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Un paseo por la historia del cristal

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Un paseo por la historia del cristal

06.01.12 - 01:38 -
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Entre unas calles estrechas y sin rumbo aparente, llama la atención una vistosa fachada del siglo XVIII. En su interior, se encuentra lo inimaginable para muchos: el Museo del Vidrio y Cristal. Pero no es un espacio cualquiera que solo acoge objetos de estos materiales, sino que, es una amplia colección que ronda unas 3.000 piezas entre cerámicas, lienzos y mobiliarios.
Se trata de una colección privada que el director del museo e historiador Gonzalo Fernández-Prieto fue atesorando en su casa, abierta al público para enseñar las obras que desde hace más de una década empezó a adquirir a través de iglesias, familiares y otros ámbitos privados.
No obstante, no considera completa su colección y continúa ampliándola cada vez que encuentra la oportunidad. Fernández-Prieto no cuenta con ningún tipo de subvención ni ayuda, por lo que el esfuerzo económico es muy grande, ya que deja grandes pérdidas en su bolsillo, pero que se recompensa con ver cumplido su sueño desde que era niño, según reconoció.
De repente, al entrar en esta casa la noción del tiempo cambia y rebobina hacia atrás cinco siglos. Así, el edificio está compuesto por dos plantas y varios patios interiores que une todas las habitaciones entre sí.
A partir de la decoración de cada una de las habitaciones, el visitante es capaz de ponerse en la piel de sus antiguos habitantes y recrear el estilo de vida de una familia media acomodada del siglo XVI en adelante. Principalmente, todos los muebles y objetos decorativos corresponden a la misma fecha del vidrio que se expone, por lo que cada pieza tiene una historia diferente.
En la planta de arriba, se encuentra todo lo relacionado con el cristal, que aunque parezca lo mismo que el vidrio, su fórmula química varía y hace de ellos dos elementos diferentes. De este modo, tiene un hueco reservado el vidrio fenicio del siglo VI a.C. y los avances de la era romana en cuanto a estos materiales. Por su parte, el cristal se refleja como «un hilo conductor de los espacios europeos de los años 1700», añadió el director, ya que a través de sus piezas se pueden conocer aspectos de la historia como por ejemplo, la caída de España en la economía mundial y la pérdida de su Imperio, mientras que en Inglaterra surgía la Revolución Industrial.
Gracias a la detallada y amplia descripción del mobiliario, todo firmado por los ebanistas que lo crearon, y las pinturas de las salas, no es difícil poder llegar a imaginar como se sentaba una familia inglesa en el comedor para hacer un brindis con copas que ocultaban una simbología católica en una era protestante. O por ejemplo, como tomaban la sopa el día de navidad en la primera vajilla industrial de porcelana de colores blanco y azul. Además, no solamente existen vajillas y jarrones decorativos, sino que también el visitante puede observar las lámparas de araña que cuelgan del techo e iluminan la sala de estar de la casa, mientras que en la planta los lienzos de su familia, también hacen del director una persona más cercana.
Infinitas historias como estas son las que se pueden descubrir en un peculiar museo que tiene como cimiento el sueño de su fundador: crear industria en Málaga. Así, la intención de este coleccionista se basa «en que los alfareros, ebanistas y vidrieros aprendan observando piezas del pasado para hacer el futuro», añadió Fernández.
Por otro lado, este museo no solo se dedica a una mera exposición, sino que también intenta da vida a este espacio con la creación de actividades mensuales gratuitas, donde destaca el recital de poesía de Navidad, de la mano del literario Antonio A. Gómez Yebra o algún que otro concierto de jazz. «De esta forma conseguimos dar a conocer estas instalaciones y promocionar el museo», asegura el director.
Las visitas al museo siempre son guiadas personalmente por Fernández-Prieto, el cual muestra su residencia y destapa la caja de música del cristal con entusiasmo.
El horario de visitas al público es de 11.00 a 19.00 horas, de martes a domingo, y por un módico precio de cuatro euros por persona, que baja a los 2,5 euros si el recorrido se realiza en grupo.
Sin más, al finalizar la visita el participante vuelve al siglo XXI, pero seguro que al volver a casa se preguntará qué historia puede esconder la cristaría de sus antepasados, tal y como descubren en el museo.
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Una de las habitaciones principales del Museo, ambientada en otra época gracias a su decoración. :: SUR

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