Albas y ocasos

De la ciudad perlada al poeta fusilado: Riga y Federico García Lorca

Foto de Federico García Lorca coloreada por el fotógrafo Rafael Navarrete/SUR
Foto de Federico García Lorca coloreada por el fotógrafo Rafael Navarrete / SUR

Tal día como hoy nacía, siendo parte de la ruta de navegación vikinga a Bizancio, la letona ciudad de Riga, y moría Federico García Lorca, abatido por el Maleficio De La Mariposa fascista

TERESA LEZCANOMÁLAGA
18-8-1202 Ciudad de Riga

Dieciocho de agosto de 1202, parece que fue ayer. Nace, en el antiguo puerto natural formado por el bucle afluente del río Daugava, la ciudad de Riga, que siendo parte de la ruta de navegación vikinga a Bizancio, vivió una Edad Media pesquera, ganadera y comercial, desarrollando posteriormente la artesanía de madera, ámbar, hueso y hierro. Teniendo en cuenta que los vikingos iban y venían y por el camino bastante se entretenían, aprovecharon los comerciantes alemanes para asentarse en la ciudad, y junto a ellos llegó el monje Meinhard de Segeberg con la sagrada misión de conseguir que los lugareños dejaran de rezarles a los dioses paganos, a la sazón Odín y sus subalternos, para invocar al dios único de la cristiandad, y con tal fin mandó Meinhard construir un castillo y una iglesia donde él mismo se obispó oficialmente. Los rigueses sin embargo, que llevaban siglos esperando el valhalla, que viene a ser como el paraíso cristiano pero con batallas para entretener la eternidad, se mostraron más que reticentes a ser despaganizados por las buenas y por consiguiente respondieron por las malas; testarudez que enfureció sobremanera al Papa Inocencio III, el cual corrió raudo, veloz y cristianísimo, a emitir una bula en la que declaraba una cruzada contra Letonia, tras lo cual les mandó ipso facto a los rigueses mil doscientos barcos de guerra para convencerlos de que Dios no había más que uno y en ningún caso era escandinavo. Después llegaron los daneses invadiendo Letonia y otra vez a cambiar de dioses, los suecos aunque se quedaron poco, y hasta los rusos ortodoxiando deidades a diestra y a siniestra, hasta convertir Riga en la tercera ciudad más importante de Rusia tras Moscú y San petersburgo. Con el impacto de la Primera Guerra Mundial y de la Revolución Rusa, Alemania volvió a afanarse los países bálticos y, si bien Letonia, con Riga como capital, consiguió independizarse poco después, con la Segunda Guerra Mundial fue, primero anexionada por la Unión Soviética, acto seguido ocupada por la Alemania nazi, después reconquistada por la URSS y finalmente independizada de nuevo en 1992, con Riga ya definitivamente bautizada como «la perla del Báltico». Abalticando, que es gerundio.

Del 5-6-1898 al 18-8-1936 Federico García Lorca

Setecientos treinta y cuatro años después del nacimiento de la ciudad de Riga, moría en el camino que une las municipalidades granadinas de Víznar y Alfacar, Federico García Lorca, faro de la Generación del Veintisiete que se extinguió, tan lejos de la Casa de Bernarda Alba y abatido por el Maleficio De La Mariposa fascista, mientras en torno a él se celebraban unas Bodas De Sangre en su deshonor y en el Diván Del Tamarit remendaba La Zapatera Prodigiosa un Romancero Gitano con unos hilvanes de Sonetos Del Amor Oscuro y una puntada Yerma. Antes de ser franquistamente fusilado bajo las acusaciones de espiar para los rusos, de haber sido secretario del socialista Fernando de los Ríos y de ser homosexual, García Lorca había erigido un universo literario simbólico en el que las metáforas puras trascendían el conceptismo en vehículo de elipsis descapotables para atravesar el neopopularismo imperante sin despeinarse en absoluto. Después del asesinato, y mientras el mundo entero admiraba al «Homero español» y le concedía las llaves, en cómodos plazos de eternidad y leyenda, para convertirse en el autor más celebrado del siglo veinte, los medios nacionales difundían justificaciones del crimen en forma de acusaciones de vida inmoral, de corrupción a los campesinos y de práctica del marxismo judío. Con la conspiración judeomasónica hemos topado, Sancho, amigo. La posteridad, ese testigo caprichoso que no siempre cobija bajo su sombra de ciprés a los finados más meritorios, ha adoptado sin embargo como hijo predilecto a un Federico García Lorca que desde su Retablillo De Don Cristóbal póstumo sigue inspirando, además de adaptaciones de su obras, películas biográficas y documentales, de tal manera que en lo últimos años han sido Lorcas efímeros Nickolas Grace (Lorca, muerte de un poeta), Andy García (Muerte en Granada), Nino Manfredi (La luz prodigiosa), Fran Perea (La Xirgu) y hasta Miguel Bosé (Lorca) . Y tanto que decir y tan poco espacio, aunque probablemente no quede nada por añadir al lorquiano aluvión informativo; mejor que sobre, siempre. Y, ya sobrados, que hable el propio poeta: «Es inútil buscar el recodo/ Donde la noche olvida su viaje/ Y acechar un silencio que no tenga/ Trajes rotos y cáscaras de llanto/ Porque tan sólo el diminuto banquete de la araña/ Basta para romper el equilibrio de todo el cielo./ No hay remedio para el gemido del velero japonés/ Ni para estas gentes ocultas que tropiezan con las esquinas». Poeta en Nueva York, por supuesto.