El Museo del Vidrio celebra su séptimo aniversario con la ampliación de su sede

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Las artes decorativas protagonizan el discurso del Museo del Vidrio de Málaga. / Ñito Salas

  • El promotor privado del equipamiento cultural adquiere una parcela anexa al inmueble con la intención de exponer grandes vidrieras en los nuevos espacios

La cita viene a cuento de un aniversario y, en estas ocasiones, el manual recomienda empezar pidiendo un balance. Entonces, Gonzalo Fernández-Prieto sonríe, pierde un instante la mirada y confiesa: «Estoy enamorado hasta los tuétanos y cuando estás enamorado, eres feliz». Y acota: «Estoy enamorado de esta casa, de este barrio, de este museo... Porque la razón de ser de este museo es este barrio».

Gonzalo Fernández-Prieto habla desde la antigua zona destinada al servicio del inmueble del siglo XVIII que primero compró y después mandó restaurar para instalar allí su colección y cuajar el Museo del Vidrio y Cristal de Málaga, que hoy cumple siete años con ganas de seguir creciendo. No en vano, Fernández-Prieto anuncia la adquisición de la parcela anexa a ampliar las instalaciones del museo y dedicar las nuevas dependencias a la exhibición de grandes vidrieras que por motivos de espacio no pueden contemplarse en equipamiento cultural situado frente a la iglesia de San Felipe Neri.

«Primero vamos a ver qué se encuentra y después... ya veremos», vaticina el director del Museo del Vidrio sobre los estudios arqueológicos previstos en la parcela, ya que en solares contiguos se han encontrados hornos de la Funtanalla, el barrio alfarero que ocupó el entorno urbano donde hoy se erige el museo de iniciativa privada.

Con la incorporación de esa parcela, el equipamiento sumará 200 metros cuadrados a los 1.200 metros que ya ofrece el museo. «Un museo de barrio», reitera su director, que se muestra orgulloso de la labor emprendida a lo largo de estos siete años para dar a conocer el pasado industrial de esta zona de la ciudad, ahora en busca de aquel esplendor perdido.

«Este museo tiene que servir para crear industria, si no, habrá fracasado. Un artesano puede dar trabajo a diez, quince personas. Y esta ciudad, que tan bien lo está haciendo en cuanto al turismo, debe trabajar lo industrial, que forma parte de sus raíces. Málaga tiene que construir desde sus raíces, no en el aire, como a veces pasa», argumenta el director, que prefiere no detallar presupuestos ni inversiones.

«Supe que había llegado»

Fernández-Prieto recuerda que ningún lazo le unía con la ciudad antes del alumbramiento del museo. «Vivía en Londres y viajaba con frecuencia a España buscando un lugar para la colección. Viajé por todo el país y cuando llegué a esta ciudad, a este barrio y a esta casa, supe que había llegado», rememora el artífice de una propuesta que combina las piezas de vidrio y cristal con mobiliario y pinturas.

«Con esos elementos podemos ver el vidrio en su contexto. Este museo es, ante todo, una lección de historia. Y con el mobiliario y las pinturas podemos saber quién era el propietario del vidrio, para qué lo usaba...», detalla Fernández-Prieto, historiador y profesor «frustrado». Y sin embargo, una visita al museo de la mano de sus explicaciones desmonta esa desazón.