EL PABELLÓN SERRANO LIMA

CATALINA URBANEJA ORTIZ

ELpabellón Serrano Lima de Marbella está en constante actualidad debido a la precariedad de sus instalaciones y las múltiples deficiencias que no consiguen paliar las costosas tareas de parcheo. Sus problemas afectan tanto a los deportistas de élite como a los usuarios anónimos, que se quejan del lamentable estado de los baños, cuyas puertas no pueden cerrarse cuando llueve porque se hincha la madera y donde las cerraduras llevan tiempo rotas, sin que hasta el momento nadie se haya preocupado por arreglarlas pese a las denuncias formuladas.

Hace días oí decir a Julio Rodríguez en Onda Cero que si Serrano Lima abriera los ojos se avergonzaría al ver las malas condiciones en que se encuentra el centro que lleva su nombre. Estas palabras me llevaron evocar la figura de Antonio, su obsesión por el perfeccionismo, su entusiasmo por el deporte -producto de una dilatada carrera como profesor de Educación Física-, siempre centrado en inculcar en sus alumnos su amor por estas disciplinas.

Como el paso del tiempo suele borrar de la memoria a los personajes cuyos nombres aparecen en las calles o, como en este caso, en unas instalaciones deportivas, resultará lógico que muchas personas se pregunten ¿quién fue Antonio Serrano Lima?

Los que tuvimos el honor de conocerlo, de compartir con él cientos de proyectos en la asociación Cilniana, de tratar de estar a la altura de su inagotable personalidad, conservamos el más grato de los recuerdos que ahora, con el paso del tiempo, aparecen exentos de dolor, aunque velados por esa pátina de melancolía que dejan tras de sí las figuras insustituibles.

Antonio Serrano nació en Marbella y, después de terminar el bachillerato, marchó a Madrid para estudiar Educación Física. Impartió clases en distintas ciudades andaluzas y se trasladó a Marbella a mediados de los años setenta para dirigir el entonces denominado Albergue África. En esos momentos no era un desconocido, pues traía consigo una dilatada trayectoria como destacado atleta. Promocionó el deporte base mediante el Plan Experimental Físico Deportivo, las Escuelas Deportivas Municipales o los Juegos Escolares, iniciativas novedosas para la población estudiantil.

En el Archivo Histórico de Marbella, López Serrano, su archivero, me muestra un documento fechado en noviembre de 1980, mediante el cual el ayuntamiento solicita al Consejo Superior de Deportes la medalla al mérito deportivo para Serrano, dada la «abnegación, entrega, eficacia y espíritu deportivo de que ha hecho gala a lo largo del desarrollo del Plan Experimental Físico Deportivo, que ha estimulado y elevado a altas cotas de participación deportiva a la población en general». Recomendaciones que no sirvieron de mucho, ya que no se la concedieron, pero a cambio la Corporación municipal tuvo la deferencia de homenajearlo en agradecimiento por la creación de las Escuelas Deportivas, iniciativa que había supuesto un revulsivo en esta ciudad pues consiguió implicar a más de seis mil niños.

Cuando llegó a Cilniana arrastraba tras de sí un bagaje del que no acostumbraba a hacer ostentación, ya que la humildad fue uno de sus rasgos inconfundibles. Destacó por su simpatía y su gran humanidad, características de las que dan fe los miembros del grupo de Fotografía, responsabilidad que había asumido junto con esa vocalía en la junta directiva. Organizó siete concursos de fotografía y diez exposiciones monográficas que obtuvieron gran éxito entre un público sorprendido al encontrarse ante imágenes que ya tenían olvidadas; el mismo aplauso que merecieron los catálogos que, bajo su supervisión, se editaron sobre cada una de ellas. También se encargó de dos exposiciones itinerantes, El Sistema defensivo y Aqua Nostra, que llevó a todos los pueblos de la Mancomunidad de Municipios de la Costa del Sol, ya que fueron cofinanciadas por Cilniana y Acosol. Repartió en los colegios los cómics editados con el fin de implicar a los escolares en el conocimiento de nuestro pasado histórico y la valoración de cuantos elementos patrimoniales constituyen nuestro paisaje cotidiano que, precisamente por su cercanía, son escasamente apreciados. Por estas iniciativas Cilniana le nombró socio de honor, el primero de su trayectoria como asociación.

«No eres figura, sino aliento», escribió su actual presidente, Francisco de Asís López Serrano, en el sencillo homenaje que se le rindió desde las páginas de la revista Cilniana. Y así era Antonio, el aliento que nunca falta, la energía que contagiaba a quienes le rodeaban y la vitalidad de un cuerpo cuyo corazón presentaba todas las deficiencias inimaginables y que, sin embargo, no consiguió frenar su apasionamiento por los proyectos que rondaban en su mente. Antonio es, fue, un alma inquieta siempre en pos de sus grandes aficiones: el Deporte, la Cultura, la Fotografía y, sobre todo, el amor a su familia y a sus amigos. En palabras de López Serrano: «un hombre capaz de transmitir latidos a tantos corazones».

 

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