En el taller de Constantin Brancusi

Piezas de la exposición en el Pompidou. /Migue Fernández
Piezas de la exposición en el Pompidou. / Migue Fernández

El Pompidou rescata el universo creativo del artista rumano-francés a través de siete esculturas y de un centenar de fotografías y películas

Francisco Griñán
FRANCISCO GRIÑÁNMálaga

Siempre que veía una foto de una de sus esculturas torcía el gesto. No le gustaban, porque daban una lectura estática de unas piezas que buscaban la transformación a través del movimiento del espectador que las observaba. Por ello, Constantin Brancusi se convirtió en el retratista oficial de su propia obra y acabó convirtiéndose incluso en cineasta para reflejar más fielmente su obra. Un conjunto de más de mil imágenes y películas de las que el Centro Pompidou Málaga exhibe un centenar, además de siete esculturas, que atrapan el particular universo del creador de origen rumano y nacionalizado francés.

"Brancusi fue un artista multimedia antes que se inventara este concepto", ha asegurado la comisaria de la exposición, Julie Jones, en la presentación de la nueva muestra temporal de la filial malagueña del museo parisino. Las imágenes comenzaron siendo un retrato de sus esculturas, para después convertirse en piezas artísticas con las que estudiaba el efecto de la luz sobre las obras. "Muestran el proceso de metamorfosis que sus esculturas tomaban de la propia naturaleza", ha señalado la experta.

El montaje 'Brancusi' se divide en cinco partes que ofrecen una inmersión en la propia esencia de la obra del escultor de la mano del artista, que se convierte en el propio protagonista de su obra en una suerte de performance en la que se autorretrata en el proceso de transformación de sus esculturas. Y en la que su taller se convierte en algo más que en un espacio de trabajo, en el escenario de su propio espectáculo creativo. Así, con la ayuda de su amigo y fotógrafo Man Ray, no solo perfeccionó su técnica fotográfica, sino que comenzó a filmar sus esculturas. Unos fotogramas de los después obtenía las instantáneas.

"En las imágenes hay rayaduras, imperfecciones y manchas, porque no le interesaba la perfección de la fotografía, sino el juego de las luces y el movimiento de las esculturas", ha explicado la comisaria de la exposición, que ha llamado la atención sobre el proceso creativo de una de sus obras más polémicas, 'Princesa X, un retrato de María Bonaparte, introductora del psicoanálisis en Francia. Desde un primer momento en el que se aprecian los rasgos femeninos del personaje, Brancusi fue buscando la simplificación hasta que la obra quedó convertida en líneas lisas y redondeadas que jugaban al equivoco con una representación fálica.

Cada una de las cinco partes que forman esta exposición está presidida por una o dos esculturas de pequeño o mediano formato que se exhiben por primera vez fuera del Centre Pompidou de París. "Brancusi legó su taller y su obra al estado francés con la condición de que no se dispersara, por lo que es raro que prestemos las esculturas y esta exposición de Málaga es un gesto de confianza con Málaga", ha manifestado en la presentación el conservador y jefe de fotografía del Pompidou de París, Florian Ebner, que ha estado acompañado por el alcalde de Málaga, Francisco De la Torre, y el director del centro, José María Luna.

El recorrido expositivo se cierra con un banco de trabajo del propio Brancusi -se fabricaba su propio mobiliario ya que en sus orígenes fue carpintero- que recuerda una de sus grandes obras monumentales, 'La columna sin fin', a la que se dedica este último espacio del montaje. Una escultura en bronce de casi 30 metros que le encargó el gobierno Rumano para recordar al soldado fallecido. "Brancusi sentía obsesión por esta columna", ha añadido la comisaria Julie Jones sobre esta majestuosa, delgada e infinita pieza que apuntaba al cielo como queriendo recordar la aspiración del arte -y del autor- a eternizarse.

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