Mustafá Maya, un converso que defendió el trato talibán a la mujer

El presunto cabecilla de la célula terrorista encabezó en 2001 la ocupación de la mezquita de San Agustín, en Málaga capital

A. FRÍASMÁLAGA.

Mustafá Maya Amaya, presunto cabecilla de la célula terrorista de la órbita de Al Qaeda desarticulada ayer en una operación policial, es un viejo conocido en Málaga. Su nombre saltó a la palestra un mes después de que se produjeran los atentados del 11 de septiembre de 2001 en Estados Unidos. Entonces Maya lideró la ocupación de la antigua mezquita de San Agustín, en la que se le acusó de instalar un locutorio, un comedor y una especie de pensión ilegal.

Todas las miradas se volvieron hacia él cuando, en el exterior del templo, apareció un manifiesto protalibán en el que, entre otras cosas, se defendía el trato que recibían las mujeres afganas y el uso del velo islámico. En una entrevista a SUR en 2001, aseguró que el burka es la prenda tradicional afgana y lo comparó con una peineta.

Ataviado con indumentaria musulmana, Maya defendió entonces que los talibanes no podían entregar a Bin Laden a los infieles. Además, se definió como un integrista, «si quiere decir 'todo el Islam'». «Solamente puedes matar a la gente culpable de algo. Tienes derecho a matarlas en una guerra o si se ha cometido un crimen. Entonces la ley islámica dice que esa persona tiene que morir», apuntó.

Pese a pronunciar estas palabras, Maya no siempre creyó en el Islam. Su conversión llegó en prisión, en el ramadán de 1996, cuando cumplía condena por delitos de allanamiento de morada, robo y que brantamiento de condena. Pasó ocho años entre rejas.

Rafael Maya Amaya, como oficialmente se llama, nació hace 51 años en Bruselas y es hijo de inmigrantes españoles. Su madre es de Jerez de los Caballeros (Badajoz) y su padre, del Tetuán español. Él mismo contó que, desde que sus progenitores se separaron, cuando solo tenía tres años, vivió en internados, en los que protagonizó fugas y que a los 13 anos ya trabajaba en un taller.

Su llegada a Málaga se produjo después de que tuviese algunos problemas en Bélgica, motivados por su adicción a la droga, según explicó él mismo a SUR. Y es que su pasado «turbulento» le persiguió durante su estancia en Málaga. De hecho, en una ocasión llegó a ser denunciado en los juzgados después de, presuntamente, golpear con una pistola a un compatriota que defendió a los judíos diciendo que éstos «también tienen derecho a vivir».

Finalmente, después de un largo proceso de tres años, fue desalojado de la mezquita de San Agustín, junto a medio centenar de personas. Pese a que siempre reconoció que la ocupación no fue legal, sí dijo que era «moral».