El PSOE contempla ya el voto secesionista y no descarta tener ministros de Podemos

Los socialistas arguyen que el portazo de Rivera y Casado les obliga a explorar todos los posibles respaldos para la reelección de Sánchez

PAULA DE LAS HERASMADRID.

En apenas 24 horas, el PSOE imprimió ayer un cambio radical a su discurso. El secretario de Organización, José Luis Ábalos, admitió que no hay que descartar que el «Gobierno de cooperación», que Pedro Sánchez y Pablo Iglesias prometieron negociar el martes, durante su encuentro en el Congreso, implique dar cabida a ministros de Unidas Podemos. Y no solo eso. Además, abrió la puerta a que el líder de su partido sea investido el próximo julio gracias a los votos de formaciones secesionistas, algo que hasta ahora rechazaba.

El número tres de los socialistas dio a entender, tras reunirse con los portavoces del PNV, Compromís y UPN en la Cámara baja, que la responsabilidad de que finalmente esa sea la vía escogida para la reelección de Sánchez pasa por el PP y Ciudadanos y su 'no' a la investidura. «No descarto nada porque después de la primera ronda -dijo en alusión a los encuentros del propio presidente en funciones con Iglesias, Albert Rivera y Pablo Casado- han quedado claro quiénes tienen voluntad de colaborar y quiénes han dicho que no van a colaborar. Y uno tiene que contar con quienes quieren colaborar».

Ese era -desde que el jueves Sánchez anunció que, antes de nada, se reuniría a los líderes de las tres principales fuerzas nacionales -el guión previsto. Los socialistas pedirían la abstención a PP y Cs, estos se la negaría, y el PSOE les corresponsabilizaría así de una eventual investidura sustentada en la abstención de Podemos. Sólo que Ábalos se precipitó demasiado pasando pantallas y unas horas depués volvió a comparecer para matizar sus palabras.

Ábalos afirma que «los 350 diputados nos merecen la misma consideración y cuentan lo mismo»

En realidad, el número tres del PSOE no se desdijo pero sí argumentó, por un lado, que la entrada de Podemos en el Gobierno es una decisión que compete al presidente del Gobierno, y no a él. También argumentó que su partido sigue apelando a la «responsabilidad» de las dos grandes formaciones de la derecha. Y añadió que si no descarta una eventual abstención de los indepedentistas es porque no puede descartar algo que depende de otros.

El planteamiento, en cualquier caso, sigue siendo contrario al que él mismo puso sobre la mesa el lunes, cuando advirtió a PP y Cs de que la alternativa a su abstención era una repetición de elecciones y a lo diho por vicesecretaria general del PSOE, Adriana Lastra, el martes: «Lo que descartamos es que la gobernabilidad dependa de los partidos independentistas». Frente a eso, el ministro de Fomento en funciones llegó a esgrimir ayer que su intención es sacar la investidura con mayoría absoluta en primera votación o simple en la segunda, es decir, más 'síes' que 'noes' y que para lograrlos, tirará de lo que pueda. «Los 350 diputados nos merecen la misma consideración y cuentan lo mismo», afirmó incluso.

Plan abortado

El plan inicial de los socialistas era armar una mayoría con Unidas Podemos (con los que llegaría a 165 diputados), el PNV (seis más),Coalición Canaria (2), Compromís (1) y el Partido Regionalista de Cantabria (1). De esa manera sumaría 175 diputados. Teniendo en cuenta, además, que hay cuatro independentistas suspendidos no necesitaría nada más para superar la investidura en segunda votación. Pero lo que sobre el papel parecía sencillo, en la práctica se fue complicando porque los nacionalistas insulares son alérgicos a Podemos; no le basta con que no haya acuerdo de coalición, hasta vetan que el PSOE suscriba con ellos un pacto programático.

Vista esa actitud, ratificada ayer por Ana Oramas, el PSOE volvió la vista hacia UPN, que también cuenta con dos diputados en el Congreso. Los foralistas, que se presentaron a los comicios junto al PP y Cs en la coalición Navarra Suma, estaban dispuestos la semana pasada a facilitar a Sánchez las cosas para que no dependiera del secesionismo siempre y cuando se hiciera lo propio en su tierra, es decir, se les permitiera gobernar la comunidad y se pusiera freno a las negociaciones de la socialista María Chivite para situarse en la presidencia con la necesaria abstención de Bildu.

El PP llegó a dar su visto bueno a esa operación. Ayer mismo, el líder de los populares, Pablo Casado, reiteró sus bendiciones. Pero los socialistas han lanzado mensajes confusos sobre esta cuestión en los últimos días. La semana pasada dieron a entender por distintas vías (la más directa unas declaraciones de la vicepresidenta Carmen Calvo) que Chivite no contaba con su aval. La número dos del Gobierno llegó a dejar caer que se frenaría en los órganos federales el intento de formar un Gobierno que sería dependiente toda la legislatura de la izquierda abertzale. El lunes, sin embargo, Ábalos plegó velas y, de nuevo, dio vía libre a la socialista navarra.