El poder de la oratoria

Pablo Sánchez, director general de Cánovas Fundación, junto a Andrea Alonso, Adriana Vázquez, Ana Messa y Cristina Negro. :: Félix palacios/
Pablo Sánchez, director general de Cánovas Fundación, junto a Andrea Alonso, Adriana Vázquez, Ana Messa y Cristina Negro. :: Félix palacios

Cuatro estudiantes de la UMA, campeonas de España de debate, destacan la importancia de saber hablar en público

JOSÉ MIGUEL RAMÍREZ

Vivimos inmersos en una marea de debates. Oratoria por doquier, que atrapa muchos momentos de nuestra vida cotidiana. Debate político, deportivo, social, sobre las interminables y continuas campañas electorales. Incluso sobre Semana Santa, sobre la vida privada de personajes públicos semiaislados en un paraíso natural, sobre temas de actualidad, económicos o de tendencias de modas y modismos; sobre vidas privadas aireadas sin decoro ante las pantallas de nuestros televisores...

Interminables debates que en tiempos actuales llevan al hastío y al hartazgo. Pero esto no significa que la oratoria no constituya un elemento de enorme interés en el desarrollo personal y profesional. Hablamos del uso de la oratoria en el debate como herramienta para el aprendizaje, para compartir ideas, emociones, experiencias y sentimientos y no como arma para la derrota del enemigo.

Así lo demuestran cuatro jóvenes andaluzas estudiantes de la UMA (tres malagueñas y una sevillana) que han unido sus vidas gracias al debate, llegando incluso a ganar una competición a nivel nacional (se celebró en Córdoba del 28 de febrero al 2 de marzo), donde se trataba de debatir y confrontar ideas para acordar o disentir ante centenares de estudiantes de varias universidades nacionales, imponiéndose en la final a la Universidad Pontifica de Comillas. Ana Messa, Andrea Alonso, Adriana Vázquez y Cristina Negro nos relatan cómo llegaron a este momento partiendo de realidades vitales bien distintas, desde trayectorias alejadas.

Para ello se han esforzado por conocer y aplicar las técnicas precisas, no solo por el mero placer de emplear una oratoria adecuada al debate, el fin va más allá. Estas chicas pretenden ampliar sus capacidades comunicativas y ponerlo en práctica en todos los ámbitos de sus vidas cotidianas, ya sea en el social, personal o incluso laboral.

Sus experiencias nos indican que esa comunicación que todos necesitamos de manera continua, incluso con nosotros mismos, se puede perfeccionar con el esfuerzo y con el aprendizaje de técnicas específicas. Ellas tienen claro que debatir no significa imponer sus ideas, sino saber expresarlas para que su mensaje sea claro para el interlocutor; pero también significa el aprender a descifrar correctamente el mensaje que dicho interlocutor les envía.

El entusiasmo con el que estas cuatro estudiantes nos invitan a conocer sus vivencias en el proceso de aprendizaje ofrece una interesante mirada hacia las posibilidades que esta generación tiene para mejorar un aspecto de tanto valor como es la comunicación de las ideas.

Gracias a Cánovas Fundación, «dedicada a formar a jóvenes con dotes de liderazgo y de oratoria», según Cristina Negro, se conocieron todas y estrecharon lazos. Ahora prácticamente son como una familia. Curioso, jóvenes interesadas en el debate, un ámbito algo desconocido y áspero para las personas pertenecientes a la generación Z. Pero ellas vieron una oportunidad de futuro y se lanzaron a probar la experiencia. Ahora siguen vinculadas a Cánovas Fundación de alguna forma. La dirección de Cánovas Fundación apuesta por equipos multidisciplinares para enriquecer el trabajo conjunto. El equipo Cánovas-UMA estudia diferentes grados y máster; Dirección y Administración de Empresas, Derecho, Periodismo y Psicopedagogía. Y apuestan por la argumentación, la oratoria y el liderazgo.

Ana Messa. Estudiante de Dirección y Administración de Empresas «Hemos aprendido a saber escuchar y a valorar otras ideas»

Esta malagueña de 21 años comenzó en la escuela de Debate de Cánovas Fundación cuando ingresó en la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales para estudiar Administración y Dirección de Empresas.

Es una joven con las ideas muy claras. Se lamenta de que «el estereotipo del debatiente se reduzca al ámbito político, o incluso de la comunicación». Considera que el espíritu crítico o poder hablar en público es necesario en cualquier profesión, ya sea en derecho, para ejercer como profesora o incluso para dirigir una empresa.

Para ella es clave la confianza, pero no es necesaria tenerla desde un principio. «La confianza llega cuando vas debatiendo y te ves capaz. Se va ganando con el paso del tiempo, la vas desarrollando cuando ves que puedes hacerlo», afirma Messa.

Estamos acostumbradoa a ver cómo los jóvenes se reúnen para pasar un buen rato, quizás en un bar, en una discoteca, o simplemente dando un paseo por la ciudad. Por eso, Ana entiende que se pueda ver un poco friki que existan personas que quieran ir a torneos de debates en sí, pero cree que una vez que uno lo intenta, o ve en qué consiste, se da cuenta de que es mucho más que eso. «Son personas con inquietudes, que se plantean cosas, que ayudan con distintos puntos de vista. Es algo que todo el mundo debe intentar alguna vez en su vida, la experiencia te aporta seguridad en muchos sentidos».

En cuanto al proceso de preparación para la competición, Ana asegura que tuvieron la suerte de que en Cánovas Fundación hay muchas personas debatiendo con más experiencia que ellas. Siempre compartían sus ideas y les aportaban visiones diferentes, «Sobre todo hemos aprendido a saber escuchar, a ceder y aprender que nuestras ideas no siempre son las mejores».

Una de las experiencias que más le ha marcado ha sido poder dar clases a niños.

Adriana Vázquez. Estudiante de Periodismo «El equipo es fundamental, ayuda a tener más confianza en ti misma»

Sevillana de nacimiento, residente en la Costa del Sol. Adriana, de 22 años, cursa el último año del grado de Periodismo en la Facultad de Ciencias de la Comunicación.

Considera crucial el trabajo en equipo, ya que fue lo que les aseguró tener una línea fuerte en el torneo. «Suena muy cursi, pero el equipo es muy importante. El estar debatiendo y justo en ese momento mirar a la mesa y ver a tus compañeras te da mucha seguridad. Yo en Córdoba tenía momentos de bloqueo, miraba a Ana, le decía que no podía y ella me ayudaba. No pasa nada si te equivocas, somos cuatro personas, alguna podrá echarte una mano».

Adriana recuerda el campeonato, del que finalmente salieron invictas en todos los debates, como el resultado de un largo proceso de preparación, aunque en ocasiones el resultado no era el esperado. «La fase de grupos fue dura porque no nos salían los debates como nosotras queríamos o sabíamos hacerlo. Era difícil esa situación en la que éramos conscientes de que podíamos hacerlo mejor y teníamos que actuar rápido».

«Creo que se necesitan muchas ganas. Yo era una persona muy tímida, y me daba muchísima vergüenza hablar en público, pero si le pones entusiasmo, al principio te puede salir un poco mal, luego vas mejorando. Todo el mundo puede aprender a debatir, hay que echarle tiempo y ganas». La ilusión es un requisito fundamental para poder desenvolverse bien en los debates, independientemente del rol que se te asigne, ya sea introductor, refutador o conclusor.

Parece lógico que esta futura periodista incorpore todas las competencias que ha adquirido durante su experiencia en la Escuela de Debate a su vida profesional, pero asegura que sus compañeras también harán lo propio. «Es inevitable aplicar lo que hemos aprendido. Saber expresar tus ideas y argumentarlas puede aplicarse a cualquier aspecto de tu vida».

Cristina Negro. Estudiante de máster de Psicopedagogía «Las clases de oratoria y debate deberían ser obligatorias»

Cristina Negro fue la última de las chicas en entrar a la Escuela de Debate de Cánovas Fundación, ingresó cuando ya cursaba Magisterio de Educación Primaria recomendada por su prima. Actualmente ocupa la mayor parte de su tiempo al Máster de Psicopedagogía y es responsable de la Escuela de Debate Universitario en la fundación.

«La clave del éxito ha sido el ser sinceras y hablar entre nosotras para pensar siempre por el bien del equipo». Aunque confiesa que tuvieron un problema a la hora de asignarse los roles, y es que todas se sentían más cómodas en el papel de refutadoras, que consiste en demostrar los errores de la argumentación contraria. Pero claro, en todo equipo necesitaban además la figura del introductor y el conclusor, así que finalmente lo echaron a suertes.

«Para mí el V Torneo Nacional de Debate Universitario fue muy especial porque estuvimos las cuatro juntas, íbamos con muchos amigos, y como experiencia es una de las que más me ha marcado, no tanto el hecho de ganar, que es lo de menos». Ante la pregunta de si repetirían la experiencia, tras un breve silencio Cristina dijo que deberían sentarse tranquilamente a discutirlo todas, pero que seguramente asistirían a otro torneo.

Remarcó la importancia de tener confianza en uno mismo. «Mucha gente no evoluciona porque dice que se bloquea. Si tú tienes confianza y te dices a ti mismo que puedes con ese miedo, te aseguro que puedes, solo hay que creérselo». Sin ir más lejos, a ellas les ocurrió algo parecido en el campeonato de Córdoba, «al principio lo pasamos fatal y comenzamos a disfrutar conforme pasábamos cada ronda».

Como profesora tiene las ideas muy claras, y defiende a ultranza que las clases de oratoria y debate deberían ser obligatorias en la universidad o en el colegio, porque al final sirven mucho para tu vida, para el día a día.

Andrea Alons. Estudiante de Derecho «Nadie nace siendo un buen orador, hay que practicar»

Andrea Alonso nació en Málaga en 1998 y estudió en el Colegio San Estanislao de Kostka, curiosamente en la misma clase que Ana Messa. Ellas se conocían antes de entrar en Cánovas Fundación, y una vez en la Escuela de Debate formaron equipo con Adriana y Cristina. Ahora todas forman una pequeña familia.

«Nadie nace siendo un buen orador, tienes que ponerlo un poco en práctica. Hay que quitarse el miedo, probar la experiencia de ir a los torneos y confiar en ti mismo». De hecho, ella misma confesó que es muy insegura y que cuando empezó a adentrarse en el mundo del debate le daba pánico hablar en público. «Casi todo el mundo que se apunta al principio le da pánico, vienen a aprender, y mira, pueden acaban ganando un campeonato», como fue su caso.

Pero no todo ha sido un camino de rosas, porque en el propio equipo el exceso de confianza se volvía, en ocasiones, en su contra. «Chocábamos a diario cuando preparábamos los debates. Pero cada torneo es una experiencia diferente porque son distintas ciudades, personas... Puedes vivir muchas experiencias pero cada una tiene algo especial».

Sí es cierto que las cuatro chicas fueron bastante negativas durante la competición, «muchas veces como tú piensas que lo has hecho no se corresponde con la realidad. Al final no perdimos ningún debate, los ganamos todos. Sabemos trabajar muy bien juntas».

«Yo estudio derecho y todo en lo que me quiero especializar prácticamente es hablar en público, por lo tanto el debate me viene muy ligado». Andrea ha ganado mucha seguridad en sí misma y tiene muy claro que integrará todo lo aprendido a su vida profesional.

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