La iglesia de Santiago afronta un año de obras en su interior

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Obras en el interior de la parroquia. / Salvador Salas

  • El Obispado acomete la realización de un nuevo suelo tras el visto bueno de la Junta a las excavaciones de las criptas

Apenas tres meses de excavaciones en el interior de la parroquia de Santiago han servido para sacar a la luz numerosos secretos de uno de los edificios religiosos más emblemáticos del Centro de Málaga. No en vano, está considerada como la primera iglesia cristiana tras la toma de la ciudad por parte de los Reyes Católicos. El Obispado, que acomete las obras de reparación para acabar con las humedades que presentaba este edificio, permitió ayer la visita de los periodistas para exponer los hallazgos de una intervención que afronta un año de obras tras recabar los permisos de la Junta de Andalucía y una subvención del Ayuntamiento de 279.000 euros para un presupuesto de 730.000. Si todo marcha según lo previsto, la parroquia, ubicada en plena ruta picassiana –no en vano el genio malagueño de la pintura recibió en ella las aguas bautismales– volverá a abrir sus puertas a lo largo del verano del año que viene, según indicó el vicario para asuntos económicos de la diócesis, Guillermo Tejero. Hasta entonces, el templo sigue ofreciendo información de su pasado.

Nunca fue mezquita

De 1490 data la construcción de la iglesia, que fue de estilo mudéjar antes de ser transformada en la época barroca. Los trabajos han servido para descartar que tuviera su origen en una mezquita. «No hay ninguna evidencia al respecto. Además, no tendría sentido que hubiera una mezquita junto a la antigua muralla musulmana», explicó la arqueóloga Ana Arancibia. Sí ejerció comocatedral durante prácticamente un siglo, ya que la actual se consagró en 1588.

Del primitivo aspecto de la iglesia aún se conserva la armadura de madera del techo –ocultada por las bóvedas barrocas– y parte de lo que fue el baptisterio, bajo la torre, que fue invadido por la construcción de la subida al actual coro. Este coro fue realizado a mediados del siglo XVIII, coincidiendo con el cierre de la primitiva puerta de la iglesia, hoy aún ocupada por una ventana de forma ovalada. La clausura de esta entrada se debe a que la sillería del coro que existía en mitad de la nave central se atrasó hasta la puerta original para ganar espacio ante el altar mayor. Es en ese momento cuando se abren las dos puertas de las naves laterales, cuya talla original ha aparecido tras unas planchas metálicas que la ocultaban.

Cientos de enterramientos

Hasta la construcción del camposanto de San Miguel en el siglo XIX, las iglesias y su entorno eran los lugares de enterramiento. Las obras han sacado a la luz seis grandes criptas y fosas individuales que suman cientos de enterramientos. Las criptas estaban cegadas por montañas de escombros y muy afectadas por la humedad provocada por sucesivas inundaciones. Según explicó el arquitecto técnico Pablo Pastor, encargado de las reparaciones que la empresa ORP acomete en el interior del templo, está documentado que Santiago fue el lugar en el que descansaron los restos de los escultores Fernando Ortiz y José Micael Alfaro –autor de la imagen delSantoCristo de la Salud–, del arquitecto de los siglos XVII y XVIII Felipe de Unzurrunzaga, y del padre del general José Francisco de San Martín, considerado como el libertador de Argentina, cuyos restos fueron fueron entregados por el régimen de Franco a Juan Domingo Perón en los años cuarenta del pasado siglo.

En la cripta de la capilla de las Ánimas han aparecido restos de pinturas barrocas –entre ellas una cartela con la fecha de 1789– en las que se aprecia una ‘danza de la muerte’ protagonizada por un esqueleto.

Una calle dentro

El volumen actual de la iglesia de Santiago actual es fruto de varias ampliaciones a lo largo de los siglos. Una de ellas, en el XVIII, requirió la ocupación de una calle de la ciudad, junto a lo que hoy es la calle Santiago. Parte del pavimento empedrado de aquella vía ha aparecido intacto al excavar en la capilla del baptisterio barroco.

Estas excavaciones permitirán colocar un nuevo suelo de mármol en todo el templo, como el que existía antes de estas obras, pero con una cámara de aire inferior, de unos diez o veinte centímetros de grosor, que evitará que vuelvan a aparecer las humedades que padecía el edificio. Esta cámara también se aplicará al zócalo de mármol del templo, cuyas piezas más antiguas van a ser restauradas antes de que se vuelvan a colocar. Todo ello bajo la tutela de los técnicos de la Consejería de Cultura, que han supervisado especialmente este proyecto para un templo catalogado como bien de interés cultural.