Fran Perea, actor y protagonista de la obra 'Fedra': «Hacer televisión resta años de vida»

El malagueño, que ultima su regreso discográfico, comparte cartel con Ana Belén en en una nueva versión del clásico que llega al Festival de Teatro

Fran Perea y Ana Belén representarán en el Teatro Cervantes el mito griego de 'Fedra'. ::
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Fran Perea y Ana Belén representarán en el Teatro Cervantes el mito griego de 'Fedra'. :: SUR

No huye de la televisión, pero quiere «dosificarla». Admite que tras años como rostro habitual de la pequeña pantalla ('Al salir de clase', 'Los Serrano'), necesitaba reencontrarse y volver a la raíz de todo, al teatro... y al clásico. Fran Perea se recorta la melena que lucía como el seductor Don Juan en 'El burlador de Sevilla' para transformarse en el desdichado Hipólito, el personaje de la mitología griega por el que Fedra, su madrastra, pierde la cabeza. El malagueño -que ultima para este año su regreso a la música- comparte cartel con la polifacética Ana Belén en esta versión de 'Fedra', que del 22 al 24 de enero se representa en el Cervantes dentro de la programación del XXVII Festival de Teatro.

-Vuelve al Cervantes. Los nervios ya serán menos...

-No creas. Yo siempre que voy allí me pongo nervioso. Es mucha responsabilidad porque quieres gustar mucho a tu gente. Pero la función está muy rodada y, cuando pisas el escenario, se te quita todo.

-¿Ha logrado ya sentirse seguro sobre el escenario?

-Hay días que dudas, y eso es bueno porque te hace crecer. Nunca debes estar seguro del todo.

-¿Conoce ya el teatro Echegaray?

-Lo recuerdo como cine de cuando era pequeñito. Todavía no he tenido oportunidad de verlo, pero me han hablado maravillas. Un día de Navidad pasé por allí, y pensé «si está abierto me meto aquí a que me lo enseñe quien sea», pero estaba cerrado. Tendré que esperar... quizá para actuar en él.

-Su personaje, Hipólito, vive un amor imposible, ¿conoce esa sensación?

-¡Claro que sí! El amor de Hipólito nunca será posible porque él se lo impide a sí mismo; y en mi caso, a veces también tienes que reprimir ciertas cosas porque la situación no te lo pone fácil, pero usando la cabeza se llega a buen puerto.

-¿Es muy racional?

-Intento buscar el equilibrio, otra cosa es que lo consiga (risas). No podría decir si soy más racional o visceral... pero, de vez en cuando, se me escapan por los extremos.

-¿Qué tal es Ana Belén como compañera?

-Ha sido un encuentro estupendo. Es una mujer muy generosa sobre el escenario, y como persona es un encanto. Gusta mucho estar con ella.

-¿El dúo teatral podría convertirse en dúo musical?

-No nos lo hemos planteado, pero quien dice que en el futuro no podamos hacer alguna cosita juntos. Las ganas están.

-¿Cantan en los camerinos?

-De vez en cuando, pero estamos más centrado en lo que nos ocupa.

-¿2010 será el año de su regreso a la música?

-Espero que sí. En principio será en abril, pero no depende sólo de mí, sino de otros muchos factores. Lo que no tengo son prisas ni ganas de sacarlo precipitadamente. Es un proyecto que he hecho con mucho cariño durante mucho tiempo y no me importa esperar. Cuando sea el momento, lo sacaré. Más ganas que yo no tiene nadie (risas).

-Tal y como está la música, ¿le apetece meterse en eso?

-Sí que me apetece. Es un proyecto muy personal, lo estoy intentando hacer yo todo, porque tenía ganas de ver qué pasa si no dependes de una discográfica.

-¿Le preocupa no gustar?

-¡Hombre! Cuando uno abre un bar quiere que la gente vaya a tomar café. Sí me importa y me gustaría que el disco llegara a la gente, pero es algo que no puedo controlar.

-Recién cumplido los 30, hace algo más de un año, decía que no los llevaba bien... ¿crisis superada?

-¡Era una broma! Es una edad estupenda, pero es cierto que cuando te toca cumplirlos piensas «ya se me han acabado los veintitantos...». Es una edad en la que, muchas veces, te sorprendes de que la vida te otorga experiencia. Además, hoy se es joven hasta incluso los 40... Yo ya lo voy diciendo para ir mentalizándome (risas).

-¿Cómo ve a los jóvenes de su generación? Es de los privilegiados que se libra de ser mileurista...

-Lo bueno que tengo es que nunca he perdido el contacto con la realidad. Aunque he tenido un buen sueldo, nunca he tenido excesos ni me los he gastado en vicios raros... Y luego, estoy muy en contacto con mis amigos de toda la vida y observo lo que está pasando. Veo que es una generación que ha tenido mucho, porque venimos de una época en la que hubo un cambio muy fuerte -el final de la dictadura y el principio de la democracia-, que nos hemos beneficiado de él y que siempre queremos más. No digo que no esté bien, pero creo que falta participación en ese querer más y preocuparse más por la política. Por otro lado, es una generación con mucho potencial porque estamos muy bien formados.

-Para muchos 'la generación del botellón' tiene muy mala fama.

-No pienso que el estar de copas sea incompatible con hacer cosas muy buenas. Han ido cambiando las formas de ocio, y la nuestra llegó a ser el botellón.

Con «juicio crítico»

-Pilar Bardem dijo en referencia a los artistas que, como usted, apoyaron a Zapatero: «yo no soy de los de la ceja, y a quien lo diga lo mato». ¿Se sintió ofendido?

-Para nada, cada uno tiene su opinión y eso es lo maravilloso de expresar las ideas.

-¿Mantiene firme su respaldo a Zapatero?

-Sigo teniendo las mismas ideas, pero no soy una persona sin juicio crítico, y hay cosas que me gustan más y cosas que menos. Pero eso es para otra conversación.

-¿Echa de menos un papel protagonista en televisión?

-La verdad es que no. Si llega uno estupendo y maravilloso... por supuesto que lo valoraré, pero mi prioridad en estos últimos dos años ha sido el teatro. Necesitaba volver y reencontrarme después de tantos años de televisión. Me han llegado muchísimos proyectos, pero he decidido no hacerlos.

-¿Le llegó a quemar la televisión?

-Cuando me quemó mucho, me fui (risas). La tele está muy bien, es un entrenamiento estupendo que crea una industria que no crea el cine, pero también hay que dosificarla porque resta años de vida.

-¡Tanto agota!

-Sí, es un ritmo muy exigente. Se trabaja muchísimo y se somete a los equipos de producción a jornadas interminables.

-¿Y qué hay del cine?

-Han llegado proyectos muy interesantes también, pero no he podido encajarlos. A veces pienso ¡ojalá me pudiera clonar! para hacerlo todo. He hecho un par de cortos y la semana que viene tengo un pequeño cameo en la peli de Álex de la Iglesia.

-Ha tenido que aprender a decir que no muchas veces...

-Sí, hay que aprenderlo, y no es fácil.

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