Desahucio y recuperación de la memoria

RAFAEL ALVARADO

Cuando hace unas semanas asistí, junto a la que fuera comisión ciudadana La Aduana Para Málaga, a la invitación por parte de la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía a visitar las nuevas dependencias y rehabilitación del edificio de la antigua Aduana como Museo de Málaga (Bellas Artes y Arqueológico), me embargó una profunda emoción, y pensé: «Todo el esfuerzo realizado había merecido la pena».

¡Por fin!, dentro de unos días, después de más de veinte años ausente, se inaugurará para todos los malagueños el Museo de Málaga.

Con esta inauguración inminente se restablecen dos cosas. El desahucio del que fueron objeto los cuadros (y piezas arqueológicas) ya tiene de nuevo su casa y se ha conseguido recuperar la memoria pictórica y arqueológica de la ciudad. Su identidad artístico-cultural desde tiempos inmemoriales. El daño y secuestro del legado histórico artístico de nuestra ciudad, su ausencia de la mirada, es algo que no debió ocurrir. Porque fue una mala gestión la que nos llevó a esta situación de amnesia, al no prever un espacio alternativo a la desaparición del Museo de Bellas Artes por el Museo Picasso, pues como se suele decir, «desnudar un santo para vestir a otro», aunque el santo fuera el mismísimo Picasso. Se trataba de sumar y no restar, no sacrificar uno por otro.

Cuando era niño vivía en la calle Granada, jugaba en la Plaza de la Merced, por la calle San Agustín, los jardines de Alcazabilla y la Judería. Más tarde, ya adolescente y nacida mi inclinación a la pintura, visitaba con frecuencia el Museo de Bellas Artes, hoy Museo Picasso. Aún recuerdo la profunda impresión que me causaban los grandes cuadros de Simonet, Ferrandis, Muñoz Degrain, Moreno Carbonero, Denis Belgrano, el divino Morales y la escuela de Ribera, también algunos dibujos infantiles y cuadros de Picasso, entre otros muchos. Al igual que otros artistas de la ciudad, copié durante horas y días algunos cuadros del Museo, como contribución al estudio y aprendizaje del oficio de la pintura. Igualmente en el Museo se realizaban actos culturales en su patio renacentista.

Allí también, en 1994, expuse mi trabajo como ganador de la Beca Picasso, 'Sombras Blancas', que continuaba mi trabajo anterior 'Noches blancas', donde el espacio del centro histórico, mi infancia, era mirado de forma lírica y mítica desde lo nocturno, y que en la beca Picasso se convirtió en premonición del vacío que se iba a producir en ese mismo espacio, mirado ya desde sus sombras.

Por todo ello, el cierre del Museo de Bellas Artes lo sentí como un secuestro, un desahucio de la memoria artística de la ciudad, y entre los años 1995 y 2000 me impliqué activamente en movimientos ciudadanos ante la situación de ineficacia institucional, de no entendimiento político, y la falta de un proyecto cultural de ciudad. Este atentado cultural sin precedente motivó la indignación de los malagueños y de distintos colectivos, reivindicando un nuevo espacio museístico.

La satisfacción que hoy siento con la recuperación de estos dos espacios museísticos, y los mencionados anteriormente, no tiene parangón para mí. El haber estado y formado parte activa en los procesos de creación y transformación social en defensa del Patrimonio cultural y artístico de los Pueblos es un derecho inalienable, como referente de identidades y riqueza espiritual para saber quiénes somos, de dónde venimos y hacia dónde queremos ir, siendo dueños de nuestro futuro. Valores humanistas del arte frente al consumismo y mercantilismo de todo tipo que hoy nos inunda y envuelve. Se cierra para la ciudad un ciclo que ha durado más de veinte años de lucha y esfuerzo; y que, para mí, abarca más que una parte de mi vida y de mis sueños, que precisamente nacieron en torno a ese espacio.