Comienza el éxodo económico en Cataluña

ANTONIO PAPELL

Las promesas de que llovería un espectacular maná sobre Cataluña si conseguía la independencia eran sencillamente mentira. Tanto porque las cuentas del inexistente expolio fiscal estaban mal hechas a conciencia cuanto porque fuera de la Unión Europea –y ya no hay duda de que la secesión produciría la salida del club comunitario— hace mucho frío. Así lo han entendido las empresas, que han comenzado a tomar lógicas decisiones, encaminadas a proteger los intereses de sus clientes y accionistas.

Tras el hundimiento en Bolsa de los dos bancos genuinamente catalanes, el Sabadell y la Caixa, que han experimentado además importantes salidas de depósitos, el primero ha tomado la decisión, acordada por el consejo de administración, de cambiar su sede social y trasladarla a Alicante. De este modo, si se produjera la ruptura, el banco se mantendría bajo el paraguas y la supervisión del Banco Central Europeo (de otro modo, ni siquiera los impositores tendrían derecho a la protección que ofrece el Fondo de Garantía de Depósitos). La Caixa no ha podido actuar con la misma celeridad porque, según sus estatutos, la decisión ha de ser tomada por la Junta de Accionistas, pero el Gobierno prepara a toda prisa un decreto para facilitar el traslado de las empresas catalanas que lo deseen.

No solo las entidades financieras han tomado las de Villadiego: el pistoletazo de salida entre las cotizadas lo ha disparado Oryzon Genomics, firma de biotecnología que se ha trasladado de Cornellá a Madrid y que ha dado un espectacular salto en el mercado continuo. La operadora de telecomunicaciones Eurona ha optado también por el traslado, que en las pasadas semanas ya efectuaron otras compañías como la cadena de nutrición Naturhouse, el coloso de publicidad WPP, etc. Pero no solo está habiendo deslocalizaciones: según la prensa catalana, las reservas turísticas de Cataluña han caído en las últimas semanas un 20% con relación a lo esperado en estas fechas, y se teme que el fenómeno arrecie…

En definitiva, los independentistas han mentido conscientemente a este respecto a la sociedad catalana, quizá confiados en que la vehemencia patriótica haría olvidar esta jugarreta innoble y demagógica. La realidad es la que es, y aunque algún patriota esté quizá dispuesto a pagar cualquier precio por su sueño, la democracia exige que los gobernantes sean transparentes y veraces en sus argumentaciones. No ha sido así. Puigdemont y los suyos son, además de populistas, mentirosos.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos