He estado unos días en su Málaga de su alma, y al regresar a Barcelona, una llamada telefónica me ha trasladado la peor de las noticias posibles. 'Ha muerto Alejo' Compadre, me has dejado por estos lares y te has ido. Se nos ha ido un hombre de bien y de raza; un malagueño culto, burlón y de corazón grande, como su cuerpo.
Son muchos años de compartir historias, amistad y profesión. Cuando me pasé a la radio privada se vino conmigo a la COPE, donde dirigió los informativos, para años más tarde reingresar en RNE. Aunque yo seguí mi periplo por diversas emisoras privadas, nuestra amistad nunca dejó de cultivarse, porque no dejamos de vernos; así, de sus manos conocí la Semana Santa, y ahora recuerdo una madrugada esperando la llegada del Cristo de los Gitanos sentados con Rafael Alberti al borde de la acera con una cerveza en la mano
Pero Alejo lo que quería es que yo conociera la Semana Santa malagueña. Él fue quien me llevó por primera vez al balcón del Hotel Larios para conocer las procesiones del Jueves Santo malagueño, y de su mano ingresé en las cofradías de la Buena Muerte y de Zamarrilla. El me enseñó a conocer esta Málaga profunda, abierta, risueña y generosa. Algún verano disfruté de los aromas malagueños en el jardín de su casa. Estaba tan enganchado a su Málaga del alma como yo lo estoy de Ponferrada, y no paró hasta volver a su tierra.
Su voz rotunda llegó a todos los rincones de España con el celebre 'Directo, directo' y en su haber hay que reseñar que enseñó a muchos con maestría lo que había que hacer para pasar del periodismo de la dictadura a hacer periodismo de la democracia en libertad, por el que siempre, a veces jugándose el bigote, él apostó. Recuerdo su voz jadeante dando la primicia de la legalización del PCE. Eso quedará para los anales de la historia del periodismo español.
En la última paella que tomamos el pasado verano con su amigo del alma Manuel Alcántara nadie presagiaba el fin tan temprano de Alejo. El futuro es tan incierto como cruel. El pasado lunes, cuando fui a felicitarlo por su cumpleaños, me decía en el Hospital Clínico de Málaga, que tenía que mandarme unos documentos para el Museo de la Radio. No ha podido ser. En fin, que mi compadre se nos ha ido, pero me ha dejado su recuerdo, su amistad y su cariño, y, lo más importante, a su hijo Alejo García junior, con el que tengo el honor de trabajar en las mañanas de Punto Radio, cosa que a él le encantaba por cierto.
¿Y qué mas digo? Que hoy es un día triste para la radio, para el periodismo y para muchos amigos, entre ellos para mí. Se me ha ido mi compadre en plena Semana Santa. El destino es así de caprichoso. Descansa en paz, compadre, amigo del alma, compañero de fatigas. Siempre estarás en el corazón de muchos.











