de 'La Unión Mercantil', Antonio Fernández y García, el 4 de septiembre de 1906. Apenas había pasado un mes desde que el intelectual vasco ofreciera en la capital malagueña tres conferencias, invitado por ese «grupo de jóvenes» que pocos años después encontrarían esa «bandera en blanco contra la ola de memez y grosería» en la colina madrileña donde se levantó la Residencia de Estudiantes.

Y resulta que aquella Residencia –que tuvo a Federico García Lorca, Salvador Dalí, Luis Buñuel, Juan Ramón Jiménez y Severo Ochoa entre sus residentes y que visitaron Albert Einstein, Paul Valéry, Marie Curie, Igor Stravinsky y Le Corbusier, entre otros muchos– fue alumbrada y dirigida durante un cuarto de siglo justo por uno de aquellos jóvenes malagueños «cohibidos», invitaron a Unamuno a visitar su ciudad: Alberto Jiménez Fraud.

Fue la primera misión que le encomendó su mentor, el también malagueño Francisco Giner de los Ríos, promotor de la Institución Libre de Enseñanza que promovía la residencia. Aquella aventura cuajó en un periodo bautizado como la Edad de Plata de la cultura española, cuyo pulso late en el imponente 'Epistolario' de Jiménez Fraud editado por la Fundación Unicaja y la Residencia de Estudiantes que se ha presentado esta semana en la sede de la institución malagueña.

A lo largo de tres volúmenes, un millar de cartas y más de 3.200 páginas, el 'Epistolario' de Jiménez Fraud brinda un extraordinario testimonio de un periodo que va desde 1905 hasta 1964; es decir, desde los albores de esa apuesta por la modernidad que supuso la Residencia de Estudiantes, hasta el dolor de la guerra y el largo destierro emprendido por Jiménez Fraud y muchos de sus compañeros de aventura intelectual.

El 'Epistolario' pone ante el lector la travesía vital de Jiménez Fraud, desde los ardores de la juventud hasta la «proverbial templanza» mantenida en su madurez, como destaca el director honorario de la Residencia, José García-Velasco, en la introducción del primer tomo. Es más, ese volumen inaugural brinda, en la segunda carta de Jiménez Fraud a Unamuno, fechada del 14 de julio de 1906, casi la única concesión a la beligerancia por parte del malagueño, muy crítico con parte de la sociedad local de la época: «¿El señoritismo? Horrible. El whisky y las enfermedades venéreas consumen a estos señoritos, hijos de comerciantes ricos, educados en el extranjero o que han pasado temporadas más o menos largas en él».

La «peña de Málaga»

Ese arranque llega apenas como una raya en el agua del océano de cartas abordado por la Fundación Unicaja y la Residencia de Estudiantes. Una labor de análisis y recopilación que sirve para recordar también aquella «peña de Málaga» de intelectuales y artistas que acompañó a Jiménez Fraud durante casi toda su vida, compuesta por José Moreno Villa, Ricardo de Orueta, Manuel García Morante, Gustavo y Francisco de Orueta, tal y como recuerda García-Velasco en las primeras páginas del primer volumen.

El tomo pasa por Málaga en varias ocasiones, también para glosar el éxito primero de la Residencia de Estudiantes. Lo relata el propio Jiménez Fraud en su misiva a José Castillejo del 3 de septiembre de 1915: «Aquí en Málaga, donde era mirada la Residencia como una institución casi anarquista (!!), está ya considerada como una cosa tan pública, beneficiosa y oficial, que no podré atender este año las peticiones que diariamente recibo de familias para continuar la buena educación de sus hijos. (…) Y lo curioso es que la propaganda viene de los propios Residentes y eso significa sencillamente 'victoria completa'».

Pero aquellas luces se volverían sombras unos años después, los reunidos en el segundo tomo del 'Epistolario' y centrado en el largo exilio del intelectual malagueño. «Después de haber pasado casi dos meses arriesgando su vida y la de los suyos en defensa de unos valores que ninguno de los dos bandos parecía respetar, ni mucho menos compartir, Jiménez Fraud llegó a la conclusión de que la Residencia ya no tenía nada que hacer en las nuevas y terribles circunstancias», escribe el investigador James Valender en la esclarecedora introducción.

Relata Valender el periplo de Jiménez Fraud y su familia de Madrid a Alicante, donde embarcaron hacia Marsella para dirigirse a París. En la capital francesa se abre la primera falla en el ánimo del malagueño, acuciado por la precaria situación económica en la que había abandonado el país. Pero llegaron desde Inglaterra 50 libras providenciales. Las enviaba un amigo, el catedrático de Estudios Hispánicos en la Universidad de Cambridge J. B. Trend. Y con ellas, la invitación a viajar hasta un destino que Jiménez Fraud conocía de sus viajes de juventud y que además casaba con su propio carácter.

«Esta propensión fue algo que heredó de la sociedad malagueña en la que se formó, una sociedad que, desde finales del siglo XIX, había acogido en su seno a numerosos comerciantes británicos y a sus familias, atraídos al sur de España por el clima y por el boyante comercio vinícola», sostiene Valender antes de añadir: «Pero la anglofilia de Jiménez Fraud fue también, y sobre todo, algo que heredó de sus mentores, Francisco Giner de los Ríos y Manuel Bartolomé Cossío, cuyos proyectos pedagógicos se inspiraban en parte en los internados británicos, así como en las célebres universidades de Oxford y Cambridge».

El 'Epistolario' de Jiménez Fraud se convierte entonces en un retablo de la zozobra del exilio. La soportó el malagueño con estoicismo cuando le cerraron las puertas de Cambridge y tuvo que mudarse a Oxford, compatibilizando la docencia con las labores de traducción para mantenerse a flote. Pero las cartas también ofrecen muestras del desasosiego de Ramón Pérez de Ayala desde París, las penalidades de Moreno Villa en Estados Unidos o la angustia de Manuel García Morente para alejar a sus hijas de la guerra.

El drama del 37

Surge así el año 1937 como uno de los pasajes más sombríos en la vida y la correspondencia de Jiménez Fraud, que aún así recibe cartas como la del 22 de junio, firmada por el también malagueño José Antonio Muñoz Rojas, con quien coincidiría en Cambridge: «Es un gran consuelo pensar que hay gentes con las cuales son imposibles las guerras. Porque desgraciadamente hay otras que sólo guerreando se entienden».

El devenir de la Residencia en aquellos años destila el drama de todo el país: el centro de enseñanza se transformó en cuartel; luego, el hospital y por último, en ruina. Con la democracia se recuperaría la Residencia de Estudiantes, integrada en el Centro Superior de Investigaciones Científicas. Una «resurrección» que Jiménez Fraud soñó desde el exilio, pero que no llegó a ver cumplida, como ya barruntaba en la carta enviada a Jesús Bal y Garay desde Ginebra, el 10 de marzo de 1964, apenas unas semanas antes de morir, siempre optimista y sereno: «No descanso. Tengo esperanzas. Pero... veremos». Y vimos cómo se perdía aquella ocasión de subirnos al tren de la modernidad.

Malagueños. Los miembros de la «peña malagueña» fotografiados en 1908 (arriba) y 1928 (debajo). De izquierda a derecha, José Moreno Villa, Francisco de Orueta, Manuel García Morente, Ricardo de Orueta, Alberto Jiménez Fraud y Gustavo Giménez Fraud. Amistad. Alberto Jiménez Fraud, paseando por Málaga con José Moreno Villa en los años 20. / Archivo Residencia de Estudiantes

 

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