Aquiles, su madre y la democracia española

JOSÉ ANDRÉS TORRES MORA

Cuentan que Tetis, la madre de Aquiles, le pronosticó que si iba a Troya a ayudar a los aqueos, estos ganarían, y él alcanzaría una fama inmortal, eso sí, tras morir en esa guerra, lo que no es precisamente una anécdota. Por el contrario, si no acudía a la llamada de sus aliados, tendría una vida larga y feliz, pero sus amigos perderían la guerra. Ciertamente todos conocemos a personas que resolverían ese dilema, y cualquier otro, pegando un puñetazo en la mesa, pero, a poco que nos paremos a pensar, ese dilema apunta a una parte esencial de la naturaleza humana.

Siglo arriba o abajo, tres mil años después de la conversación de la diosa griega con el héroe de los pies alados, cayó en mis manos un espléndido libro de divulgación científica, titulado 'La conquista social de la Tierra', del entomólogo y biólogo norteamericano Edward O. Wilson. En una de sus páginas el autor dice: «Por lo tanto, era inevitable que el código genético que prescribe el comportamiento social de los humanos modernos sea una quimera. Una parte prescribe rasgos que favorecen el éxito de los individuos dentro del grupo. La otra parte prescribe los rasgos que favorecen el éxito del grupo en la competencia con otros grupos».

Mucho antes de que tuviéramos noticia de la biología de los genes y los alelos, los griegos habían descrito la extraña naturaleza de los humanos. Ahora, gracias a la ciencia, sabemos que los humanos somos, fruto de un doble sistema de selección natural, una quimera biológica, de esas que describe la mitología, mitad corderos, mitad leones, o mitad águilas y mitad serpientes. Un ser paradójico que, con cierta frecuencia, se termina desgarrando y rompiendo, en la tensión entre nuestra supervivencia individual y nuestra supervivencia colectiva.

Las circunstancias han llevado a la democracia española a una situación en la que los partidos empiezan a vivir una fuerte tensión entre las posibilidades de gobernar y las de sobrevivir. Tanto en el eje del nacionalismo como en el eje izquierda-derecha, la aparición de partidos competidores en el mismo bando termina teniendo consecuencias negativas para los intereses generales.

En ambos ejes, las fuerzas sociales y políticas llevan empatadas mucho tiempo. En esas condiciones, lo sensato es buscar acuerdos para ir tirando, para convivir, antes que una victoria que siempre será por la mínima, y que nunca legitimará el cambio brutal del status quo al que aspiran los radicales de cada extremo.

Siempre que no haya otra opción en tu bando, puedes pactar con el otro bando y dejar que griten tus radicales hasta hartarse. El problema es cuando tus radicales tienen otro partido al que votar en tu mismo espacio político. A partir de ahí tienes que elegir entre gobernar tu sociedad o encabezar tu bando. Y esa siempre es una elección trágica entre la convivencia y la supervivencia. También puedes mentir, al fin y al cabo, mucha gente perdona antes el deshonor que la derrota, y también son muchos los que terminan deshonrados y derrotados.

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