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Fachadas de museo

MÁLAGA

Fachadas de museo

28.10.12 - 02:15 -
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Para visitar este museo no hace falta pagar entrada. Basta con tener tiempo, ganas de dar un buen paseo por el Centro de Málaga e interés por dejarnos sorprender por lo que contaron nuestros antepasados mediante pinturas murales en las fachadas de sus casas. Después de tres lustros promoviendo la recuperación de los dibujos y arquitecturas fingidas que decoraron los edificios de la ciudad allá por los siglos XVII y XVIII, la Oficina de Rehabilitación del Centro Histórico del Ayuntamiento, dependiente del Instituto Municipal de la Vivienda (IMV), ha diseñado tres rutas para aquellos que quieran conocer la historia que ocultan una treintena de inmuebles.
Aunque los recorridos no han sido empleados aún a nivel turístico para ofrecerlos mediante folletos -en varios idiomas- en las oficinas de turismo de la ciudad, los responsables de la oficina creen que podrían ser una buena herramienta para contribuir a la promoción de la ciudad y ofrecer un producto singular a los visitantes. Así lo considera su director, Francisco Bravo, quien destacó que las subvenciones que el IMV ha otorgado en los últimos años para la recuperación de estas pinturas ha servido para que sean cada vez más valoradas por los propietarios de los edificios. «El ejemplo lo tenemos en las que recientemente han sido recuperadas en una fachada de la calle Compañía, justo frente al Museo Thyssen, que se han sacado a la luz bajo el coste y responsabilidad de sus propietarios», expuso.
La primera de las rutas parte de la Alameda Principal, junto a la Oficina de Turismo de la plaza de la Marina, desde donde podrían difundirse estos recorridos, y recorre los entornos de las iglesias de San Juan y de los Santos Mártires. «Son zonas en las que la renovación arquitectónica que se dio a la ciudad en el siglo XIX no cuajó demasiado, lo que ha permitido que las pinturas lleguen hasta hoy», explicó Lola Tuduri, técnico de la oficina encargada de estos temas.
Uno de los mejores ejemplos de esta ruta es el número 12 de la calle Panaderos, cuya decoración puede ser admirada en toda su plenitud gracias a la demolición de uno de los edificios de la fachada norte de la Alameda Principal. «Es para verla de cerca. Hay muchos detalles que escapan a los viandantes», comentó. Muchas de estas decoraciones eran encargadas por personas que habían hecho fortuna en las Américas y las utilizaban como un signo de ostentación. Es posible que las de la calle Panaderos pertenecieran a un comerciante marino que había cruzado el Atlántico. En una de ellas se observa un búfalo o toro junto a una planta de desierto, que bien podría asemejarse a un paisaje del oeste americano, e incluso tiendas con la antigua bandera de la marina, la actual enseña nacional. «También hay un monstruo marino con un hombre en sus garras, que puede ser una representación de las penurias y los miedos que debieron pasar en los viajes oceánicos de aquella época», apuntó.
El número 7 de la calle Mártires debió pertenecer a un masón que también se enriqueció gracias el comercio con las Américas. En su decoración aparece una especie de indio con su pluma y arco para disparar flechas, así como la escuadra y el cartabón de la masonería.
Extraídas y almacenadas
Pese a las numerosas pinturas murales rescatadas en los últimos años, todavía son muchas las que quedan por descubrirse. Algunas de ellas han sido extraídas de edificios que han sido derribados y están guardadas en almacenes de las empresas de restauración a la espera de que los propietarios de los solares vuelvan a edificar en ellos para reintegrarlas. Es el caso de las que se sacaron del número 9 de la calle Marqués, un edificio que daba a la plaza de la calle Camas y que destacaba por la frondosidad de plantas de su balcón. Aquí aparecieron dibujadas imágenes religiosas como una Inmaculada Concepción y la Santísima Trinidad, así como jarrones en pedestales. Igualmente, destaca el caso del número 32 de la calle Pozos Dulces, de donde se levantó una escena en la que aparecen representados unos extraños personajes de corte oriental. En la Oficina de Rehabilitación los conocen ya como 'los Reyes Magos'.
La labor para extraer las pinturas es complicada. Primero se les coloca un papel especial para protegerlas, se dividen en función de una planimetría, se cortan los trozos con una radial y se extraen arañando el enfoscado por detrás con una lámina metálica flexible.
La ruta dos parte desde la plaza de la Constitución y recorre el entorno de la calle Granada hasta llegar a la iglesia de Santiago, en cuya fachada también aparecieron pinturas. De la calle Granada destaca su número 48, la conocida como Casa del Corregidor, que perteneció a Luis de Eslava, también capitán de los lugares de Benamargosa, Benaque y Macharaviaya. En su interior destaca una hermosa bóveda decorada con pinturas al fresco en tonos turquesas, esmeraldas y azul añil. También alberga unas pinturas arrancadas de una casa de la calle Postigos que fue derribada y que datan de 1787.
Tres siglos
La mayoría de estas pinturas son del siglo XVIII, pero también las hay del XVII y del XVI. Las más primitivas eran incisiones en forma de lágrimas, luego proliferaron las decoraciones que simulaban ladrillos y, por último, las de tipo pictórico o de arquitectura fingida. Casi un ejemplo de cada una de ellas pueden observarse en las fachadas recuperadas en la calle Mártires, junto al Thyssen.
En muchas ocasiones son difíciles de detectar. Cuando el edificio en cuestión presenta características genuinas de la arquitectura malagueña dieciochesca no hay dudas, pero hay casos de inmuebles del XVIII que fueron transformados en el XIX y que aún conservan las pinturas. Es el caso de uno situado en la calle Muro de Puerta Nueva y que todavía está por rehabilitar.
El IMV confía en que la convocatoria de ayudas a la rehabilitación que se abrió el pasado miércoles, con un importe de 3,2 millones de euros, contribuya a sacar a la luz nuevas pinturas. «A los edificios que las poseen se les da más puntuación y subvención a la hora de distribuir las ayudas», explicaron desde la Oficina de Rehabilitación. Unas que se van a recuperar con aportación municipal son las de un edificio de la calle Medina Conde, junto a la iglesia de Santiago, que está en obras.
La tercera y última de las rutas planificadas hasta ahora tiene como eje la calle Carretería donde precisamente hace poco también han empezado las obras de un edificio que hace esquina con la calle Puerta de Antequera -que albergaba una farmacia en su bajo- y que también posee pinturas. Un poco más abajo pueden contemplarse las que se reintegraron en el número 23 de Carretería, y todavía están por descubrir las del número 60, sede de un centro de atención a la mujer de la Diputación Provincial.
Sorprenden por su belleza las pinturas que decoran el patio del instituto Gaona, antiguo convento de los filipenses, y las que aparecieron en la fachada del Museo del Vidrio, frente a la iglesia de San Felipe. Justo junto a este templo, hace años que la figura de un ángel 'canta' la existencia de pinturas en la fachada a la que asoma. Y es que, aunque cada vez estén más concienciados, no todos los propietarios tienen la capacidad económica como para acometer una restauración de este tipo.
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