Bobastro: el refugio del rebelde

Vista de una de las casas cueva de Bobastro./P. Cantalejo
Vista de una de las casas cueva de Bobastro. / P. Cantalejo

Se cumplen 1.100 años de la muerte de Omar Ibn Hafsún, el guerrillero insurrecto que casi derrotó al Emirato omeya de Córdoba

Fernando Torres
FERNANDO TORRES

Dejando atrás el Desfiladero de los Gaitanes y su Caminito del Rey asoman los restos del poblado de Bobastro. Este punto de Ardales fue primero refugio y posterior cuartel general de la rebelión de Omar ben Hafsún contra el Emirato omeya de Córdoba. En 2018 se cumplen 1.100 años de la muerte del sublevado, que dejó a su paso una historia tan intensa como vinculada a lo que hoy son los restos arqueológicos del centro de su lucha. Visitar Bobastro es recorrer el pasado y adentrarse en un refugio prácticamente infranqueable.

El enclave

Restos militares.
Se aprecia parte de la muralla defensiva de la ciudad, así como torres de vigilancia.
Religión.
Ben Hafsún mandó construir iglesias donde había monasterios mozárabes. Se conservan dos.
Parque arqueológico.
El Ayuntamiento de Ardales pretende convertir el lugar en un parque arqueológico mediante el cual preservar y divulgar su historia.

Uno de los historiadores que más han profundizado sobre la historia de Omar ben Hafsún es Virgilio Martínez Enamorado, profesor de la Universidad de Málaga y autor de diversas publicaciones sobre esta figura y los restos de la ciudad que fundó. Las causas por las que el guerrillero se levantó en armas contra el emirato no están claras del todo, aunque varios autores recogen un incidente con la autoridad tras ser acusado de un asesinato. «En el año 880 se instala en Bobastro, un lugar en el que no había población previa desde la época prehistórica», explica a SUR el historiador. Las razones por las que se instaló en este punto en concreto tampoco están documentadas, aunque se trata de un enclave «completamente inexpugnable, difícilmente conquistable por un ejército».

En ese momento, Omar ben Hafsún comienza a construir una ciudad a la que ligó a la expansión de su figura política. A día de hoy se pueden apreciar infinidad de restos de la ciudad, tanto militares como civiles (las famosas casas cueva) y religiosos. Uno de los restos más llamativos es la gran fortaleza realizada en sillares que contenía en su interior el alcázar de ben Hafsún, así como varios torreones que actuaban a modo de círculo defensivo en el territorio circundante (el Pico del Convento, situado dentro del Desfiladero de los Gaitanes, por encima del Caminito del Rey, fue uno de esos baluartes).

Reconstrucción. Rafael Puertas recrea el monasterio mozárabe a través de sus restos. Capitel. Pieza de una columna de Bobastro, ahora en el Museo de Málaga. Hogar. Una de las casas cuevas de Bobastro, conocida como Puerta del Sol. / SUR | P. C.

El crecimiento de Bobastro fue rápido y con un objetivo claro: «Su intención (la de ben Hafsún) era competir contra el emirato, crear una nueva capital». Tal y como apunta Martínez Enamorado, el problema al que se enfrentó el rebelde en este punto de su estrategia fue la falta de legitimidad de su gobierno frente al de los omeya –descendientes directos del profeta Mahoma–. Por ello, durante la guerra que ben Hafsún lideró contra el Emirato de Córdoba, buscó apoyo en otras dinastías, llegando a los chiíes del norte de África.

La lucha del rebelde estuvo enmarcada en un contexto de grave crisis política del Emirato de Córdoba, por lo que le fue sencillo encontrar a más sublevados como él con los que movilizar la sedición, en la que participaron árabes, bereberes y población indígena cristiana, entre otros. El conflicto bélico (llamado ‘fitna’ en árabe) duró casi cincuenta años y las tropas malagueñas llegaron a las puertas del propio emirato en una batalla decisiva en la que venció el poder legítimo dando un duro revés a la rebelión.

Espíritu conquistador

«Ben Hafsún tenía un gran deseo de expansión y de hacerse notar», comenta el historiador. «Por ello instaló una política de expansión a base de conquista de territorios». Esta guerra se produjo en un contexto histórico en el que «todo se regía por pactos, acuerdos entre tribus, trueques y matrimonios de conveniencia». En su momento de máximo esplendor, las tierras del rebelde, con Bobastro como capital, llegaron a abarcar desde Elvira y Jaén por el este y el oeste hasta la región de Sevilla. Cuando murió en el 918, sus cuatro hijos le fueron sucediendo en el poder:«Dejó una auténtica dinastía; fue mucho más que un rebelde».

Sin embargo, sus hijos se vieron vencidos por el Emirato de Córdoba, que comenzó a limar las asperezas con el resto de sublevados, ofreciéndoles trabajos públicos para poner fin al conflicto. Cuando la dinastía de ben Hafsún cae, en el año 929, Abderramán III declara el Califato de Córdoba (el califato es la máxima categoría que puede tener un estado en la cultura árabe). «El fin de la rebelión catapultó a Abderramán III, para los omeya o fue un tema baladí», comenta Martínez Enamorado.

El líder se instaló en el paraje natural de Mesas de Villaverde en el año 880, donde construyó lo que fue el cuartel general de su lucha particular

En las ruinas de Bobastro también se pueden apreciar restos de la prehistoria

Tras la muerte de Ben Hafsún, quedan su historia y los restos del que fue su refugio, cuartel general y sede política. Este conjunto supone un gran capital histórico que ha sido centro de tres actuaciones arqueológicas en los últimos cien años, según explica a este periódico el responsable de Patrimonio del Ayuntamiento de Ardales, Pedro Cantalejo.

En este punto coinciden restos de la historia de la época medieval, pero también hay signos prehistóricos. «El Ayuntamiento ha solicitado a la Diputación de Málaga un proyecto de financiación europea EDUSI, que permitirá ampliar los recorridos guiados por el yacimiento medieval, tanto a las zonas de casas cuevas talladas, o las canteras, como a los santuarios de cruces y hábitats rupestres situados en las grandes cavidades», señala Cantalejo, quien considera necesaria la creación de un gran parque arqueológico para preservar los restos.

La idea del Ayuntamiento es promover la historia del entorno «dentro del desarrollo cultural y medioambiental del proyecto Caminito del Rey», una combinación «con la que atender la demanda de turismo cultural que se está desarrollando en la zona».

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