Cuando Blas Infante estudió en Málaga

Dos personajes históricos tan diferentes y de tan alejadas trayectorias como Blas Infante y Pablo Ruiz Picasso tienen en común algunos aspectos, como su origen malagueño, su coincidencia cronológica y su pasión por sus raíces andaluzas

Fachada del colegio San Rafael/SUR
Fachada del colegio San Rafael / SUR
Víctor Heredia
VÍCTOR HEREDIA

Dos personajes históricos tan diferentes y de tan alejadas trayectorias como Blas Infante y Pablo Ruiz Picasso tienen en común algunos aspectos, como su origen malagueño (el primero nacido en Casares y el segundo en Málaga), su coincidencia cronológica (Infante vino al mundo en 1885 y Picasso cuatro años antes) y su pasión por sus raíces andaluzas, expresadas de diferente manera a lo largo de sus vidas, tristemente truncada en el caso de Infante en 1936 y de una fecunda extensión en un Picasso que llegó casi a los 92 años. Lo que es menos conocido es que, además, ambos compartieron su paso por un prestigioso colegio privado de la capital malagueña.

El reconocido como Padre de la Patria Andaluza inició sus estudios de bachillerato examinándose en el Instituto de Cabra de las asignaturas de primer curso en junio de 1897. Los siguientes dos años los cursó como estudiante interno en el afamado Colegio de los Escolapios de Archidona, dato muy conocido aunque curiosamente en la documentación académica aparece matriculado como alumno libre. Sin duda, la breve e intensa etapa archidonesa de la biografía de Blas Infante dejó una profunda huella en su pensamiento, como manifestó en varias ocasiones.

Pero el casareño no completó sus estudios medios en Archidona. Desconocemos los motivos que motivaron el cambio de ciudad y de centro escolar, ya que en el curso 1899-1900 se trasladó a Málaga, ingresando en el Colegio de San Rafael, ubicado en la calle Comedias. Quizás las causas del traslado fueran económicas, y que la familia Infante Pérez de Vargas buscara la manera de reducir los gastos generados por la educación de sus hijos. Es revelador un anuncio del colegio que afirmaba que «el ser casa propia permite hacer una baja no despreciable en los honorarios de internos».

Por sus clases de primaria ya había pasado unos años antes otro ilustre personaje, Pablo Ruiz Picasso. Jaime Sabartés, a partir de los testimonios del propio pintor, afirma que era «un establecimiento privado, montado a la moderna; claro y bien aireado: lo mejor que se encuentra en la ciudad. Además, el director es amigo de la casa». El niño Pablo se levantaba frecuentemente de su pupitre para mirar a los transeúntes por la ventana o para visitar a la esposa del director, siempre preocupado porque se olvidaran de ir a recogerlo, como recuerda Rafael Inglada.

Notas de Blas Infante.
Notas de Blas Infante. / SUR

El Colegio de San Rafael había sido fundado en 1856 por Eduardo Gutiérrez Domínguez. En los años en los que acogió a Blas Infante era su director-propietario Emilio Gutiérrez Ortiz, yerno del fundador. Ocupaba entonces un par de edificios situados en la calle Comedias (por entonces denominada oficialmente Antonio Luis Carrión) que, afortunadamente, aún se conservan. El primero fue reformado en 1877 por el maestro de obras Eduardo Strachan (el autor de los edificios de la calle Larios) y cuenta con un interesante patio con columnas de mármol, y el segundo fue construido en 1895 con un proyecto de Antonio Ruiz que mantenía las mismas características del edificio primitivo. La realización de esta ampliación evidencia la buena marcha del centro escolar.

En el Colegio se impartían los estudios de primera y segunda enseñanza, comercio y preparación para carreras civiles y militares. Los alumnos se clasificaban en internos, mediopensionistas, permanentes y externos. Para ingresar se requerían buenas costumbres y no padecer enfermedad habitual o contagiosa. Los alumnos internos debían aportar cama de hierro o catre, dos colchones (uno de lana), dos almohadas, lavabo, mesa de noche con servicio, neceser de aseo, una silla, provisión suficiente de ropa blanca, traje de casa, un cubierto de plata y un vaso de plata o cristal. Los honorarios para los alumnos internos, con inclusión de la enseñanza, ascendían a 75 pesetas al mes, con un suplemento de 7´50 pesetas si el lavado y repaso de ropa se hacía en el establecimiento. Las asignaturas de adorno (Dibujo, Gimnasia y Esgrima, Solfeo, Canto y Piano) tenían un precio de entre 5 y 15 pesetas al mes por cada una.

Entre los profesores que dieron clase a Infante tenemos a Guillermo Karsten, Francisco Martín Montilla, Ángel Amar, Pablo Madruga y Rodrigo Millán. Y entre sus compañeros de estudios encontramos en los registros a José O'Kean Ceano (hermano de Victoria Kent), Antonio Gómez de la Bárcena, Diego Mamely, Carlos Prolongo, Antonio Reyes y Rafael Flaquer.

Después de realizar los dos últimos cursos del bachillerato, Infante obtuvo el correspondiente título en febrero de 1902. Antes tuvo que superar en la convocatoria de septiembre las asignaturas de Física y Química e Historia Natural, que había suspendido en junio, y repetir el examen de Ciencias, que no había podido superar en el primer intento. Para entonces también estaba matriculado en el Colegio su hermano Ignacio Infante Pérez de Vargas, que llegaría a ser magistrado del Tribunal Supremo.

Patio del colegio de San Rafael.
Patio del colegio de San Rafael. / SUR

Los problemas económicos familiares obligaron a Blas a regresar a Casares, donde trabajó como escribiente del juzgado. Más adelante reanudó los estudios y entre 1904 y 1906 realizó la carrera de Derecho en Granada, con un brillante expediente académico.

La presencia de Blas Infante en Málaga durante un par de años es prácticamente desconocida. ¿Qué huella dejó en él este su primer contacto con una gran ciudad -Málaga tenía entonces unos 130.000 habitantes- después de conocer los problemas del campesinado andaluz en Casares y Archidona?

El Colegio de San Rafael se fusionó algunos años más tarde con el de San Pedro, dando lugar al Colegio de San Pedro y San Rafael, que prolongó su existencia hasta la década de 1970 en su última sede de la Plaza de San Francisco bajo la dirección de Antonio Mandly.