Marea imparable por la igualdad

Un momento de la manifestación en su recorrido por una abarrotada calle Larios. / Foto: Fernando González | Vídeo: Pedro J. Quero

Unas 50.000 personas se manifiestan en un histórico 8M en Málaga

ANA PÉREZ-BRYAN y IVÁN GELIBTER

Málaga se sumó ayer de forma masiva a la marea imparable por la igualdad y consiguió que este 8M deje una foto histórica para la memoria colectiva. Las imágenes de la mañana, con concentraciones multitudinarias en algunos puntos clave de la capital –caso de la plaza de la Constitución y toda la calle Larios–, unidas a la sensación unánime de que ayer la movilización iba a ser mucho mayor, terminaron por desbordar las previsiones más optimistas y tapizaron de un manto violeta todas y cada una de las calles por las que discurrió la manifestación de por la tarde. Porque si una imagen vale más que mil palabras, baste la de una marcha compacta y bastante ordenada que casi se toca en sus extremos: es decir, cuando la cabecera de la manifestación enfilaba la recta final para entrar de nuevo al punto de partida de la plaza de la Marina, de allí acababan de salir los últimos manifestantes para emprender la marcha hacia la calle Larios. En esta fotografía circular, todos los puntos por los que discurrió la manifestación en favor de la igualdad –plaza de la Marina, Larios, plaza de la Constitución, calle Granada, plaza de la Merced, Alcazabilla, calle Císter y plaza del obispo– se llenaron de consignas que gritaron a pleno pulmón las más de 50.000 personas que regresaron a casa con la sensación de haber participado de un acontecimiento inédito en las protestas recientes de la ciudad y absolutamente excepcional si se habla de un 8M.

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En efecto, el cálculo superó esta cifra y se sostiene además no en sensaciones, sino en herramientas objetivas: en concreto, en una que ofrece la página web del Ayuntamiento (Geoportal) que mide la superficie de las calles y a partir de la cual es posible obtener el cálculo de cuántas personas discurren por ellas en modo manifestación. La superficie total por la que discurrió la protesta fue de unos 30.000 metros cuadrados aproximadamente, y si en cada metro cuadrado, durante una manifestación, marchan entre una y dos personas, la cifra alcanza las 50.000.

En este escenario, la marea violeta se movió entre lo festivo (mucho) y lo reivindicativo (aún más), y con unas organizadoras «desbordadas» en sentido literal pero que consiguieron poner orden y que esa imagen circular casi perfecta no terminara por romperse. En la cabecera, las impulsoras de la movilización: la Coordinadora 8 de Marzo Málaga, un colectivo que agrupa a los movimientos y asociaciones feministas locales y que llevaba «meses», según admitían ayer, preparándolo todo para que el clamor se escuchara más que otros años. «Emocionadas» por la respuesta de los malagueños, que se sumaron en bloque para dibujar una foto mucho más heterogénea que otros años, partían a las siete de la tarde en punto desde la plaza de la Marina, que ya desde una hora antes había comenzado a recibir a manifestantes de todas las edades, clase social, ámbito laboral y, sobre todo, de ambos sexos: las mujeres fueron mayoría en las primeras filas, pero en los tramos intermedios de la multitud se pudo ver a muchos de esos ‘cómplices’ con la causa a los que las feministas llevaban días invitando a manifestarse.

Y quizás por eso, y para mostrar la imagen de un colectivo social que se ha ido fortaleciendo en los últimos meses al abrigo de un nuevo activismo global, las organizadoras de la marcha habían avisado con insistencia en que ayer el protagonismo era de ellas. O lo que es lo mismo, que la foto tradicional de los políticos aferrados a sus pancartas y a sus consignas tendría que retroceder hacia los espacios posteriores de la manifestación. Y así fue con todas sus consecuencias. El encontronazo con el alcalde, Francisco de la Torre, que quiso cruzar el cordón de seguridad en el arranque de la manifestación, no fue más que el reflejo de esa manera de entender el 8M.

Porque políticos sí que los hubo, pero entre la multitud: la marcha contó con una amplia representación de concejales, diputados y delegados socialistas capitaneados por el consejero de Empleo de la Junta de Andalucía, Javier Carnero; con el secretario general del Partido Comunista de Andalucía, Ernesto Alba y la diputada nacional de IU Eva García Sampere acompañados de otros cargos locales de la formación; con las ediles de Málaga Ahora y su portavoz Ysabel Torralbo como rostro más visible de la formación, e incluso con una representación de Ciudadanos que asumieron el concejal Alejandro Carballo y la diputada Teresa Pardo. Y los del PP, entre ellas las concejalas que habían sido testigos del choque con el alcalde (Teresa Porras y María del Mar Martín Rojo), permanente aludidos en los coros de la cabecera: «¿Dónde están? ¡No se ven las mujeres del PP!».

«Se para el mundo»

Sea como fuere, las manifestantes asumieron su rol protagonista y se dejaron la voz en cientos de consignas que se sumaron en un único clamor justo a la entrada de calle Larios: «¡Si nosotras paramos, se para el mundo!», coreaban con insistencia para dejar claro que el lema común a todas las movilizaciones de este año tiene mucho de visual: de hecho, la huelga y los paros parciales convocados ayer quisieron dejar en evidencia que sin esa imprescindible aportación femenina el mundo, en efecto, se para.

Tampoco faltaron los lemas tradicionales de estas manifestaciones en favor de los derechos de la mujer: «Nos quitaron tanto que nos quitaron también el miedo». «Si nos matan a una nos matan a todas». «Somos las voces de las asesinadas». «De camino a casa quiero ser libre, no valiente». «Desnuda o con ropa, mi cuerpo no se toca». Por no faltar, no faltó ni el guiño humorístico a modo de recado: «Manolo, esta noche te haces la cena solo».

Así avanzó la cabecera por la arteria principal de la ciudad, con aplausos y ‘vivas’ al paso por el local de Bershka, convertido ya casi en un símbolo feminista porque durante la concentración de la mañana decidieron cerrar sus puertas en señal de apoyo a la causa –«ahí compraré más», decía una de las activistas aferrada a su pancarta. Ese gesto simbólico se repitió por la tarde y no sólo en la franquicia de moda, sino en otros comercios de la calle Larios que a medida que iba pasando la manifestación iban bajando las persianas. Con las adhesiones ya conseguidas a nivel de calle, las miradas se dirigieron entonces hacia los balcones, desde donde decenas de curiosos tomaban vídeos y fotos de aquella estampa inédita: «¡No nos mires, ¡únete!», invitaban las mujeres en un mantra que se repitió por la zona de los bares de calle Granada y Alcazabilla.

Pero antes, en la plaza de la Constitución, llegó el delirio con la marcha saltando casi a una al grito de «¡Este mundo no nos gusta y lo vamos a cambiar!». Y la tribuna principal, ya montada para la Semana Santa, como otro símbolo que horas antes había sido literalmente tomado –aunque con cierto peligro– por las manifestantes: «¡Menos cofradías y más guarderías!», «¡Menos religión y más educación!», gritaron a una las manifestantes provocando algún gesto de disgusto –esta vez sí– entre los que trataban de pasar por la zona y se toparon con la consigna. Pero de eso hubo más en el entorno de la Catedral: «¿Quemamos ya la conferencia episcopal? ¡Vamos a quemarla por machista y patriarcal!», «¡La Virgen María también abortaría!», coreaban al paso por el Patio de los Naranjos sumando algunas reacciones idénticas a las de la tribuna.

La cabecera y la cola, juntas

Para entonces, y con la manifestación ya bien avanzada, llegaba la noticia de que quedaban grupos que aún no habían podido salir de la plaza de La Marina y que se corría el riesgo de que la cabecera de la marcha y la cola se toparan en el mismo punto. Y es que el riesgo de lluvia había llevado a la Coordinadora 8M Málaga a diseñar un recorrido «más corto» de lo habitual; sin embargo los permisos ya estaban concedidos y a pesar de que quizás hubo ganas de recrearse en la fiesta había que ajustarse a la norma.

Pero no hubo que tirar de ‘plan B’. Como si de un puzzle perfecto se tratara, las piezas terminaron de encajar cuando los últimos en salir de La Marina dejaban el espacio a los que llegaban, aunque también hubo rezagados que, cansados de esperar y después de hora y media, prefirieron quedarse allí a esperar la lectura del manifiesto. La música ponía la nota festiva justo cuando las manifestantes tomaban la tribuna para decir ‘Basta’. Lo hacían en este caso por boca de Lola Fernández, que asumió la portavocía de la coordinadora para dejar un mensaje claro en medio de tanta euforia: «Basta de discriminaciones, humillaciones, marginaciones, exclusiones y violencias machistas (...). Basta de justicia patriarcal que no nos considera sujetas de pleno derecho (...)». Referencias también a la necesidad de acabar «con la discriminación salarial por el hecho de ser mujeres, de menosprecio y acoso en el ámbito laboral», o de que «ser mujer sea la principal causa de pobreza». Entre las exigencias, una básica: «Exigimos que el Pacto de Estado contra las violencias machistas se dote de recursos». Y entre los ‘avisos’, el que se adivina incluso sin necesidad de consignas: «Esto no acaba hoy. Seguiremos hasta conseguir el mundo que queremos». Ayer empezaron. Y lo hicieron a lo grande.

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