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Así será el futuro Museo de Málaga

CULTURA Y ESPECTÁCULOS

Así será el futuro Museo de Málaga

El responsable del diseño interior de la Aduana revela cómo será la pinacoteca

06.04.14 - 02:04 -
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Así será el futuro Museo de Málaga
Recreación de los nuevos espacios contemplados para la sección de Bellas Artes del museo. :: Sur

«¡Luz, más luz!», dicen que pidió Goethe en su lecho de muerte. Iba el escritor alemán hacia un lugar desconocido y quería ver claro aquello que le aguardaba. Luz, faro y reclamo, pero también peligro, sobre todo para las obras de arte impregnadas de pigmentos. Porque la luz solar se come, de manera literal, el color de las pinturas. Esa misma luz que entra a raudales por las 72 ventanas que rodean el palacio de la Aduana.

Un caudal que han debido domar los responsables de Frade Arquitectos, el estudio encargado de diseñar el proyecto expositivo del Museo de Málaga, cerrado desde hace 17 años y cuya apertura está prevista para el último trimestre de 2015. Frade Arquitectos también firma la espectacular reconversión del Museo Arqueológico Nacional (MAN) inaugurada hace unos días. «Hemos puesto el museo en el siglo XXI», avanza el arquitecto Juan Pablo Rodríguez Frade, quien añade: «El Museo de Málaga tiene unos contenidos parecidos, porque cuenta con Arqueológica y Bellas Artes, a una escala menor, así que haber hecho el Museo Arqueológico Nacional nos han servido de entrenamiento intenso y estupendo». En las siguientes líneas, Rodríguez Frade repasa algunas de las claves de la transformación de la Aduana en la sede del museo provincial. Unos trabajos que el Gobierno espera comenzar este mismo verano.

Las nuevas tecnologías

Un recurso al servicio de las colecciones

«Aunque hay 50 audiovisuales, el impacto de las nuevas tecnologías en el Museo Arqueológico Nacional no es muy grande, hay que buscarlos. Es un museo muy luminoso donde la tecnología pasa bastante desapercibida», advierte Rodríguez Frade sobre su proyecto más reciente.

«Es un modelo que nos gustaría aplicar en Málaga -sigue el arquitecto- con tecnología que no se vea, para que el valor principal esté en las colecciones. Apostar sólo por la tecnología no es bueno, porque la tecnología avanza a una velocidad enorme, es muy cara de mantener y queda obsoleta en muy poco tiempo. Al final el visitante se puede quedar más con el alarde que con el contenido y ese es un peligro que preferimos no correr. Pretendemos que la gente se emocione con las piezas y la tecnología está al servicio de entender esas colecciones».

El discurso expositivo

Nuevos espacios para ganar superficie y reducir la luz

El palacio de la Aduana ofrece 18.402 metros cuadrados construidos después de su rehabilitación. Frade Arquitectos se ha enfrentado a más de 30.000 metros cuadrados en la actualización del Arqueológico Nacional y aun así, reflexiona: «El palacio de la Aduana es un edificio enorme, muy importante en Málaga y muy querido por todos los malagueños. Hay dos plantas de colección permanente, una dedicada a Arqueología y otra a Bellas Artes y no es un edificio sencillo por dos motivos: primero porque al tener un patio central, todas las salas tienen luz, así como ventanas hacia afuera y hacia el interior y eso no te permite exponer mucha obra. Tienes o que cegar las ventanas o bien dejar muy poca superficie expositiva».

Un reto al que Frade y su equipo han respondido con una solución imaginativa: «Hemos ideado un recurso que es bastante singular y novedoso y que tenemos mucha ilusión por desarrollar en el Museo de Málaga, que consiste en unas cajas puestas en estos espacios, que rememoran y son una reinterpretación de la museografía del siglo XIX, como si fueran pequeñas pinacotecas insertadas dentro del edifico».

«Es una solución que no va a dejar indiferente a nadie, porque hemos aumentado muchísimo la superficie expositiva, recuerda levemente a los museos del siglo XIX, en la que se centra la colección fantástica de Bellas Artes del Museo de Málaga y nos parece que retomar esa tipología del siglo XIX bajo la lectura de lo que conocemos ahora mismo es muy interesante. Así, los inconvenientes que tiene el edificio, que los tiene, los hemos vuelto a nuestro favor», acota el arquitecto, que aporta nuevos detalles sobre ese elemento constructivo en el discurso expositivo del Museo de Málaga, que sirve para crear nuevos compartimentos en la primera planta que irá dedicada a la sección de Bellas Artes.

«Son cajas neutras y dentro construimos diferentes salas con tipologías clásicas de pinacotecas y diferentes perspectivas para que, en cada una de ellas, un cuadro tenga una posición predominante. Cada sala puede tener un color diferente y esas cajas impiden que la luz exterior entre y perjudique las obras de arte; pero por el otro lado el visitante que va por fuera de esa caja puede mirar las diferentes perspectivas de la ciudad en cada una de las fachadas exteriores. Con esta solución somos muy respetuosos con el edificio y creamos unos espacios que son muy adecuados para exponer la obra», esgrime el responsable del proyecto museístico de la Aduana.

«Son elementos que si el visitante va por fuera de ellos tiene los recursos interactivos para entender las colecciones y si entra en las salas, descubre las pinturas que custodian en la zona de Bellas Artes», explica Rodríguez Frade, al tiempo que limita el uso de este recurso a la primera planta del edificio.

«En la sección de Bellas Artes ubicamos estas cajas porque las pinturas son muy sensibles a la luz y no necesitan tanto apoyo informativo. En las salas de Arqueología (en la segunda planta) las piezas son menos sensibles a la luz ultravioleta y como también se explican menos, porque no son tan contemplativas, requieren muchos más recursos de gráficas, maquetas... ahí buscamos una solución diferente», esboza Rodríguez Frade.

Mobiliario y paredes

Una actualización del corte clásico y distintos colores

«Intentamos centrarnos mucho en la intención de los responsables de la institución, en este caso, de la directora María Morente y del equipo del museo. La intención de todo el proyecto es descubrir lo que el museo nos transmite», establece Rodríguez Frade.

En el caso del Museo Málaga, el diseño de Frade Arquitectos plantea «una recreación del mobiliario clásico desde una lectura contemporánea», al tiempo que apuesta por «salas con diferentes colores en función de las piezas que se exhiban».

La planta baja

Muestras temporales y almacén visitable

Rodríguez Frade destaca de la sala dedicada a las exposiciones temporales prevista en la planta baja de la Aduana sus grandes dimensiones. «Es muy impactante y muy potente arquitectónicamente», atisba el arquitecto, antes de detenerse en otra de las novedades que ofrecerá el nuevo museo provincial: «Hay una sala de almacén visitable de gran altura, donde las colecciones que no se expongan de forma permanente se muestran para el visitante más especializado, donde aparecen peines de cuadros y vitrinas con piezas de arqueología, si bien no está previsto que se incluya en la visita convencional al museo»

El patio central

El museo sale a la ciudad y la ciudad entra en el museo

«Se puede acceder desde la planta baja y no es necesario sacar la entrada para entrar y salir de él. Es un espacio más de la ciudad, a resguardo, en el que la ciudad entra en el museo y el museo sale a la ciudad», ejemplifica el arquitecto. Además, en ese punto de encuentro, el visitante –o paseante– encontrará información sobre los restos arqueológicos hallados durante la construcción del palacio de la Aduana, tal y como adelanta Rodríguez Frade, que aporta: «Es además una parte muy importante del museo, porque va a tener mucho uso en una ciudad como Málaga».

Las señas de identidad

La luz y la puesta en escena de la colección de pintura

«Para mí la colección de pintura es extraordinaria y va a tener una puesta en escena muy, muy singular. Única. No se parece a ninguna museografía que conozca y creo que va a ser la seña de identidad de este nuevo museo», vaticina Rodríguez Frade, que resume la vocación del futuro equipamiento como «un museo luminoso y muy atractivo».

«La luz ha sido uno de nuestros caballos de batalla –ilustra Rodríguez Frade–. Málaga es una ciudad con una luz impresionante y con muchísimos días al año de sol y eso es un factor que, aunque puede ser muy positivo, en un museo es un enemigo bastante fuerte, puesto que se come el color de las obras de arte de una manera irreversible. La luz hay que entenderla, hay que dominarla, pero tampoco hay que temerla. El visitante debe saber dónde se ubica, si es de día o de noche, qué tiempo hace fuera... Somos muy enemigos de los museos como cajas negras. Hay que conjugar que la obra esté muy bien conservada y que el visitante no pierda esas referencias exteriores que en el Museo de Málaga son maravillosas». Sea.

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