Café La Loba: Lujos y fuegos artificiales en la plaza de la Constitución

A pesar del protagonismo indiscutible del Café de Chinitas, en la vecina plaza nació y triunfó una de las cafeterías con más renombre de la vida social del siglo XIX: sus espejos, sus mecheros de gas, sus sillas de caoba, su zona de heladería y los conciertos «con señoritas y profesores» hicieron de La Loba un lugar sin competencia

Fachada del Café La Loba, en la plaza de la Constitución. /SUR
Fachada del Café La Loba, en la plaza de la Constitución. / SUR
Ana Pérez-Bryan
ANA PÉREZ-BRYAN

A la vieja coplilla que pregona que Málaga llegó a ser considerada como «la ciudad de las mil tabernas y una sola librería» podría sumarse otro fenómeno social y cultural que marcó la vida urbana entre mediados del siglo XIX y principios del XX: el de los despachos de café o las cafeterías, convertidos en el reflejo de los usos y costumbres de una época que vivió una de sus épocas doradas en la plaza de la Constitución.

Las crónicas históricas de aquellos años dejan constancia de la extraordinaria vitalidad de la que disfrutaron aquellos lugares de reunión de todas las clases sociales, desde el Café Central al Café El Suizo pasando por La Lobilla, El Porvenir, el Café Madrid, el Universal o el célebre Café de Chinitas cuya fama llega hasta nuestros días. Sin embargo, este café cantante no fue el único lugar capaz de trascender las fronteras locales hasta convertirse en uno de los más considerados de la España de la época. También lo fue el Café la Loba, ubicado a apenas unos metros de aquel templo del cante, que ha pasado a la crónica histórica malagueña como uno de los más veteranos de la ciudad y probablemente el mejor de cuantos compitieron durante aquellos años.

Bien es cierto que, si no el más antiguo -mérito que le corresponde al Café de la Marina, que abrió sus puertas en la acera del mismo nombre en el siglo XVIII-, el de la Loba es otro de los cafés cuyas referencias llegan más atrás en el tiempo. La primera de ellas se recoge en el 'Manual para viajeros por Andalucía y lectores en casa', del viajero británico Richard Ford, que visitó España entre 1830 y 1833. En efecto, en aquel primer tercio del XIX los malagueños ya disfrutaban de este café ubicado en la fachada norte de la plaza de la Constitución, en la propiedad del duque de Fernán Núñez (en el número 9 de la plaza) y en el mismo inmueble que durante siglos albergó la sede del Corregidor de la Ciudad, cercana a la cárcel que durante años también marcó la actividad de esta céntrica plaza

De aquellas primeras décadas apenas hay referencias documentales, más allá de las recogidas por el archivero e historiador Francisco Bejarano, que revela en uno de sus textos que «el público del primitivo Café la Loba, aunque heterogéneo, estaba integrado por industriales y comerciantes y, entre estos, los que estaban relacionados con el negocio del aceite (...)».

Vista de la plaza de la Constitución, con el Café Suizo, otro de los establecimientos de referencia de la época.
Vista de la plaza de la Constitución, con el Café Suizo, otro de los establecimientos de referencia de la época. / SUR

Tuvo que llegar la demolición de aquel antiguo inmueble y su posterior reconstrucción, en 1876, para que el Café la Loba viviera su época dorada, a partir de 1877. Esa renovada competencia obligó al resto de las cafeterías de la zona a intentar llegar a la altura de La Loba, que brilló con luz propia hasta principios del siglo XX. En una de las crónicas de la época se recoge, literalmente, que «con motivo de la apertura del Café la Loba se ha empezado a notar en los demás establecimientos de esta clase la competencia que más agrada al público, cual es en la bondad de las bebidas que en ellos se expenden. Especialmente el Café de España ha extremado su solicitud en este sentido, hasta el punto de dar verdadero Moka a sus parroquianos».

En efecto, el cuidado servicio y el lujo del que presumió el Café La Loba lo convirtieron en el centro de las reuniones sociales, en especial de la clase media, según se recoge en el volumen 'Málaga XX: Historia de un siglo', editado por SUR. Entre estas comodidades destacaba un amplio salón con gran cantidad de espejos, sillas de caoba labradas, al igual que el mostrador; una amplia escalera de mármol y juegos de mesa y billar en la primera planta. El establecimiento contaba, además, con 327 mecheros de gas que iluminaban el local y que constituían un importante adelanto para aquellos tiempos. También disponía de un patio con una enorme parra que durante el verano ofrecía servicio «de nevería», incluso con servicio de helados y sorbetes a domicilio, y que a partir del mes de mayo se convertía en paso obligado de malagueños y visitantes.

En su espacioso salón se celebraban espectáculos de cante, baile, zarzuela y teatro, y demás variedades musicales que incorporaban a «señoritas y profesores», tal y como se recoge en uno de los anuncios que se publicaban en la época y al que se refiere el autor e investigador de flamenco Eusebio Rioja en su volumen 'Los cafés cantantes': «Todas las noches, de 8 a 11; y los días festivos además de una y media a tres y media de su tarde, grandes conciertos à sexteto, compuesto de señoritas y profesores». Y cerraba la invitación: «Concurrencia distinguida».

Fachada del Café Suizo, y al lado el café central, que luego ampliaría su local y que hoy sigue abierto.
Fachada del Café Suizo, y al lado el café central, que luego ampliaría su local y que hoy sigue abierto. / SUR

El servicio de cocina constituía otra de las ofertas con más calidad, con almuerzos «sanos, nutritivos y agradables» y comidas que constaban de cuatro platos, «además de la sopa correspondiente».

Pero fue sin duda su agenda de espectáculos la que marcó el éxito del Café la Loba, hasta el punto de que en la misma plaza de la Constitución, el público que ocupaba su terraza bajo amplios toldos y elegantes columnas de hierro con candelabros podía disfrutar también de algunas sesiones de fuegos artificiales y conciertos en vivo. Aquel lujo fue posible porque en la plaza aún no estaba ubicada la Fuente de las Tres Gracias (hoy al principio del Parque) y por la iniciativa compartida del gerente del Café la Loba y el Café de España.

La plaza de la Constitución, ya con la fuente de las Tres Gracias (hoy en el Parque) presidiendo el espacio.
La plaza de la Constitución, ya con la fuente de las Tres Gracias (hoy en el Parque) presidiendo el espacio. / SUR

La decadencia de este establecimiento, que llegó incluso a albergar en la primera planta una fonda con habitaciones, llegaría con el arranque del nuevo siglo, y este mítico lugar cerraría sus puertas para siempre el 1 de abril de 1903. Algunas crónicas vinculan este ocaso con la puesta en marcha en el café de un tablao que le hizo perder parte de su identidad; pero sobre todo con la inauguración, unos años antes, de la calle Larios , que en poco tiempo consiguió convertirse en el relevo de aquella intensa vida social que marcó durante siglos la rutina en la plaza de la Constitución. A pesar de que hoy pueda parecer que entre ambos espacios apenas median unos metros, en aquella época había una diferencia de peso entre tener el negocio en la ya antigua plaza o abrirlo en la espectacular vía urbana impulsada por los Larios . De hecho, los marqueses hicieron todo lo posible para que los comerciantes se trasladaran a la esta nueva zona, donde se instalaron nuevos cafés mucho más modernos y alejados de aquellas primeras cafeterías que dieron brillo al convulso siglo XIX.

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