Los terribles jinetes del Apocalipsis igualadores

Se afirma que las 62 personas más ricas del planeta son propietarias de tanta riqueza personal neta como la mitad más pobre de la población mundial, esto es, más de 3.500 millones de personas

José M. Domínguez Martínez
JOSÉ M. DOMÍNGUEZ MARTÍNEZCatedrático de Hacienda Pública de la Universidad de Málaga

Sin perjuicio de que puedan efectuarse algunas precisiones y matizaciones no triviales, vivimos en un mundo caracterizado por una tendencia generalizada de mayores desigualdades económicas. Se afirma que las 62 personas más ricas del planeta son propietarias de tanta riqueza personal neta como la mitad más pobre de la población mundial, esto es, más de 3.500 millones de personas. ¿Merecería la pena recuperar situaciones de épocas anteriores en las que las diferencias interpersonales no eran tan acusadas? ¿Sería fácil lograrlo? Son estas preguntas bastante trascendentales para cuya respuesta Walter Scheidel ('El gran nivelador. Violencia e historia de la desigualdad desde la Edad de Piedra hasta el siglo XXI', ed. Planeta, 2018) nos proporciona importantes claves sustentadas en la experiencia histórica.

La desigualdad económica no es un fenómeno que nació ayer; sus raíces se remontan a los orígenes de la Humanidad. Ya en el Holoceno, asevera el autor del libro citado, profesor de la Universidad de Standford, la desigualdad creciente y persistente se convirtió en un rasgo definitorio. También, según él, la historia global es imposible a menos que estemos preparados para inferir, por lo que declara que eso es justamente lo que intenta hacer en su obra. Y bien que lo hace a lo largo de sus 620 páginas, que, en buena parte, constituyen un ejercicio de 'arqueología económica'.

En ella se constata que, a lo largo de miles de años, la civilización no se prestó a una equiparación pacífica. Las igualaciones más relevantes han resultado siempre de las sacudidas más brutales, protagonizadas por los «cuatro jinetes del Apocalipsis»: la guerra a gran escala, la revolución, el fracaso del Estado y la pandemia. Los tres primeros tuvieron en común el recurso a una violencia extrema para alterar la distribución de la renta y la riqueza junto con el orden político y social. Las dos guerras mundiales fueron los dos niveladores más potentes de la historia, mientras que la revolución comunista, «que expropiaba, redistribuía y a menudo colectivizaba, erradicó la desigualdad de forma drástica». A su vez, la descomposición de los Estados ha fulminado ocasionalmente la posición de las élites situadas en la cima del poder político o en sus aledaños. Por último, la historia está jalonada de dramáticas fases provocadas por el azote de enfermedades devastadoras, como la peste negra, que disminuyeron drásticamente el porcentaje de personas que vivían en situación de pobreza y también mermaron la riqueza de los estratos más altos.

Estos cuatro métodos, cada uno a su manera, han sido eficaces igualadores, aunque, en algunos casos, atribuyendo nuevos privilegios a minorías selectas. Pero ¿existían otros mecanismos más pacíficos y menos cruentos para reducir la desigualdad?, se pregunta Walter Scheidel.

Si lo que pensamos es en una igualación económica significativa, nos saca pronto de dudas. La respuesta es negativa: «No existe un repertorio de medios de compresión benignos (reforma agraria, democracia, educación, desarrollo económico, crisis macroeconómica) que haya conseguido resultados ni remotamente comparables a los causados por los cuatro jinetes».

El grueso del libro está dedicado a un examen pormenorizado de las manifestaciones de la desigualdad económica a lo largo de las distintas etapas históricas y civilizaciones, desde las más remotas hasta llegar a nuestros días. De vez en cuando, uno tiene que frotarse los ojos para comprobar que no está leyendo una obra de ficción. Si hallar datos de indicadores de desigualdad de años recientes es a veces complicado, en el libro nos topamos con el cálculo del coeficiente de Gini para sociedades de hace miles de años. O bien, hay que tomar aliento para verificar que no se trata de un guion de alguna obra de terror, cuando se relatan pormenorizadamente episodios acontecidos en experiencias bélicas o revolucionarias.

Una de las etapas de mayor igualación económica de la historia alcanzó su máxima cota hacia mediados del siglo XX y se prolongó hasta la década de los 80: «En Europa occidental, la ratio de existencias del capital respecto del PIB anual disminuyó unos dos tercios entre 1910 y 1950 y quizá cerca de la mitad en todo el mundo… Dos de los cuatro caballos de la igualación violenta –la movilización militar de masas y la revolución transformadora– habían sido liberados con consecuencias violentas… Al igual que las guerras mundiales, [los regímenes comunistas] se cobraron directa o indirectamente hasta cien millones de vidas».

Afortunadamente, como recuerda Scheidel, ninguno de los mecanismos igualadores más contundentes está en activo en el presente: «Los cuatro jinetes se han bajado de sus corceles. Y nadie en su sano juicio querría que volvieran a montar». A este respecto, podrían suscitarse algunas dudas acerca de si este avezado historiador conoce tan bien las pretensiones de formaciones políticas que aún pululan por la Europa de hoy como los detalles de la historia económica, que maneja con profusión de datos.

La desigualdad económica plantea un gran desafío a las democracias actuales. Según Scheidel, incluso una combinación de las intervenciones públicas más radicales, basadas en medidas reguladoras, impositivas y de gasto público, como las que han propuesto recientemente algunos destacados economistas de la escena internacional, solo sería capaz de revertir parcialmente los efectos de la renaciente desigualdad. Entre tales medidas cabe mencionar las siguientes: elevación del salario mínimo, renta básica universal, representación de los empleados en los órganos de gobierno de las empresas, regulación de los flujos de capital internacionales, seguros sobre los activos de los grupos con ingresos más bajos, limitación de la transmisión de riqueza entre generaciones, tipo máximo del IRPF entre el 65% y el 80%... Sin embargo, la dotación de renta y de riqueza a repartir, como también la historia enseña, no es un fruto que surge espontáneamente y se mantiene intacto bajo todo tipo de condiciones ambientales.

«Todos aquellos que valoramos una mayor igualdad económica haríamos bien en recordar que, con las más raras excepciones, siempre ha venido acompañada de tristeza. Cuidado con lo que deseas», es el mensaje inquietante que nos deja esta extensa, ilustrativa y aleccionadora obra.

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