EL ALFÉIZAR

Málaga, la Aduana y su museo

Finalmente el deseo del pueblo se hace realidad. La Aduana se abre a los malagueños y al mundo a través del arte gracias a un sueño hecho realidad: el Museo de Málaga. La oficina pública del Estado pensada para atender el tráfico de mercancías generado en el puerto malagueño pasa a ser un espacio público de encuentro con el arte, la cultura y la vida.

La sensibilidad que se descubre en el arte nos hace mejores personas. Más humanos. Las piezas expuestas en el Museo de Málaga son joyas que merecen ser contempladas. La cultura que se expone en el Museo de Málaga refleja una tensión interesante: aúna presente y tradición. Un pueblo que deja de saber cuál es su historia acaba perdiéndose en el laberinto del tiempo sin valores bien definidos, sin grandes objetivos ni metas. El encuentro con la cultura aporta claves para entender qué nos ha pasado y qué nos está pasando.

Enseña cosas. Y el Museo de Málaga con la trayectoria histórica y artística que muestra lo facilita.

Estamos ante un momento que exige lo mejor de nuestras fuerzas. Debemos mostrar al mundo nuevos mundos. Los artistas gracias a su talento tienen la posibilidad de hablar al corazón de la humanidad: pueden suscitar sueños y esperanzas. Convierten nuestras vidas en lugares de belleza para poder disfrutarlos cada día prácticamente sin salir de casa: a un paso de casa, en el centro de Málaga. Esto ayuda a crear un mundo más habitable. Quien visita un museo sale transformado y para bien. El ser humano está siempre culturalmente situado. Naturaleza y cultura se hallan unidas estrechísimamente. Gracias a su historia personal y comunitaria. El cristiano sabe, como recuerda el Papa Francisco, que «el don de Dios se encarna en la cultura de quien lo recibe». Por su parte Wassily Kandinsky, en su obra 'De lo espiritual en el arte' afirmó que «el arte es una fuerza útil que sirve al desarrollo y a la sensibilización del alma humana». Por eso los museos merecen ser pisados y contemplados. Por propios y extraños. La apertura y visita del Museo de Málaga supone un estímulo que puede llegar a herirnos en lo profundo. Porque el arte como recordaba Benedicto XVI «es capaz de expresar y hacer visible la necesidad del hombre de ir más allá de lo que se ve». Es una puerta abierta a la historia, la verdad y la belleza.

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