Simón Partal gana el premio Arcipreste de Hita por el poemario 'La fuerza viva'

Simón Partal se ha hecho con la XXXVIII edición del premio. /
Simón Partal se ha hecho con la XXXVIII edición del premio.

El malagueño, que publicará la obra con Pre-Textos, reivindica la vuelta a lo humano con una poesía vitalista y cercana

REGINA SOTORRÍO

Reconoce Alejandro Simón Partal que escribir le «salvó». Estaba lejos de los suyos, en una ciudad gris del norte de Francia donde impartía clases y desde donde seguía, en la distancia, la evolución de la enfermedad de su padre. Circunstancias poco «amables» en las que se colaba la impaciencia del deseo, el anhelo de intentar vivir la vida con plenitud, el ansia de ir hacia la felicidad. De todo aquello nacieron veinte poemas que reunió bajo el título 'La fuerza viva'. Apenas un año después, el poeta malagueño ha regresado a su tierra, respira aliviado con su padre ya recuperado y acaba de sumar a su currículum el Premio de Poesía Arcipreste de Hita por, precisamente, 'La fuerza viva'. «Parece que todo ha vuelto a su lugar», declara el malagueño (Estepona, 1983).

Simón Partal se ha hecho con la XXXVIII edición de un galardón convocado por el Ayuntamiento de Alcalá la Real que en su día recibieron «poetas referenciales» como Miguel Casado y Vicente Gallego. Supondrá la publicación del poemario a través de la ya veterana editorial Pre-Textos (acaba de cumplir los 40 años). Y eso, el ver sus versos en papel, es ya un gran triunfo porque, de otra forma, «es imposible publicar poesía», admite el autor de 'El guiño de la Chatarra' (2010) y 'Los himnos abdominales' (2015).

En lo personal supone cerrar un ciclo, dejar de dar vueltas a unos versos que le trasladan a una población francesa próxima a la ciudad de Calais, que tantos titulares acapara por su polémico campo de refugiados.

Y ellos, los sin patria, también están en 'La fuerza viva', en un texto donde envuelve de lírica la emoción de un ciudadano galo relatando la larga ducha que un refugiado se dio en su casa ('Un hombre acoge en su casa a otro hombre'). Porque Simón Partal escribe pegado al suelo, desde la cotidianidad. «No se puede escribir alejado de la realidad, esos pequeños matices cotidianos acaban por conformarnos», declara. Huye de la poesía «inaccesible», de la que está escrita para «cuatro académicos». Por eso en los versos de 'Un hombre-padre y su agonía', por ejemplo, aparecen Antonio Flores («que murió de amor»), Rocío Dúrcal y hasta Apple, una manera de «quitarle intensidad» al temor de la muerte recurriendo a estímulos que le rodeaban entonces.

El «uso» de la lírica

Simón Partal confía en «el uso» de la lírica. Está convencido de que la poesía «hace que la sociedad vuelva a lo humano» y se distancie de lo mercantil, de la rentabilidad, de las prisas. «Necesitamos que en nuestra cotidianidad vuelva la poesía, el eros, el lenguaje», reflexiona. Con un objetivo: «Hacer mejor la vida del que lee, que se emocione». Para quien escribe es además, un «mecanismo sanador» y una forma de «lidiar con nuestras contradicciones».

En 'La fuerza viva' hay deseo, sexualidad, amor... Es un libro «vitalista y luminoso»: «Estamos vivos y nos pasan cosas, la poesía tiene que ser una celebración de lo existente». Una visión de la lírica que ejemplifica, precisamente, Juan Antonio González Iglesias (Salamanca, 1964), poeta que centra la investigación de Simón Partal que acaba de publicar Visor: 'A cuerpo gentil: Belleza y deporte en la poesía de Juan Antonio González Iglesias'. «El cuerpo en el siglo XX fue el centro de los conflictos, pero en su poesía deja de ser el sitio del horror para ser la diana de todos los placeres», detalla. Reivindica aquí a un poeta vivo, pero también a las humanidades como ciencia y a la poesía como «una forma del bien». Porque un poeta nunca se queda en la superficie.