HATERS

SORA SANS

Necesitamos etiquetas, porque todo lo que no puedes etiquetar es raro y lo raro da miedo y demás reacciones alérgicas. Pero, ¿qué etiquetamos exactamente? Todo. Somos jóvenes o viejos, hípsters, pijos, nerds o frikis. Heteros, homos, bisexuales, transexuales. De ciencias, de letras. De clase media, alta, media-alta, ¿baja? Etiquetamos también con eufemismos porque no es lo mismo decir 'de clase baja' que 'pobre', ni es igual llamar a un chico 'homosexual' que gritarle 'maricón' y empujarlo. Solo que a veces, el miedo es tal que olvidamos utilizar el eufemismo.

Esto es real y pasó hace unos días en una Batalla de Gallos de Hip Hop en Málaga. Uno de los participantes, Jirafe Rey, ajeno a estos circuitos, dado el carácter heteropatriarcal que arrastra esta cultura, resultó ser no solo un gran artista interdisciplinar de Málaga, sino también un experto en romper etiquetas. Y con ese objetivo, en su batalla, además de improvisar bailó Dancehall Queenstyle, un género poco conocido que se puede confundir a simple vista con el twerk (aunque no lo es). Una forma de ir más allá, de revindicar la aceptación social de que los hombres puedan bailar lo que les plazca. De no sufrir la persecución intolerante que se produce en otros países como Jamaica. Allí, bailar Dancehall Queenstyle está únicamente permitido a mujeres, puesto que existe una profunda homofobia ligada a su compleja realidad cultural postcolonial.

En el hip hop está naturalizada la etiqueta de mujer rapera feminista, gracias a figuras como La Mala Rodríguez, o sin irnos de la ciudad, la rapera Eskarnia. Sin embargo, el Hip Hop suele estar vinculado con el modelo heteropatriarcal. Quedó claro con la reciente polémica que protagonizó el trapero español Cecilio G, por besarse con un hombre en un concierto.

Las etiquetas están ahí, el miedo está ahí y la aceptación no es tal mientras sigan existiendo "haters" (del inglés "hate", odio). Los que odian lo diferente son capaces, por ejemplo, de convertir una reivindicación de la libertad en algo tan estúpido como un insulto. "Maricón". Y apartarlo, literalmente, de un empujón. Lo malo es que esto ocurre incluso en Málaga, lo bueno, es que también en Málaga hay artistas a los que los empujones, los empujan a seguir.