«Picasso pinta raro, pero chulo»

Uno de los grupos de niños que protagonizaron la visita más reciente del programa de accesibilidad del Museo Picasso.
Uno de los grupos de niños que protagonizaron la visita más reciente del programa de accesibilidad del Museo Picasso. / Álvaro Cabrera
  • Un centenar de niños de Los Asperones participa en los talleres del museo del artista

  • El programa de accesibilidad de la pinacoteca malagueña completa la visita a las salas con actividades a cargo de los escolares

Vamos a suponer que Ana se llama Ana, que Jorge se llama Jorge, que Alicia se llama Alicia. Es lo único que vamos a suponer. El resto está aquí, delante de los ojos. El pelo negro y revuelto de Ana, sus cinco años indomables; la sudadera de Spiderman de Jorge debajo de su flequillo tres veces más largo y más rubio que el resto de su cabellera; las gafas de pasta negra de Alicia, su chaquetón rosa, sus pantalones turquesa, sus ganas de quedarse delante 'Mujer con cuello verde' (1938).

Alicia ocupa la última fila imaginaria de niños sentados en el suelo alrededor de este cuadro de Pablo Ruiz Picasso. Entre los que se han colocado más cerca del lienzo está José (vamos a seguir suponiendo que se llama José). Ocho años, sudadera a rayas horizontales blancas y negras y un tupé como esculpido en mármol. «Picasso dibuja como en 3D, con la nariz para un lado y los ojos, para otro. Picasso pinta raro, pero chulo», sentencia José, voz cantante en este grupo de alumnos del Colegio María de la O que llegan desde Los Asperones hasta el Museo Picasso Málaga (MPM) para participar esta mañana en un taller didáctico sobre las obras incluidas en el montaje '38 Picassos'. Piezas que en su mayoría abandonarán el museo cuando finalice la muestra a finales de marzo con el cambio anunciado por el MPM en su colección.

«Estas actividades son fundamentales para hacer que los niños se sientan ciudadanos. Necesitan ver otras realidades, sentirse como el resto de los niños de cualquier otra zona de la ciudad», defiende Pachi Velasco, profesor desde hace más de 15 años en este colegio de Los Asperones. El profesor medita un instante y pone un ejemplo de la vida en esta zona pasto de la exclusión desde hace tres décadas: «Hace poco organizamos una excursión para ir a la playa. Era la primera vez algunos niños veían el mar». La orilla estaba a menos de 10 kilómetros de Los Asperones.

Fronteras físicas, pero sobre todo mentales que se diluyen en el taller que esta mañana realizan en el Museo Picasso Málaga un centenar de escolares del Colegio María de la O. «Picasso pinta como yo: así, a su bola», sentencia Lourdes (sigamos suponiendo que se llama Lourdes) delante de 'Cabeza' (1971). Lourdes señala el cuadro con el dedo, ladea un poco la cabeza y abrocha mientras se parte de la risa: «Es que es muy divertido».

Aunque, para divertido, el cuadro que a casi todos les ha gustado más. «¡El del culo!», gritan tres niñas en la zona de talleres. Se refieren al 'Acróbata' pintado por Picasso el 19 de enero de 1930. La silueta, y sobre todo el culo, de la protagonista del cuadro que se ha quedado en la retina de muchos niños de este grupo. Tienen entre 4 y 6 años y ahora realizan figuras de cartulina y celofán en distintos colores, inspiradas en lo que han visto en las salas.

«Picasso está muy bien, pero me gusta más el mudo», admite Laura (seguimos suponiendo). El interlocutor se queda descolocado y Pachi Velasco sale en su ayuda: «Habla de Charlot. En el colegio tenemos un programa que se llama '7 arts' como la marca de refresco, pero con artes, sobre cine, arquitectura, música... Hace poco estuvimos viendo películas de Chaplin y les encantaron». «¡Y a mí me gusta más Gaudí!», grita desde la mesa de al lado José (ya saben), un pequeño con un chándal negro de letras doradas que se afana con el pegamento en barra y las tiras de cartulina.

«La idea consiste en ver arte y hacer arte. Por eso, primero pasamos a las salas, se comentan las obras con ellos y después pasamos a los talleres, donde se desarrollan distintas técnicas relacionadas con la experiencia en las salas, teniendo siempre en cuenta que cada visita se adapta a las necesidades de cada grupo», explica José María Pacheco, del Departamento de Educación del MPM.

Otra forma de mirar

«Es muy importante el debate para trabajar la escucha activa y la manera de reformular nuestras propias opiniones, por eso empezamos la actividad por la visita en sala, para fomentar esa manera pausada y participativa de observar la obra», acota María José Valverde, también del Departamento de Educación del museo. Valverde indice en que el programa de accesibilidad en el que se integra la visita de esta mañana se desarrolla gracias a la colaboración de la Obra Social La Caixa.

«Somos ambiciosos, pero también realistas. Queremos que la visita y la actividad en el taller sean interesantes, pero al final se trata de una actividad puntual y nos quedamos con la necesidad de que esto se complete. Así que cuando uno de estos niños te dice que quiere volver al museo con su padre... Ese momento es la mayor satisfacción que podemos tener. Poco a poco ya los estás enganchando para que ese proceso de aprendizaje y disfrute continúe», comparte Valverde.

«¿Vais a volver con vuestros padres? El domingo por la tarde es gratis», preguntan a José. Y él, entre apurado y zalamero, regatea: «Verá, es que el domingo por la tarde juego al fútbol con mi primo. Pero otro día venimos seguro, ¿vale?».

participantes reunieron el año pasado los programas de mediación del Museo Picasso Málaga. De ellos, 18.222 fueron escolares.

personas con diversidad funcional o incluidas en colectivos con vulnerabilidad social pasaron en 2016 por las actividades promovidas por el museo malagueño para estos grupos.

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