Prácticas que acaban con la firma de un contrato

Cristina Guevara, en su despacho de Safamotor. /
Cristina Guevara, en su despacho de Safamotor.

Las becas Santander, que pueden solicitarse hasta el 31 de enero, impulsan la inserción laboral de los alumnos

MARIVÍ MORILLA

Cristina Guevara, almeriense de 24 años licenciada en Administración y Dirección de Empresas y Economía. Marcos Hernández, también almeriense de 25 años casi licenciado en Ingeniería de Telecomunicación. Y David Azuaga, malagueño de 23 años licenciado en Educación Primaria. A los dos primeros les une la ciudad de origen y a los tres, la universidad elegida para estudiar: la de Málaga. Además, estos tres chicos tienen otro punto en común. Han podido acceder a una de las becas Santander-CRUE que la entidad ofertó en Málaga en marzo del año pasado. «A algunos compañeros míos les habían concedido la beca así que la eché por si también me llamaban», cuenta Cristina Guevara. A esta joven su vocación le llegó de pura casualidad. «No sabía qué hacer y vi que la doble licenciatura en Administración y Economía era de las que más salida tenía, y me decidí», señala la joven.

Este programa de becas está orientado a complementar la formación de los universitarios a través de un contrato de prácticas de tres meses de duración en pequeñas y medianas empresas. Cristina acabó su carrera en septiembre y trabaja desde octubre en uno de los concesionarios de Safamotor de Málaga. Empezó en el departamento de Calidad y ahora desempeña tareas de caja, contratos de coches de sustitución y atención telefónica. «Al principio tenía pocas tareas, pero cuando me dieron más trabajo fui aprendiendo mucho», expresa Cristina.

Pasados los tres primeros meses -en los que es el Banco Santander el que paga íntegramente a los estudiantes-, la jefa de departamento le comunicó a Cristina que la iban a renovar tres meses más -en los que los 600 euros mensuales corren ya a cargo de la empresa-. «Me gusta estar aquí pero estoy echando currículos para ver si opto a un puesto mejor porque yo vivo en Málaga sin mis padres y necesito más dinero», apunta la almeriense.

Marcos Hernández también dejó Almería para venir a estudiar a Málaga y le queda tan sólo una asignatura y el proyecto para ser ingeniero de Telecomunicación. Al igual que su paisana, empezó a trabajar el pasado mes de octubre con una beca Santander en Aeorum, una empresa de ingeniería dedicada a la consultoría de proyectos de investigación. «Compañeros de otras universidades andaluzas me comentaron lo de la beca y decidí solicitarla porque tenía muchas ganas de empezar a trabajar», cuenta el joven, quien desarrolla en la empresa tareas de desarrollo tecnológico e I+D.

El año acabó bien para Marcos porque el 31 de diciembre le comunicaron su renovación tres meses más. «Siempre pienso que hay que esforzarse en el trabajo que hagas. Si lo haces bien, te quedas y si no, te vas», apunta Marcos. El joven está muy contento con su primera experiencia laboral porque considera que Aeorum es una de las mejores opciones laborales que hay actualmente. «Son unas prácticas que a cualquier ingeniero le gustaría tener porque toca muchos ámbitos. Lo que hago me encanta y eso es una suerte», confiesa el almeriense.

La suerte del contrato

David Azuaga empezó a trabajar en julio con una beca Santander. «Estaba buscando trabajo en Internet cuando de casualidad llegué a la web del Santander y vi lo de las becas», cuenta David. En la oficina de orientación de la UMA le dijeron que para Magisterio y Psicopedagogía no solían salir muchas prácticas, ya que el joven también estudió un módulo de Psicopedagogía. Cuando tenía la esperanza perdida, llegó la empresa con la que ahora tiene un contrato de interinidad. Se trata de Aidei, una empresa promovida por la Asociación Arrabal-AID que fomenta la inclusión sociolaboral de personas en riesgo de exclusión. «Hice las prácticas de Psicopedagogía en esta empresa y cuando se enteraron de que había solicitado una beca, me llamaron», señala David.

El joven trabaja como monitor de refuerzos educativos en un colegio de La Roca con niños de familias en riesgo de exclusión. «Esto es como si fuera un máster. Estoy poniendo en práctica todo lo que he aprendido en la carrera», explica. David superó con tanto éxito los tres primeros meses de trabajo que ahora tiene un contrato de interinidad cubriendo la baja maternal de una profesora. «Me gustaría seguir aquí porque estoy aprendiendo cosas nuevas como orientación laboral».

Pasados los primeros meses de experiencia laboral todos vuelven a tener algo en común: las ganas por conseguir un contrato en las empresas, aunque como dice Marcos Hernández, «si valgo, habrá alguna posibilidad de quedarme y si no valgo, harán bien en no renovarme».

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos