Cómo encontrar motivos para vivir

Noelia Espinosa (derecha), con el grupo de terapia del programa 'Razones para vivir'./Fernando González
Noelia Espinosa (derecha), con el grupo de terapia del programa 'Razones para vivir'. / Fernando González

Así se trabaja en el programa de prevención del suicidio de la asociación Justalegría

Ana Pérez-Bryan
ANA PÉREZ-BRYAN

Una ruptura de la pareja, una situación de exclusión social, un paro prolongado, problemas familiares, una depresión... la carga excesiva en esa mochila cotidiana que arrastra el ser humano en momentos puntuales de la vida puede llevar al pensamiento de que es mejor terminar con todo. Decir basta. Ahí es cuando entra en juego la idea del suicidio. Y también la de las soluciones, siempre vinculadas a la necesaria búsqueda de herramientas para afrontar los problemas más allá de esos márgenes oscuros.

«Es entonces cuando se hace más necesario trabajar con las fortalezas personales para superar ese vacío emocional y ese riesgo de suicido». Quien habla es Noelia Espinosa, psicóloga y coordinadora del proyecto 'Razones para vivir', que desde finales del año 2013 trata de buscar esas segundas oportunidades de la mano de la asociación Justalegría. La eficacia de este programa está avalada en cifras: desde que se pusiera en marcha, cerca de medio centenar de personas al año se han sometido a sus terapias de doce sesiones –a razón de una a la semana– para hacer frente a la que desde 2008 es la primera causa de muerte no natural en España. En esta lucha contra el suicidio, Justalegría ha encontrado el espaldarazo de la Obra Social de 'La Caixa', que ha distinguido a esta iniciativa con su Premio de la Innovación Social, impulsado en el marco de su Programa de Ayudas a Proyectos de Iniciativas Sociales y con una dotación de 15.000 euros.

El proyecto 'Razones para vivir' ha sido distinguido con el premio de La Caixa a la Innovación Social

«Uno de los aspectos más importantes de nuestros programas consiste en colocar a la persona en el centro de la intervención. Considerar a la persona de forma individual (su historia personal) y de manera colectiva (sus vínculos en una comunidad)», explica la directora del Departamento de Colaboraciones con Entidades Sociales de la Obra Social de 'La Caixa', Joana Prats. En esa estrategia que avanza en ambos frentes, la entidad tutela iniciativas no sólo relacionadas con la prevención de conductas suicidas, sino con aspectos más amplios que tienen que ver «con la pobreza infantil, el empleo, la vivienda, las personas mayores, los enfermos o la interculturalidad», avanza la directiva de La Caixa.

En el caso concreto de 'Razones para vivir', Espinosa explica que el programa se asienta no sólo en la información y asesoramiento a personas en riesgo: también avanza en la formación de profesionales, en la terapia grupal (o escuela de fortalezas personales), en la sensibilización social o en la investigación. «Dentro de esas diez fortalezas, trabajamos con la gratitud, el perdón, la pasión por aprender, la constancia, la prudencia, la regulación emocional, el optimismo o la espiritualidad», enumera la especialista de Justalegría y conductora de las terapias.

La terapia trabaja diez fortalezas, entre ellas el perdón, la gratitud o la pasión por aprender

A estos grupos de apoyo asisten desde hace semanas usuarios como Rosa María Mora, de 56 años. Su situación familiar, con una madre y un suegro con graves problemas de dependencia, le animó a dar el paso y a sumarse a la búsqueda de estas fortalezas personales para sobrellevar su condición de cuidadora. «Los conflictos no se han solucionado, pero sí he conseguido estar más centrada en mí, más tranquila, y así también estar mejor con los demás», admite poco antes del comienzo de una de las sesiones con otros compañeros. Junto a ella se sienta Maribel Sánchez, de 62 años, que conoció el programa 'Razones para vivir' de la mano de una administrativa de la asociación: «Tengo muchos conflictos y ataduras, la vida me ha dado muchos golpes y necesitaba encontrar mis habilidades para descubrir que en realidad tengo ganas de tirar para adelante», admite.

Rosa María y Maribel son el ejemplo de que cada uno «tiene que encontrar su momento para dar el paso», constata Espinosa, quien abunda en la idea de que también para este tipo de ayuda «hay que estar preparado y ser consciente de que quieres un cambio». Así se consigue «adquirir esas fortalezas y resolver los problemas de una manera diferente», añade la psicóloga de Justalegría.

El perfil de los usuarios de este programa de prevención del suicidio suele ser el de una persona de unos 30 años, aunque los grupos de riesgo se fijan con claridad en dos tramos de la vida: entre los 15 y los 29 años y a partir de los 65. «En el 90% de los casos también hay un trastorno mental o diagnósticos de depresión mayor, aunque eso no quiere decir que ambos cuadros tengan que estar relacionados con el suicidio», acota Espinosa, quien termina con un mensaje en positivo: «Siempre hay motivos para vivir. Sólo hay que saber encontrarlos». Y dejarse ayudar.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos