San Silvestre Palma-Palmilla: El último sprint de 2018

Participantes de la carrera disfrazados./Fernando Torres
Participantes de la carrera disfrazados. / Fernando Torres

Más de 700 corredores participan en los diez kilómetros solidarios de San Silvestre, una prueba en la que la meta no es lo más importante

Fernando Torres
FERNANDO TORRESMálaga

Son las diez de la mañana de la última mañana del año. Hay poca gente por las calles de La Palmilla en este lunes: algunas compras de primera hora para la cena de Nochevieja, un paseo con los niños al sol y llegadas al trabajo (no todo son vacaciones). Pero en el lateral del centro comercial Rosaleda se amontonan más de 700 corredores. Hoy se celebra la tradicional carrera solidaria de San Silvestre Palma Palmilla, un evento deportivo con fines solidarios que cumple su octava edición en Málaga. Tras la línea de salida no todos van vestidos con los habituales atuendos running (que los hay). Muchos deciden afrontar el último sprint de 2018 con humor. Trajes de superhéroes, gorros de Papá Noel o los Reyes Magos, tutús y hasta cenacheros; todo vale para entrar con buen pie a la meta (y al Año Nuevo).

El recorrido, de unos diez kilómetros, ha pasado por los barrios del entorno hasta llegar al campo de fútbol 26 de febrero, donde se ubicaba la meta. En la cabeza de la carrera han ido los ya habituales de las pruebas populares de Málaga. Los primeros en cruzar la línea de meta han sido Hanna Lindholm, Janine Lima, Teresa Velasco y Alejandro Cañas, Ángel Mullera y Andrés Carnevalli. Los seis acostumbran a ocupar el podio en las pruebas andaluzas.

Detrás de los ganadores había de todo: un gran grupo de amigos, entre los que había varios remeros del Club Mediterráneo, iban disfrazados de Los Increíbles de Disney. Precisamente por su unidad y la originalidad del atuendo, la organización de la carrera les ha premiado con el primer premio al mejor disfraz. El segundo puesto lo han recibido cuatro malagueños, al grito de «boquerón, boquerón», ataviados hasta el más mínimo detalle como buenos cenacheros (diez kilómetros sin que se caiga el sombrero y con vaqueros deben suponer un gran reto).

Además de los vencedores, en el grueso de la carrera había duendes de Navidad, renos, hadas, bailarinas, cavernícolas (portando a sus respectivos bebés durante algunos tramos y en la llegada a la meta) y un ambiente festivo, de apoyo y compañerismo entre los distintos grupos.

Todos con el último corredor

En el momento de la entrega de premios a los mejores disfraces ha empezado a sonar el claxon de una moto dentro del campo de fútbol. Todo el mundo se ha dado la vuelta para ver como un miembro de la organización escoltaba al último corredor. Era Manuel Reyes, que cruzaba la línea de meta cuando ya parecía que la carrera había terminado. Sin dudarlo, todos los corredores se han apresurado a las vallas para gritarle palabras de ánimo. Una chica ha cruzado el perímetro para ayudarle, aunque Manuel no dejaba de sonreír. Su mujer y su hija, que vive en las Islas Canarias, le esperaban al otro lado. «He llegado el último pero porque había como quince o veinte personas que iba detrás de mí y se han salido de la carrera», comenta entre risas.

 

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