Google Home, así es vivir en una casa controlada por inteligencia artificial

Google Home en su versión normal./SUR
Google Home en su versión normal. / SUR

¿Merece la pena el altavoz del gigante de Mountain View? Damos respuesta a esta y otras preguntas en nuestro análisis

Jon Sedano
JON SEDANOMálaga

El futuro ya es pasado. No, no es ninguna frase con la que vaya a teorizar sobre la coexistencia de los tiempos, es una realidad. Los que llevamos años viendo en películas de ciencia ficción, ya ha quedado atrás. Entras en casa y una voz omnipresente femenina te saluda por tu nombre, pone tu música preferida, enciende las luces y establece el termostato según la temperatura que haga en el exterior. Todo ello gracias a un altavoz inteligente y a un gran número de gadgets que se están asentando en el mercado.

«Vale, pero si no tienes enchufes conectados a la wifi o domótica instalada no te sirve de nada», decía un compañero del periódico cuando le mostré varios vídeos controlando luces y ventiladores. Y sí, tiene razón. Pero solo en parte.

Google ha sabido jugar las cartas con su altavoz Google Home: ha sido el primero en desembarcar en el mercado español. Sus rivales, Alexa de Amazon, Homepod de Apple y Yeelight de Xiaomi, aún no funcionan en el idioma de Cervantes, aunque los dos primeros prevén su salida antes de concluir 2018. Con un funcionamiento muy similar entre ellos, donde las principales variaciones son su estética y los sistemas a los que se pueden conectar, estos asistentes inteligentes pueden hacernos la vida mucho más fácil. Son una especie de evolución de sus versiones móviles, con la salvedad de que están pensados para situarlos de forma fija en los domicilios.

Después de una semana poniendo a prueba el Google Home, por fin me siento capaz de dar un veredicto final. Al sacarlo de su caja, que no contiene más que un par de tarjetas a modo guía de inicio y un cargador, la sensación es la de estar ante un producto de calidad. Su diseño minimalista y claro, con una pantalla táctil en su parte superior, hace juego con cualquier casa moderna, además de que existen multitud de accesorios no oficiales para que se mimetice con cualquier entorno.

Tras una configuración sencilla, donde básicamente hay que asociarlo a la red wifi y al móvil, empieza el momento clave: «Ok Google, ponme algo de música rock». Unas luces blancas empiezan a moverse de forma circular en la parte superior y de repente, la máquina contesta: «Solo puedes reproducir discos si tienes una suscripción de Spotify Premium, pero creo que te puede gustar la selección Clásicos de la música Rock». Segundos después, comienza a sonar una sevillana… Parece que Google no me conoce tan bien. «Ok Google, para». Y la música cesa. Tras probar con otras canciones, alguna sí se acerca más a mis gustos, pero está claro que sin una cuenta premium de Spotify o Google Music, su servicio musical es bastante mediocre por ahora. Algo similar ocurre con las series, que para que podamos pedirle que inicie una en Netflix, debemos tener un dispositivo Chromecast o una TV compatible.

La versión mini de Google Home.
La versión mini de Google Home. / SUR

Lo siguiente que hago es testar todo tipo de comandos para poner el altavoz inteligente al límite. Aquellos que son muy básicos funcionan a la perfección. Dice qué hora es, cuenta datos curiosos, activa alarmas y temporizadores e incluso me ofrece un boletín de noticias. A estas acciones se le unen otras como traducir palabras al idioma que le diga, poner el sonido de la lluvia o de una tormenta para que me relaje, buscar comercios cercanos o contarme un chiste entre muchos otros.

Es muy cómodo que al abrir la nevera, si tenemos el altavoz cerca, digamos «Ok Google, añade leche a mi lista de la compra» y lo haga. También nos puede decir cuánto vamos a tardar en llegar al trabajo según el tráfico real que haya o respondernos a preguntas, buscando las soluciones en Wikipedia. Asimismo, si al despertarnos le decimos «Ok Google, buenos días», nos da un resumen del tiempo y una previsión del día según nuestra agenda o recordatorios.

En definitiva, en esta parte el dispositivo se convierte en un accesorio «curioso» para tener en casa, pero que para muchos no compensa lo que vale, 59€ la versión mini y 149€ la normal.

Pero más allá de estas opciones, su principal función es la domótica. Y aquí, sinceramente, es donde Google Home se mueve como pez en el agua. Podemos hacer prácticamente todo lo que se nos ocurra.

Y volvemos al inicio, donde mi compañero decía que si no tenías la casa con mecanismos especiales no servía de nada. Para algunos, efectivamente, es un accesorio que por el momento no aporta nada fundamental, pero el mercado se está llenando de miles de artículos domotizados: bombillas, televisiones, enchufes, aspiradoras, etc.

Aprovechando que he remodelado mi casa, he decidido de cara al futuro instalar todo tipo de gadgets compatibles con los altavoces inteligentes de Google y Amazon. Y ahí, sí. Ahí sí que estamos ante un «chisme» que vale cada euro que hemos invertido en él.

Aunque en España aún no funcionan las «rutinas», que es como Google denomina a las series de acciones que realiza de forma simultánea, estas escenas las he podido crear mediante aplicaciones. De esta forma, solo con decir «Ok Google, buenas noches», se apaga la televisión y la luz de la habitación, se activa la alarma de casa y el aire acondicionado empieza a funcionar en modo automático.

«Ok Google, propicios días», son las primeras palabras que pronuncio cuando suena la alarma. Y como por arte de magia, las persianas empiezan a levantarse, la luz del cuarto se enciende, la cafetera comienza a funcionar y el robot aspirador inicia su paseo matutino por la casa. Básicamente, todos aquellos dispositivos que cuenten con una app compatible, o que tengamos conectados a un enchufe wifi, se pueden enlazar entre sí mediante Google Home.

Su activación es sencilla. Solo hay que ir a los ajustes de Google Assistant, darle a Añadir dispositivo y elegir la aplicación en la que hemos asociado los periféricos. Lo que se hace algo más tedioso es crear las escenas de forma correcta si queremos hacer «virguerías». Aun así, solo hay que hacerlo la primera vez, o cuando queramos añadir algo nuevo. Como si de comandos de programación se tratara, hay que indicarle un orden de acciones o automatizarlas para que comiencen cuando digamos una frase. Frases que se pueden editar desde una opción muy escondida, la de accesos directos. Por ejemplo, se le puede decir que cuando se conecte la TV, un segundo después se apague la luz, y tres segundos más tarde se encienda el aire automático y unas luces led en color azul para crear ambiente. Todo esto bajo la frase: «Ok Google, quiero entretenerme».

Pero aunque tengamos la casa totalmente domotizada, no todo es tan bonito con Google Home. Hay muchos comandos que no entiende y nos devuelve un «Lo siento, no sé cómo ayudarte» o «Mi equipo está trabajando en ello». Otras acciones, como las mencionadas rutinas, no se pueden utilizar todavía en España. Mientras que su altavoz, sobre todo el del mini, tampoco es que sea la panacea. Asimismo, tener que decir al inicio de cada frase «Ok Google», se termina haciendo pesado, aunque es la forma que tiene el sistema de no activarse sin querer. En la versión inglesa sí que se pueden concadenar frases y comandos para decir más de uno seguido sin las palabras de activación, pero aquí por ahora no.

Tampoco es fácil que funcione bien si tenemos instalado un Proxy o una IP anónima asociada a nuestra línea: fallará el enlace y le costará conectar con los dispositivos. Dentro de SUR por ejemplo, se hizo imposible que sincronizara de forma correcta.

En definitiva, Google Home es una opción más que interesante para aquellos que quieran controlar toda su casa y organizar su día a día mediante la voz. Para los que no tengan pensado introducir domótica, o quieran mantener siempre protegida su privacidad, es un gadget que no les ofrecerá mucho más de lo que pueden conseguir con su móvil y que tal vez prefieran mantener al margen.

 

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