LA 'MALAKA' PENDIENTE

El Gobierno de Juanma Moreno nos regaló una dosis de optimismo. Ahora toca centrarse en otras tareas

CRISTÓBAL VILLALOBOS

Málaga está de moda, ni en Sevilla lo niegan, y ya hasta protagonizamos películas y series en horario de máxima audiencia. El lunes estrenaron 'Malaka' en TVE y en ella pudimos ver la Málaga bella, la no tan bella, y la pendiente, aquella que se dibuja en nuestro periódico tras cada invento de los políticos. Una Málaga que a veces acaba por convertirse en realidad pero que, en la mayoría de los casos, forma parte de una ciudad irreal, literaria, que vive en la imaginación de los malagueños que siguen la actualidad y que recuerdan, en sus paseos, todas nuestras oportunidades perdidas.

La Málaga pendiente se reparte a pachas entre las administraciones, según las competencias de cada cual, aunque muchas veces haya proyectos en los que todas deban ponerse de acuerdo. Son estas iniciativas, precisamente, las que suelen eternizarse más en el tiempo, como es el caso del Guadalmedina, cicatriz que ya pensaban suturar en el siglo XIX, y que en la ficción tiene, por fin, arreglo.

El Gobierno de Juanma Moreno llegó a San Telmo y nos regaló una dosis de optimismo, al acometer sin dilación tareas pendientes de la Junta que ya se veían como características de nuestra idiosincrasia, como si los atascos al PTA o el atraso del metro fuesen algo así como el terral: algo desagradable, pero muy nuestro. Tras estas medidas de urgencia, toca en el nuevo curso centrarse en otras tareas pendientes, que son ya males finiseculares de nuestra ciudad y que, compartiendo color entre la Junta y el Ayuntamiento por primera vez en la historia deberían ser, esta vez, más fáciles de solucionar.

Estos últimos días se ha hablado del Convento de la Trinidad, uno de estos temas, donde la Junta situó el Parque de los Cuentos, el Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico o más recientemente un museo del diseño o algo parecido, literatura fantástica para encubrir que la administración autonómica conserva nuestro patrimonio en ruinas. Leo que uno de los primeros monjes que habitó el convento en el siglo XVI fue un primo de Gonzalo Fernández de Córdoba, el 'Gran Capitán', por lo que no descartamos que los vaivenes sufridos por las partidas presupuestarias a lo largo de las décadas, que quedaron en nada, sean un homenaje a esta figura histórica.

La 'puesta en valor', que dirían los cursis, del convento, cuyo estado sería delictivo en otros países, viene ligada, por mano del Alcalde, al Museo de Málaga, cuya sección de arqueología quiere el munícipe instalar en la Trinidad. Esto nos lleva a recordar que, tras la enorme inversión del Ministerio de Cultura, titular del museo, la Junta, que lo gestiona, no ha sido capaz de darle un impulso acorde con su contenido y su continente. El museo está infrautilizado y la Consejera de Cultura prometió este verano dotarlo de los recursos necesarios para que alcance la dignidad que se merece. Dos asignaturas pendientes, entre tantas, de una Málaga que naufraga y emerge entre la realidad y la fantasía.