LA ROTONDA

Banderas y el Astoria

Resonaban aún las palabras del Rey de España, Felipe VI, la máxima jerarquía del Estado, definiendo a Antonio Banderas como «español universal» (y le entregaba el premio Camino Real, que ostentan unos ‘desconocidos’ como Plácido Domingo, Valentín Fuster y Pau Gasol, en el Aula Manga de la Universidad de Alcalá de Henares, una de las más antiguas y prestigiosas de España), cuando en la Casona del Parque, en pleno corazón de la ciudad que lo vio nacer y que tanto ama, los portavoces de IU y Málaga Ahora, Eduardo Zorrilla e Ysabel Torralbo, tomaban en vano su nombre haciendo chistes y ‘finas ironías’ (sic) que seguramente ni a ellos mismos les produjeron gracia. Hablar de si un proyecto va de la ‘A a la B’, o que se mida su «grado de banderismo» es sólo una muestra de la torpeza y la demagogia de unos representantes que sin tener ni siquiera el más mínimo conocimiento del proyecto (es alucinante que alguien en un pleno municipal hable de un proyecto sin conocerlo) se atreven a meterse en semejantes charcos. Sé que dirán que no iba en contra del actor; que se referían a la ‘limpieza’ del concurso, a las hadas aladas o al nuevo coche de Fu Manchú. En esta tierra siempre ha sido difícil ser profeta, pero aún más si encima estás siempre dándole cosas a la misma, consiguiendo metas, hablando bien y paseando su nombre por el planeta. Aquí hay un grupo no muy numeroso pero sí ‘jaleante’ que quisieran circunscribirlo todo a su dominado ámbito de actuación, a sus intereses personales y a sus propias cuitas, y lo hacen de forma descarada, sin que se ruboricen cual ‘muñeco Gusiluz’. Los ediles dirán, por Dios, que no han querido desacreditar a Banderas, pero lo han hecho sin querer o queriendo. Me encantaría que los beneficiados de la Fundación Lágrimas y Favores, los activos que Málaga ha conseguido por su intermediación, las personas a las que Banderas y su familia han ayudado, a los que les han dado un puesto de trabajo, pudieran hablar para callarles la boca. No lo van a hacer. Por supuesto que nadie quiere ningún concurso amañado, y el que menos, Banderas. Lo cierto es que una vez más, el alcalde, Francisco de la Torre, por ser más papista que el papa, ha montado el circo, aunque él no tenga culpa de que le crezcan los enanos. El concurso de ideas que fue anónimo debería haber sido vinculante, y punto: habría ganado el de Seguí y Banderas. Lo demás, esa absurda consulta en redes sociales o el proceso que ahora se inicia, sobraba. Tengo la suerte de conocer el proyecto (algo por lo que ni Torralbo ni Zorrilla se han interesado lo más mínimo) y les digo, como malagueño y como periodista, que ojalá salga adelante. ¿Viabilidad empresarial? Toda. ¿Que si ganará dinero? ¿Quién monta algo sabiendo si va a ganar o perder? Lo que Banderas no quiere es ni un euro público, algo de lo que muchos de sus más contumaces críticos debieran aprender. El proyecto es único, maravilloso para Málaga y dificilmente superable... Miren, Banderas puede tener defectos, como todos, pero entre ellos, desde luego, no está el de beneficiarse a costa de su tierra o intentar saltarse la legalidad. 40 años de amistad me dan licencia para decirlo.

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