Los puestos de comida más variados del Real

Uno de los puestos del recinto de Cortijo de Torres. /M. G. P.
Uno de los puestos del recinto de Cortijo de Torres. / M. G. P.

La feria de noche ofrece todo tipo de alternativas a los feriantes de Málaga

MARINA G. PEDRAZA

El dulce olor de un algodón de azúcar. El chocolate fundido que acompaña a unos buñuelos recién fritos o el inconfundible sabor de una patata asada que sabe a gloria en una noche llena de emociones. Los puestos de comida son el acompañante más fiel de las ferias, que se mezcla entre el flamenco y reggaeton. Estos empresarios viven sus noches vendiendo comida a todo aquel feriante que hace una parada 'en boxes' para recuperar las fuerzas.

La calle donde estacionan todos puestos se alarga hasta que la vista alcanza, donde los olores y luces te llaman para descansar. En el puesto de hamburguesas y perritos se acumula la gente, que sin duda elige una hamburguesa antes que su rival; el perrito caliente. En la variedad está el gusto. Para Pablo, malagueño de ojos marrones, la pide completa, «siempre con todo». Su amiga, algo más tímida, la prefiere «sin tomate». Entre risas confiesa que tiene una relación «amor odio» con este vegetal: «si está cocinada no me importa, pero como esté cruda no la soporto. ¡Pero el tomate frito me encanta, cuanto más mejor!». Ambos, jóvenes y dispuestos a todo, se quedan sentados en una acera comiendo, sin bandejas ni mesas, haciéndose un rincón en el primer lugar cómodo que puedan encontrar.

Los puestos de comida oscilan entre lo salado y lo dulce, siempre listos para cualquier paladar. Estos carritos de comida ofrecen rollos de Kebab -una opción alejada de los platos típicos malagueños pero que siempre funciona-. También hay opción de patatas fritas gratinadas con queso y, cómo no, la clásica patata asada que a pesar de poder elegirla con tomate frita, «el alioli es el rey», dice un vendedor el vendedor de comida que sirve una estilo «clásica». En lo salado los buñuelos, crepes, gofres y manzanas asadas son estampa clásica de toda feria que se precie. Una jóven de prendas negras y mirada distante busca sitio para sentarse con un crepe de chocolate. «Se vende más los buñuelos sabor nutella», especifica una mujer que ordena las bebidas en su puesto. Entre tantos sabores las luces que iluminan el real ofrecen, además, frutos secos garrapiñados, turrón y golosinas de todos los tipos y colores. Pese a todo, hay opciones más saludables, como es el caso del coco natural que se presenta siempre hidratado con agua, mazorcas de maíz y algunos frutos secos al natural como almendras.

Para Francisco, que frecuenta más las comidas de las casetas, su experiencia fue algo amarga. Buscando una caseta tradicional en busca de un buen «pescaíto frito», comentaba con su amigo cómo «ración de calamares me costó 16 euros. ¡Y ni siquiera estaba bien frito!». Las casetas del real, siempre abiertas al feriante, ofrecen su música y comida más tradicional, desde ensaladilla rusa, croquetas y pescado. La noche es fresca, los jóvenes rodean las calles. Un cartel clama bien grande «Paella gratis», pero para la una de la mañana ya no queda ni rastro de ese plato.

La comida tradicional y la comida rápida, como la feria, están siempre con los brazos abiertos para los malagueños y visitantes. Sólo queda elegir el qué y el cuándo.