Adiós al decano del interiorismo español

Parladé, en su casa de Marbella. /
Parladé, en su casa de Marbella.

Fallece Jaime Parladé, marqués de Apezteguía, maestro de decoradores imitado en todo el mundo y artífice de las casas de la 'socialité' de la Marbella dorada

LORENA CODES

Las flores de Alcuzcuz ondean hoy a media altura. El jardín de la villa marbellí al que Jaime Parladé dedicó sus últimos cortejos y del que obtuvo grandes satisfacciones llora la pérdida de uno de los decoradores más geniales que ha dado este país, maestro de interioristas y símbolo del esplendor de Marbella. Lo perfiles en redes sociales de rostros conocidos como Eugenia Silva, Vega Royo-Villanova o el también decorador Luis Galliusi confirmaban ayer a media tarde la triste noticia con un pésame cariñoso y sentido.

En el árbol genealógico de Parladé figuraban apellidos con solera como Heredia, Livermoore, Príes, Loring o Gross, entre otros. Sin embargo, este dandy del interioristmo logró hacerse un hueco en el olimpo de la internacional sociedad marbellí por méritos propios. Su gusto innato y su intuición a la hora de mezclar estilos impulsaron pronto su carrera dentro y fuera de España. Realizó las villas de los aristócratas que veraneaban en la Costa del Sol dorada. Desde el conocido bar de Menchu, el capricho morisco de la Duquesa de Alba, el famoso hotel La Fonda o la fantástica Villa Santa Margarita para los Barones de Rothschild, hasta la casa de Julio Iglesias en Miami o la residencia de la misma Diana Ross en Connecticut, por mencionar algunos. En sus trabajos por todo el mundo ha colaborado con profesionales de prestigio como los paisajistas Christopher Masson y Peter Bourguignon o el arquitecto inglés Richard Lincoln.

Trabajos muy seleccionados

Retirado prácticamente de la vida laboral, en los últimos años escogía de forma muy selecta sus trabajos, a pesar de ser muy reclamado en los círculos de la aristocracia española. En todos sus proyectos, que han sido portada de las revistas de decoración más prestigiosas, dejó la impronta de un estilo que muchos intentaron copiar pero que nunca pudo ser imitado. Difícilmente descriptible por su eclecticismo, en sus ambientes siempre hubo algo de 'charme' francés, un toque de sofisticación británica, un arrebato de pasión oriental y una base de alegría andaluza. Todos estos ingredientes se mezclaban de forma natural en una receta del éxito de la que nunca se conocieron los ingredientes exactos y que queda ahora sellada para siempre. Parladé deja miles de casas vestidas para soñar y un jardín que extrañará la delicadeza de las manos que lo visitaban a diario.